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viernes, 14 de noviembre de 2008

LOS HIJOS INESPERADOS

Ningún hombre famoso parece exento de convertirse en padre sin desearlo. Algunos lo asumen, otros son obligados por la Justicia. ¿Culpables o víctimas?

Independientes y autónomas, hoy en día muchas mujeres adultas ya no necesitan esperar al compañero ideal para tener un hijo. Treinta años después de la aparición de la píldora –y la legalización del aborto en el Primer Mundo–, ya no se considera vergonzoso ser madre soltera. Por eso, cada vez son más los hombres que de un día para el otro descubren que son padres, incluso varios años después del nacimiento de los chicos. Las historias de los conductores de radio y TV Monchi Balestra y Alejandro Fantino, cuya paternidad extramatrimonial acaba de salir a la luz en los medios, muestran una creciente debilidad del llamado sexo fuerte. Mientras que un embarazo ya no representa una condena irrevocable para una mujer –aquella con recursos económicos, por supuesto–, la ley obliga al hombre a aceptar su paternidad, aún cuando no la haya buscado. Padres como el ex presidente Carlos Menem o el ex intendente de Córdoba Luis Juez, que durante años desconocieron sus obligaciones hacia sus hijos, nacidos fuera de sus matrimonios, tuvieron finalmente que aceptarlas.
La balanza parece haberse inclinado a favor de las mujeres. Mientras hasta no hace mucho tiempo muchas jóvenes “seducidas y abandonadas” debían criar solas a un hijo que no habían buscado, ahora parecerían ser los hombres los que ocupan el podio de las víctimas. Víctimas de aquellas que, aprovechando su fama, poder o dinero, los obligan a transformarse en padres. Un simple preservativo les habría ahorrado esta situación, indicaría el sentido común. Pero las cosas no son tan fáciles. Los deseos cambian, el amor y las parejas también. El problema es que los hijos no reconocidos quedan atrapados en un tironeo legal que puede durar décadas.
Derecho a la identidad. “Cuando una de las partes es una persona pública, a veces se olvida que la identidad del chico debe ser preservada”, indica Graciela Palma, vicepresidenta de la asociación Quiénes somos, dedicada a defender y determinar la identidad biológica de víctimas del tráfico de menores. En el caso del hijo de 17 años de Alejandro Fantino, gracias a la exposición que tuvo la historia, ahora se conoce no sólo el nombre del chico, sino también su cara. Desde hace diez años, Fantino, que reconoció a su hijo, le pasa una cuota alimentaria –3.000 pesos– que según su madre Sandra Algarbe no se condice con el 20% del patrimonio total paterno fijado por la ley. Según Algarbe, el proceso de reconocimiento de su hijo fue difícil. “Cuando nació, en 1991, me mudé al campo y como no tenía TV por cable, durante mucho tiempo no supe que el padre de mi hijo era famoso. Pero al no tener noticias de él, en varias oportunidades hablé con sus padres, a los que les dije que tenían un nieto”, asegura a NOTICIAS, aunque para muchos esta parte de la historia resulta poco convincente. Fue recién a principios del 2000, en un viaje a Buenos Aires, cuando Algarbe descubrió que su ex pareja era un conocido periodista deportivo. “Me acuerdo de que estaba en un local de electrodomésticos lleno de televisores con la imagen de Alejandro conduciendo un programa”, recuerda. Más allá del morbo televisivo, para Palma, así como todo hijo tiene derecho a saber quién es su padre, “todo hombre tiene derecho a saber que es padre”.
A pesar de que hace un tiempo Monchi Balestra reconoció legalmente a su primer hijo y se hizo responsable de sus obligaciones económicas, su caso se hizo público recientemente, casi al mismo tiempo que el de Fantino. A raíz de las declaraciones públicas de su ex pareja, María Fernanda Iglesias, trascendió el nombre del hijo de Balestra, Augusto, de 15 años. “Es un tema privado y doloroso. Lo que podría haber sido un reconocimiento de paternidad pacífico e incluso alegre, se convirtió en un asunto mediático, donde hubo amenazas y extorsiones”, indica a NOTICIAS la actual esposa del ex conductor de Latin American Idol, Julieta Camaño, quien al igual que su marido se enteró de la existencia de Augusto cuando estaba embarazada de su primer hijo, ahora de tres años. “Ante todo hay que defender el derecho a la intimidad de los niños, por lo menos hasta que sean mayores de edad. Acá está en juego la privacidad de Augusto, de su hermana y la de mi propio hijo”, afirma.
Menemato. A veces, la mediatización del caso es la única carta que le queda a la madre que lucha por la identidad de su hijo. Caso trágico si los hay es el de Carlos Nair Meza Menem, hijo del ex presidente de la Nación y la diputada formoseña Marta Meza. La pareja se conoció cuando Menem estaba preso en el inhóspito paraje de Las Lomitas. A pesar de su parecido, el ex presidente aseguró en varias oportunidades que Carlos Nair era, en realidad, “hijo de un carpintero del pueblo” de los Meza, que por otro lado lo habían cobijado y empleado cuando Menem salió de la cárcel. A fines de los ’90, amenazada de muerte, Marta Meza se exilió en Paraguay, con su familia. Al volver al país, inició una demanda por filiación. No pudo conocer la sentencia del tribunal: en el 2004, deprimida y cansada de esperar que Menem le diera el apellido a su hijo, se suicidó con una dosis de herbicida suficiente como para fumigar cuatro hectáreas. Como Menem nunca se presentó a las audiencias, un tribunal en primera instancia confirmaría luego su paternidad. Sucedió años después de que Noticias denunciara el caso, y luego de que la Corte menemista condenara a la revista por informar correctamente. El presidente más acusado de corrupción que haya tenido la Argentina apeló la sentencia, pero en el medio, Carlos Nair entró al reality show Gran Hermano, donde su caso terminó por hacerse público. Poco después, su padre lo reconocía como hijo. Luego de negarlo durante 22 años, posiblemente el cambio de actitud se deba al cálculo egoísta de un hombre solo, anciano y falto de afecto, divorciado de su última mujer, Cecilia Bolocco, y convertido en un cadáver político, insinúa el abogado de Carlos Nair, Williams Caraballo a NOTICIAS. A diferencia de su padre, antes de morir en 1995, su hijo mayor, Carlitos Menem, había decidido someterse a un examen de ADN en un juicio por paternidad. Luego de una batalla legal de 11 años, en el 2005 se determinó que el ex presidente tiene una nieta de 20 años.
Además del de Menem y el gobernador Daniel Scioli, que recién luego de 15 años de negativas, reconoció a su hija Lorena; la política local abunda en casos de paternidad no reconocida. Obligado por la Justicia, en el 2006, el ahora ex intendente cordobés Luis Juez reconoció a una hija que tuvo fuera de su matrimonio. NOTICIAS intentó comunicarse con el político sin resultado. Se niega a hablar del tema.
Entre los jerarcas extranjeros, en muchos casos la paternidad también se asume tardíamente. Un caso paradigmático es el del presidente francés François Mitterrand, cuya paternidad extramatrimonial recién salió a la luz en su propio funeral, cuando su hija Mazarine despidió los restos de su padre. En el 2006, el presidente peruano Alan García tuvo que reconocer públicamente que era padre de un niño de por entonces dos años, concebido fuera de su matrimonio con la argentina Pilar Nores. La realeza tampoco está exenta. En el 2003, el príncipe Alberto II de Mónaco reconoció como suyo a un hijo que tuvo con una azafata.
Reparación. “A pesar de su constante negativa a reconocerlo, Carlos Nair nunca le tuvo rencor a Menem”, indica Caraballo. Como Diego Maradona Junior, legalizado por la Justicia italiana como hijo del actual director técnico de la Selección argentina, muchos son los chicos que a pesar del sistemático rechazo de sus padres biológicos siguen peleando por su apellido. Más allá de que está obligado a pagar una pensión alimentaria al hijo que tuvo en los ’80 con Cristina Sinagra, el “Diez” siempre afirmó que, para él, sus únicas hijas legítimas son las que tuvo con Claudia Villafañe. Pocos recuerdan que tiene, además, otra hija reconocida como suya por la Justicia argentina: la que nació hace 21 años de la relación con una ex empleada de los Maradona, Valeria Sabalaín. Menos conocida aún es la historia del niño de cinco años que el Diez habría tenido con una mujer que murió de cáncer en el 2005 y cuya familia ahora entabla una acción de filiación en la Justicia. ¿Pero hasta qué punto vale la pena luchar por el afecto de un padre que rechaza a su hijo? Que la Justicia deba intervenir por la fuerza, ¿acaso no hace más doloroso un proceso que, en teoría, debería ser reparador para el hijo y su madre? “Es una decisión personal”, indica Palma. Cuando se agotan las instancias amistosas, la madre y el hijo, sobre todo cuando este alcanza la mayoría de edad, sabrán si vale la pena seguir luchando por un reconocimiento que a veces puede resultar incluso dañino. En defensa de los “padres desprevenidos” vale la pena considerar cuán legítimo puede ser exigirles afecto y presencia cuando se les negó la posibilidad de decidir. Los hombres de bien son los que cumplen con sus responsabilidades, sean o no deseadas. Pero las mujeres con ética prefieren ser madres en el marco del “mutuo acuerdo":
Fuente: revista noticias

lunes, 11 de agosto de 2008

Depresión en aumento

Lucas A. tiene 11 años. En el colegio, durante el recreo, empezó a quedarse a un costado del patio, a aislarse de sus compañeros. Las maestras notaron que no tenía ganas de jugar y que había perdido el interés en sus actividades favoritas. Se quejaba todo el tiempo de que estaba aburrido, de que no tenía ganas de nada. Los padres pensaron que estaba cansado y que terminar el colegio le haría bien. Pero Lucas recibió las vacaciones con el mismo desgano; ningún plan le parecía interesante. Comenzó a tener problemas con todo el mundo, a mostrarse irritado, hostil. No daba la impresión de estar necesariamente triste.

Pero estaba deprimido. “Se ve un incremento de las consultas de adolescentes por una serie de síntomas, como trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia), alcoholismo y otras adicciones, problemas de conducta en el colegio o dificultades relacionadas con el aprendizaje. La experiencia nos indica que por debajo de estos trastornos visibles, en muchos casos hay una depresión que está velada, oculta” , explica a Para Ti el Dr. Jorge Blidner, Jefe de la Unidad de Salud Mental del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez que depende del gobierno porteño. Para trazar diferencias entre depresión infantil y adolescente, se considera niños a los chicos de hasta 10 u 11 años y a partir de los 12 o 13 comienza la pubertad psicológica, física y la posterior adolescencia.

El desgano no es la única expresión de una depresión en puerta. “Me duele la panza”, “Me duele la espalda”, “No tengo hambre”. Las frases que cualquier madre escucha habitualmente de sus hijos ya sean chicos o adolescentes no tendrían por qué preocuparla demasiado. Sin embargo, si alguna de estas situaciones comienza a reiterarse por un tiempo considerable, si se “instala” en algún dolor que no tiene causas precisas o un trastorno de conducta, entonces hay que estar atentas: detrás de estos síntomas puede esconderse una depresión. Hay que entenderlo, aceptarlo y remover los prejuicios que hay en torno al tema. Los especialistas recomiendan prestar atención a este tipo de cuadros y no restarles importancia.

Uno de los motivos más frecuentes de consulta, tanto en niños como en adolescentes, son los dolores. Vienen al consultorio y se quejan de dolores crónicos, espasmos intestinales o contracturas musculares, pero estos cuadros no tienen una causa orgánica definida”, indica este especialista en psiquiatría infanto-juvenil que trabaja en el hospital desde hace 31 años.

Según la Dra. Patricia García, psicoanalista y médica psiquiatra del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, es muy difícil que los chicos digan lo que les pasa. “Cuanto más chiquitos son, más síntomas aparecen en el cuerpo o en la conducta. Como no tienen posibilidades de decir ‘Estoy triste’ dicen ‘Me duele la cabeza’, o las piernas o los brazos, por ejemplo. Estos síntomas son equivalentes depresivos. En los casos de trastornos de ansiedad, tienen vómitos o diarrea”, indica.



LA CARGA GENÉTICA. Se estima que entre el 8 y el 10 % de la población infantil padece depresión, aunque los especialistas coinciden en que existe un subregistro en la Argentina. Los cálculos indican que las consultas en los servicios de salud mental infantil han aumentado entre el 30 y el 40 %. Muchas veces el adolescente oculta el problema con alguna adicción al alcohol, marihuana o incluso cocaína, advierten los médicos. En todos los casos, el peligro de no darse cuenta es enorme: según estadísticas mundiales, el suicidio es la tercera causa de muerte en la población infanto-juvenil de los países desarrollados, después de los accidentes y el cáncer.

Sin embargo, hay un dato estadístico alentador que aporta el Dr. Pedro Kestelman, médico principal del Servicio de Salud Mental del Hospital Garrahan y psiquiatra de niños y adolescentes: “Hasta fines de la década del ´90 se registraba un incremento persistente de los intentos de suicidio en el mundo, pero desde finales de esa década hay un descenso en la cantidad de intentos de suicidio debido a una adecuada terapéutica. Para superar el cuadro a veces no sólo es necesaria la terapia, sino también la medicación, de modo que hay que suministrar antidepresivos”.

Si en este aspecto se ha avanzado, la pregunta que surge es por qué han aumentado las consultas por depresión en chicos y adolescentes. Kestelman afirma: “La mayor cantidad de consultas tiene que ver con la transformación de la vida en sociedad, no sólo en la Argentina sino también en el resto del mundo. Los niveles de estrés se han incrementado en la vida diaria y éste puede actuar como un disparador muy fuerte, sobre todo en chicos con predisposición genética a la depresión”.

Según el psiquiatra, los últimos estudios realizados en Estados Unidos demuestran que hay una fuerte carga genética. Se descubrió que los niños de padres depresivos tienen tres veces más probabilidades de serlo que los que tienen padres sin antecedentes. El componente hereditario es muy determinante en lo que se denomina “estilos de pensamiento negativo”. Explica que también es cierto que a veces, aunque los chicos no tengan una predisposición genética, si en la casa hay un clima depresivo, obviamente esto puede afectarlos y derivar en un cuadro.

Los especialistas coinciden en que hay dos cuestiones clave a las que hay que prestarles atención: el sueño y el apetito. El insomnio o el exceso de descanso, al igual que la pérdida o el exceso de apetito, pueden ser señales de una depresión, sobre todo si están acompañados de falta de interés, apatía e irritabilidad.

¿Pero cómo distinguir entre una crisis de angustia pasajera y un estado depresivo? Y, en el caso de los adolescentes, ¿cómo saber si no se trata de conductas típicas de una edad conflictiva? “El cambio de conducta es muy importante. Una cosa es una crisis temporaria, en la que al chico se lo ve circular, tiene sus amigos y sus gustos. Pero si un chico venía bien y de golpe empieza con un fracaso en todas las áreas –en el colegio, en el deporte, pierde el sueño, deja de tener interés en ver a los amigos, está triste o irritable– entonces sí hay que preocuparse y pensar en hacer una consulta. Lo que vemos es que aun en casos de depresiones muy severas los padres tardan bastante en darse cuenta. Piensan que su hijo es el típico ‘vago’ y el problema queda enmascarado detrás de la rebeldía adolescente”, sostiene.



¿UN MAL DE LA ÉPOCA? A la hora de hablar de las causas de este fenómeno, el Dr. Blidner reflexiona: “Suponemos que es uno de los efectos de una sociedad de consumo híper-estimulante y globalizadora, con medios de comunicación que potencian el exceso de información y la disminución del conocimiento. Además, antes los padres controlaban mucho más lo que venía del medio hacia el niño, modulaban estos estímulos, pero en la actualidad esa función de protección está destruida”.

Con preocupación, Blidner y García observan que la depresión se trasladó de la vida adulta hacia la adolescencia y, de allí, hacia la niñez. Y para explicarlo, utilizan un neologismo: “adultización”. En los adolescentes se refleja también en la aparición de cuadros que antes sólo se observaban en pacientes mayores de 30 años. La melancolía –que ahora se denomina trastorno depresivo mayor– y la manía (cuando la persona está permanentemente excitada, eufórica y desconectada de lo que sucede) son algunos ejemplos.

Y aparecen en chicos de 8, 9 y 10 años cuadros que antes se veían recién a los 14, 15 y 16 años. No se trata solamente de depresión, sino también por ejemplo de las anorexias precoces.

Hace 23 años que hago esta especialidad, y lo que veo últimamente es un aumento de patologías más severas en la infancia. A los 9 años ya puede aparecer la idea suicida, aunque es más común que surja en la pubertad”, agrega García.

Aunque cuesta imaginarlo, esto no aparece de un día para el otro, explica la psicoanalista. Primero surgen ideas de muerte expresadas en frases del estilo de “preferiría estar muerto” o “para qué vivir si la vida no tiene sentido”. Y luego viene la etapa del plan, es decir, cómo va a concretarlo. “Si hay plan es probable que haya que internar al paciente, porque el riesgo muy alto”, enfatiza.

Los más chiquitos, en cambio, no llegan a elaborar estas ideas. Pero hay un dato llamativo: muchas veces tienen accidentes repetidos. Un día se caen por la ventana, otro día se queman con algo, cruzan la calle sin mirar o cometen distracciones graves que los ponen en riesgo. Cuando esto se reitera, no se puede pensar que se trata de travesuras. Otro síntoma es la pérdida de placer en el juego, sobre todo en las edades entre 6 y 10 años. Estos chicos, que no se divierten, pueden estar sufriendo una depresión.

La experiencia clínica indica que cuando aparece una depresión en menores de 6 años casi siempre hay un adulto depresivo en la familia, que puede ser la madre o el padre. Los antecedentes familiares son las causas más importantes. Y esto, aclara García, no tiene que ver con que los padres estén juntos o separados. Muchas veces los padres están juntos pero lo que deprime es la falta de comunicación, o que siempre marcan lo negativo y hay una recriminación permanente.

También la sobreprotección influye y se hace evidente sobre todo en los trastornos de ansiedad y ataques de pánico. “En algunos casos aparece la tristeza profunda, pero son los menos. Por eso, muchas veces, no son los padres sino otras personas que están contacto con los chicos las que se dan cuenta. También vemos casos de chicos violentos con su familia, con sus pares, que se lastiman a sí mismos, se inflingen cortaduras. Se hacen tatuajes pero no para exhibir una imagen específica, sino en forma anárquica, se tajean con un cutter”, cuenta Blidner.

Estos chicos tienen una sensación de minusvalía crónica, dicen “yo no valgo nada” en forma constante y reiterada. También son frecuentes los auto-reproches: “Soy un idiota, todo lo que pasa es por culpa mía”. Para contrarrestar esas sensaciones y demostrar que valen, llegan a conductas de riesgo como tener relaciones sexuales sin cuidarse. “La adolescencia es una etapa turbulenta de por sí, pero en estos casos es indispensable la consulta”, opina Blidner. García acota que también un chico al que le puede ir bien en el colegio pero se encierra, es muy exigente consigo mismo, se “quiebra” a menudo y tiene crisis terribles ante los exámenes, puede necesitar también –siempre que se trate de algo persistente– ayuda profesional.

La crisis de la edad en los adolescentes aporta un combustible adicional de estabilidad, pero no pasa sólo por la edad. Hay chicos predispuestos, por distintas razones, a este tipo de cuadros. Pero lo más importante es tomarlo muy seriamente. Con ayuda, es posible contenerlos, que mejoren y recuperen su vida cotidiana”, agrega Kestelman.


miércoles, 6 de agosto de 2008

Padres en el parto


Hace cien años las mujeres paríamos entre mujeres. Fuera en el campo o en la ciudad, el padre de la criatura jamás entraba a la habitación para alentar a su compañera. Su presencia era impensada y hasta fuera de lugar. Porque su lugar estaba al otro lado de la puerta, aguardando nervioso y temeroso el nacimiento del bebé mientras la madre de su hijo se deshacía por las contracciones. Esta situación casi ya no se repite, salvo en algunos hospitales en los que se restringe la presencia masculina. Allí a los hombres se los trata como si fueran unos intrusos, aunque ellos hayan hecho el 50% del trabajo para que sus mujeres estén dando a luz. No sólo que, en muchos casos, no pueden acompañarlas sino que tampoco se les permite quedarse con ellas en la habitación, durante los días de recuperación después del parto. Por fortuna, esto no sucede en todas las instituciones que cada vez están más receptivos a entender la importancia del varón en la sala de parto. “Jamás pensé que la presencia de Pablo, mi pareja, fuera determinante. Creía que solita iba a poder. Claro, Andrés era mi primer hijo y no tenía idea de nada. Cuando empezaron los dolores, Pablo me tomó de la mano y no me la soltó hasta que Andrés estuvo sobre mi pecho. Pablo fue un soporte muy importante durante el parto, sin él me hubiera sentido muy angustiada”, explica Sonia Martinelli.
Parir mejorComo en cualquier otra circunstancia de la vida, el contexto siempre colabora en que los hechos se vivan de una determinada manera. Y el parto no es la excepción. “Una mujer en trabajo de parto, cuidada, protegida y que se siente segura, atraviesa el parto hormonalmente equilibrada, es decir sus hormonas harán el trabajo correcto y el equilibrio necesario para que todo transcurra según la naturaleza del parto. En cambio, ante una situación de stress (en los que está incluida la separación de tu pareja) se produce una segregación de adrenalina que frena el trabajo de parto y produce que todo empiece a perturbarse en el delicado equilibrio hormonal”, explica Mariana Giménez, miembro de Dando a Luz, asociación sin fines de lucro que trabaja por la promoción y la defensa de los derechos de las mujeres en el parto. Si hay riesgo y si se debe practicar una cesárea (en algunos lugares) no se permite la presencia del papá. Las horas previas al nacimiento son determinantes para la mamá y también para el bebé. Si la mujer está nerviosa o angustiada porque su pareja no puede estar a su lado, inexorablemente se verá reflejado en la forma en la que vaya a parir a su bebé. En esta circunstancia el hombre jamás será un intruso, todo lo contrario, oficiará de contenedor. “Es importante el rol activo del papá en el nacimiento del hijo, porque asumir un rol protagónico no solamente beneficia a la mamá sino también a él mismo, dado que se vuelve más sensible ante el dolor, valora más a su mujer y adquiere mayor sentido de pertenencia a la familia. Al ser cooperador, el vínculo de la pareja se fortalece como así también el apego con el bebé”, asegura la Lic. Ester Maria Pagagnot del Servicio de Psiquiatría del Hospital Alemán.
La tarea de contenerIncluso, el hombre puede ayudar en los ejercicios de relajación, de respiración, en el pujo hasta compartir con su mujer la maravillosa experiencia de ver nacer a su hijo. Claro que también puede ocurrir que el papá no se sienta preparado o no esté convencido de querer estar allí, en la sala de partos. Si es así, es muy importante no forzar ni culpabilizar.“Si el papá no desea estar presente o es una mamá que está sola puede haber otra persona que brinde apoyo emocional, ésta debe ser alguien en quien la mamá sienta mucha confianza. Tener información correcta, hacer el curso de psicoprofilaxis antes del parto da confianza, ayuda a superar los miedos y une a la pareja en el nuevo camino de transformarse en familia”, concluye la Lic. Pagagnot.El momento de la verdad*Por la Dra. Claudia Alonso
“Cuando los padres quieren estar en el parto, casi siempre se les responden que no pueden asegurárselo, que dependerá de si no hay otro parto en simultáneo, ya que la sala de partos suelen ser boxes separados con una pared y no habitaciones individuales. Aducen que para pasar al lado de su mujer tienen que pasar por al lado de otra. Otro motivo que esgrimen es la falta de ropa o que hay un parto complicado, son todas excusas. La ley es clara, así como yo no puedo decir que estaba apurada para justificarme por pasar un semáforo en rojo tampoco existe justificación posible para no cumplir la ley nº 25.929. El artículo 2º establece que “toda mujer, en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el postparto, tiene derecho a estar acompañada por una persona de su confianza y elección durante el trabajo de parto, parto y postparto”. La ley es clara y no hay excusas para no cumplirla y no es solamente que el papá pase cuando está saliendo el bebé, es durante todo el trabajo de parto. Si el hospital no tiene la infraestructura bajo pena de no poder cumplir con la ley tiene que pedir presupuesto económico al estado para refaccionar sus instalaciones. De todas maneras, se soluciona con un biombo de tela la intimidad”.
*Especialista en obstetricia, asesora de Dando a Luz.

martes, 8 de julio de 2008

SE ACERCAN LOS 30

Dilemas que te parten la cabeza:¿Perdono a mis padres?

Todos los hijos, en algún momento de nuestra vida, "morimos" para nuestros padres. Dicho de un modo menos terrible, llega una edad en la que dejamos de ser lo que ellos querían que fuéramos, para transformarnos en lo que queremos ser nosotros. Frente a esto, hay padres que lo toleran, y otros que no. Y es esa diferencia, esa forma en que la vida nos va distanciando de los ideales ajenos, la que genera problemas y rencores. Todas tenemos una cuenta pendiente, una pelea atragantada en la boca del estómago. Pero los 30 son un punto de inflexión: lo que no se resuelve en esta década, quedará en la vida familiar como un tabú. La forma de acercarte y conversar es muy personal, pero pensá esto: si lográs limar las diferencias con tus padres, te va a resultar más fácil construir un camino propio, y –eventualmente– transformarte en madre de hijos que, si todo sale como corresponde, crecerán y también tendrán cosas para reprocharte.

Dilemas que te parten la cabeza: ¿tengo o no tengo hijos?

Cuando se trata de armar una familia, la llegada de los 30 es vista por todas como un ingreso en el “área chica”: es momento de “definir”, por sí o por no, qué vas a hacer con la maternidad. Si no querés un embarazo (ni ahora ni nunca), sentís la obligación de aclarar ese punto con tu pareja. Y si soñás con tener hijos, son muchos los motivos que te llevan a pensar en concretar (o por lo menos encaminar) la fantasía.

En esta edad, la situación laboral suele ser más estable (y podés darte el lujo de planificar otros aspectos de tu vida); las parejas también suelen ser más estables (si no estás casada, estás conviviendo); y –principalmente– el famoso reloj biológico se enciende sin piedad.

¿Qué problema hay si se te despertó el instinto? En principio, uno solo: a veces, en el afán de “resolver” la maternidad cuanto antes, nos ponemos insoportablemente ansiosas (“¿Amor, cuándo vamos a tener un hijo? ¿¡Cuándo!? ¿Hoy?, bueno, ¿a qué hora?”). Esta demanda extrema puede ser peligrosa. Hay mujeres que se embarazan del primero que se les cruza, y otras, de tan atosigadoras, espantan a un buen partido. ¿La conclusión? Es fantástico que te plantees la maternidad, pero procurá no agobiar con tu dilema a la persona que tengas al lado.

LLEGUE A LOS 30

Qué fue lo que sentiste cuando te enfrentaste por primera vez a una torta con treinta velitas todas para vos? ¿Fue acaso una mezcla de alegría y vértigo, sazonado con algo de opresión? Si es así, bienvenida al club. Pero ¿por qué cumplir 30 años nos agobia, al menos, un poco? ¿Acaso nuestra vida cambia tan radicalmente cuando cruzamos esa barrera? La respuesta es sí, mil veces sí y por varias razones.

Entrar a los treinta nos certifica como adultas y nos obliga a dejar atrás muchas de las "excusas" que esgrimimos para no asumir determinadas responsabilidades mientras tuvimos "veintipico". Muchas mujeres sentimos que cumplir 30 años equivale (entre otras cosas) a cargar los dos grandes mandatos que la sociedad y, nuestros familiares también, arrojan sobre nosotras:

- Que formemos una pareja y luego nos casemos (o su equivalente) para tener hijos.

- Que ingresemos en el mundo productivo extradoméstico y que hagamos una buena carrera. Y que, en lo posible, seamos exitosas.

Cada una llega a los 30 con un camino propio ya recorrido, por lo que su entrada a esta etapa le propondrá cambios y desafíos particulares. ¿Cómo llegamos? Fundamentalmente de tres grandes maneras:

1. Con hijos pero sin carrera

2. Con carrera y pareja pero sin hijos o con carrera y sin pareja ni hijos

3. Con hijos y carrera

Los desafíos y obstáculos que enfrentamos a lo largo de los 30 son muchos y de magnitudes diversas, y la verdad es que no hay fórmulas para encararlos. Por otro lado, si bien es cierto que ni bien cruzamos la raya de los 30 nos arrojan a la "fosa" de los mandatos, también es cierto que no tenemos por qué obedecerlos ciegamente.

Cuestionarlos es, tal vez, la prueba más importante que podamos enfrentar. Porque si elegimos responsablemente, entonces la construcción de la propia vida ya no es el resultado de lo que "se espera" de nosotras, sino lo que nosotras hemos decidido hacer concientemente con ella. Surge entonces espacio para que nos preguntemos, por ejemplo: ¿es esto realmente lo que quiero? ¿Es este el sentido que quiero darle a mi vida?

Porque estamos a cargo de nuestras vidas, independientemente de lo que nos digan e independientemente de lo que a veces creamos.

Por Marilen Stengel, autora de Mujeres ante sí mismas y de Lo quiero todo y lo quiero ya.


sábado, 14 de junio de 2008

TU ROL DE MADRE SEPARADA

En la actualidad es más común encontrar chicos de padres separados que no, atrás quedó la discriminación que sufrían en las escuelas u otro ámbito.

Pero que pasa con los hijos cuando los padres se llevan mal? Que debes hacer como mamá?

Antes que nada, por más de que odies a tu ex marido, nunca tenés que perder la razón como para no darte cuenta, que sea el tipo de padre que sea, es el padre, y si bien quizás él no demuestre interés por tus hijos los chicos lo necesitan, así como es, bueno o malo. Entonces, jamás debes interferir cuando ellos necesitan verlo o el padre a ellos. Al contrario, si ves que tu ex no demuestra interés, motívalo y ayuda a la relación, por más que por dentro no puedas entender como no le interesan sus hijos.

Los hombres al irse de sus casas y encima estar dolidos, a veces se pierden en el rol de padre, porque saben que ahí estás vos para cubrir todas sus necesidades. Si bien esto no es justificable, muchas veces sucede y no lo hacen de malos sino de que se sienten poco útiles o no ven que sus hijos lo necesitan o extrañan.

Por más de que seas la mejor mamá del mundo, el padre no es reemplazable. No podemos condenar a nuestros hijos a no tener padre, porque más adelante cuando vean a un amigo abrazar al suyo se le partirá el corazón. Y te estoy dando un ejemplo mínimo de lo que uno siente cuando el padre está ausente. Vos como mamá tenés que empujar la relación para adelante y que tus hijos sientan que tiene el apoyo de mamá y de papá.

No sabes el mal que le haces cuando hablas mal de tu ex delante de ellos.

Que vos ya no lo quieras, que te haya arruinado la vida, no te da derecho a transmitírselo a ellos, después de todo…vos lo elegiste y a ellos les toco. Y te aseguro que entiendo lo mal que te sentís, lo traicionada, lo cansada de hacerte cargo de todo cuando tenerlos fue decisión de los dos.

Pero bueno…así como las mujeres somos las preparadas para parir a los hijos, parece que en el transcurso de la vida somos también las necesarias y las que no pueden vivir sin ellos porque te moris y no te entra en la cabeza como el papá si.

Los chicos son esponjitas que absorben todo, ver pelear a los padres o escuchar como hablas mal de él no les hace nada bien. Además a ellos no tenés que demostrarle que sos buena madre; ni a ellos, ni a nadie. El tiempo es sabio, y sabes que? Cuando ellos sean grandes lo recordarán, pasarán las fiestas con vos, te llevaran a tus nietos y te devolverán todo el amor que le diste.

También agradecerán por otro lado, que odiando a tu ex, lastimada y llena de responsabilidades, no fuiste capaz de mostrarles a ellos el mal padre que tenían, o al revés como ayudaste en que sea buen padre.

De verdad, hace lo posible para que tus hijos no noten que tienen padres separados, que vean que sus bases (mamá y papa) están solidas. La vida al pasar los años, te demostrará que tomaste una buena decisión.