miércoles 14 de marzo de 2012

MALAS RELACIONES FAMILIARES

Cuando no sentís el apoyo de tus padres, es complicado asumirlo. Uno tiene el ideal de padres o el que ve de las amigas, tv, etc.: los que te apoyan, retienen, aconsejan, ayudan e incentivan tus decisiones; pero no siempre son los padres que te tocaron.
En mi caso, mi padre ausente por decirlo de alguna manera; padres divorciados donde el patriarca no se “borro” como otros casos, pero nunca aporto dinero ni amor y en la actualidad (casada y con hijos) no ve a sus nietos (mis hijos). Me llama si, cada tanto…. para pedirme algo.
Una madre que hizo lo mejor que puedo, siempre estuvo muy presente, atenta a todo lo que me pasaba pero con la lástima, la culpa, la victimización, el drama…el te estoy ayudando y con mucho sacrificio….mirá lo que hago por vos!
Mi hermana y yo somos testigos de su desgracia, ella es la única que la pasó mal, ella se divorció y la lucho sola (pese a que mi hna. con 18 años ganaba y mantenía la casa junto a ella dejando sus estudios, más la ayuda de mis abuelos y tíos). Ella se volvió a casar con un autoritario que no le daba un $ y manejaba “nuestra casa” a su antojo, pero lo hizo por nosotras, para que tengamos un mejor pasar, aunque no entiendo muy bien porque con mi hermana decidimos irnos cuando yo empecé a ganar más plata con mi trabajo. No sé porque recuerdo que mi hna. Ponía el 80% de su sueldo y yo el 50% pero no teníamos derecho de sentirnos en nuestra casa y el reclamo por “comer”, gastar “luz, agua, tel.” era constante.
Acaso tengo tanta imaginación? Una realidad totalmente distinta vivida en el mismo momento.
Hoy me encuentro con que le di para cuidar a mi hijo a cambio de mi “tranquilidad” por $500 más $80 de ómnibus (argentinos), porque consideraba que si bien no están mal económicamente, es un laburo, una responsabilidad y pese a que sea su nieto es justo pagar, ayudando a mi economía no poner una niñera que me cobre más.
Pero empezaron mis peleas, no le parece bien el monto, y se queja…se queja…. continuamente con mi hermana (q me cuenta a mi luego) que se lleva la comida a casa (cuando desde que me lo está cuidando todos los domingos voy al súper a comprar: carne, pollo, pastas y verduras para que no me saque el cuero si la heladera está vacía. Pero como ella quiere que el marido no se cocine y venga a almorzar a mi casa todos los mediodías, trae esa porción, aunque obviamente siempre es más, o menos…xq si hace milanesas lleva la carne (el pan, los huevos y condimentos son de mi casa) que OJO!!! A mi no me importa en lo más mínimo, pero si me enoja, me entristece que mi propia mamá diga que le pago poco, q me abuso, que trae la comida, que me plancha, lava etc….cuando es MENTIRA! Jamás me abusaría, compro la comida y tengo una chica que limpia y el resto lo hago yo (o hacía cuando no me lo cuidaba)….jamás le pedí q toque un piso…lo hace porque como el nene duerme… se aburrirá, no lo sé, y luego como todo lo q hizo en su vida, te lo echa en cara, cuando vos no le pediste que haga nada. Yo debo agradecerle el haberme tenido.
Sin ir más lejos se ofendió porque dice q no la saludé para el día de la mujer. Y ella a mi? Tengo 32 años, madre de un hijo y otra bebé en camino, no soy mujer? Pero noooo…..las obligaciones son hacia ella. Le debo la vida…no les parece demasiado?
En mi 7mo mes de embarazo, esto me hace bastante mal, sin contar que sufro de hace unos años trastorno de ansiedad (TAG) con ataques de pánico.
No quiero repetir la historia de la “queja” pero para darles mi panorama, laburo 8 hs, estudio una carrera universitaria desde los 18 años, donde quiero recibirme; soy mamá, mujer casada y esperando otro en camino. Por lo cual ante mi vida agitada como tantas otras busco PAZ! TRANQUILIDAD! EQUILIBRIO!
Desearía tanto encontrarlo en mi familia de origen…
Hablando con mi psicóloga me sugirió que debo cambiar yo, 1ro separar del cuidado de mis hijos a mi madre, ya que me estresa y no ayuda a mi estado y 2do tomarlo con humor. La mala onda y queja continua de la mala vida que “tiene”, “tuvo” y “tendrá” mi madre vista desde su óptica jamás voy a modificarla, entonces la onda no es ir al choque con mi madre, sino cada pálida que me cuenta o cada queja que me hace (xq aunque no lo cuide más siempre va a existir la llamada con malas noticias o lo mal que está) tomarla con humor, ser buenamente irónica.
Debido a mi fuerte carácter, la idea no es ser malamente irónica, pero tampoco decirle todo que si como mi hermana y no pelear para que mi madre crea que está todo bien y que tenga razón, la idea es ante una frase desafortunada, responderle algo buena onda que la deje en evidencia que lo que está diciendo no suma nada, al contrario…resta.
Por ejemplo, ante un…”no sabes lo que pasó?”….una respuesta como: “que buena noticia me vas a dar”? aunque no se de cuenta las 1ras veces, va a quedar en evidencia y a las 5ta vez…se dará cuenta…
No sé si funcionará, pero tengo que probarlo.
Después de algunos años de terapia me he dado cuenta que todos los problemas los tengo que resolver sola, cambiando yo. No puedo cambiar a mi papá, a mi mamá, a mi marido. No…no, hay que moverse uno y buscar la felicidad solita, sin echarle la culpa al otro. A veces lo que más nos duele viene del otro, pero el tema es que esa persona no va a cambiar, entonces uno sigue esperando el milagro, el cambio…y mientras tanto pasa el tiempo…te deprimís, sufrís, te frustras…hasta te podés enfermar. Y jamás va a existir un cambio hasta que VOS no intentes cambiar.
Duele, duele mucho saber que la otra persona no es el modelo que tenés en tu cabeza, duele mucho decir NO, HASTA ACA, ADIOS. Pero cuán importante es ser egoísta a veces, romper con el modelo de la “gran” familia, el “gran” noviazgo/matrimonio si no te hace feliz…y buscar ser feliz.

AMOR ETERNO

Por Eduardo Chaktoura
Especial para RevistaOHLALA.com


En las últimas estadísticas conocidas sobre "estado civil" en la Argentina surgió que cayeron en un 5% los casamientos y que aumentaron considerablemente los divorcios. Mientras que en la década del 90 había 87 divorcios por día, llegaron a ser 172 los registrados diariamente entre 2001 y 2010. Según datos recientes , el amor parecería no durar más de un promedio de 6 años: "el 54% de las parejas que se divorciaron durante 2010 llevaban menos de diez años juntos; el 34%, menos de seis".

Si bien no hay números concretos sobre la realidad de la convivencia sin papeles , un "formato del amor" de notable crecimiento en las últimas décadas, los testimonios y casos conocidos se suman a las estadísticas ya conocidas.

¿Por qué el amor de pareja dura, promedio, no más de seis años? ¿Es real esto de la comezón del séptimo año?

Si bien están quienes creen que éste suele ser el tiempo promedio del estado natural de enamoramiento; que a los 6 o 7 años hay cuestiones que dejan de "sentirse" y en nada se parecen al estado de "los primeros tiempos"; nada haría suponer que están escritas o "garantizadas" las fechas de vencimiento. Lo que sí existen son claros indicadores de por qué hoy solemos estar menos tiempo en pareja que décadas atrás.

Podríamos decir, ante todo, que cambió el estado de "conciencia" sobre el sentido de realidad de los vínculos, del "para qué" y "por qué estamos juntos" .

Tiempo atrás no había demasiados cuestionamientos o se resistía en la insatisfacción. Con el correr de las décadas han ido perdiendo fuerza los mandatos del "ser y estar casado y procrear".

Sin embargo, gran parte de los matrimonios de hoy, de entre 30 y 40 años, fracasan porque persisten en la idea de lo que "esperan" sus familias y el resto de la sociedad. Muchos proyectos familiares fracasan en el primer intento porque nacen del mandato y no del sentimiento. Unos cuantos cumplen con el objetivo en las segundas o terceras vueltas.

Parece que el amor ya no es lo que era; ¿o somos nosotros que andamos perdidos, desconectados, entre tan ansiedad y urgencia?

El amor como sentimiento, como deseo, como emoción, es el mismo amor de siempre. El estado más positivo y deseado por excelencia mantiene intacta su esencia primaria y original.

El "amor de pareja", de hecho, es para todos la forma de vincularnos que más nos ocupa y preocupa. Aunque a algunos les parezca "retrógrado" entenderlo desde lo que dice la antropología del amor, persiste en la humanidad, y poco parece que cambiará, esta biología salvaje y natural de "seducirnos, encontrarnos y reproducirnos, para preservar la especie, asegurarse la continuidad genética, trascender y sentirnos realizados con nuestra condición de género".

Dicho de otra manera -pese a las estadísticas de esta última década-, por regla general, hombres y mujeres seguimos deseando, conscientes o no, estar en pareja, casarnos y tener hijos. El matrimonio, la paternidad y el progreso económico siguen siendo los indicadores más contundentes del paso confirmado a la vida adulta. De hecho, llegados los 40, el encuentro amoroso y la idea de la descendencia se convierten en uno de los asuntos urgentes a resolver o remediar.

Si bien la empresa del matrimonio pareciera desjerarquizarse, sorprende ver como, sobre todo entre los 35 y 45, a poco de haberse separado, muchos persisten con la idea de estar en pareja, incluso de casarse, para volver a intentar el proyecto de familia.

¿Por amor?, ¿por temor a la soledad?, ¿para evitar los duelos?, ¿para repartir los gastos?, ¿para demostrar que el anterior fue un error y no un fracaso?, ¿para cumplir con lo que se espera?...

Lo nuestro se... ¿acabó?

¿Por qué crece el número de divorcios si, en definitiva, todo lo que buscamos es amor? Porque, continuando con algunos de los datos que ya hemos anticipado, nuevos vientos y corrientes parecen modificar las aguas en las que nadamos y "remamos" a diario.

No es que el amor ya no es de novela, no es que el amor ya no da rating; sólo que es época de otros formatos, otros lenguajes, otros "tiempos".

Vivimos en una cultura menos tolerante; "sin tiempo", siquiera, para detenernos a ver qué nos pasa, cómo podemos resignificar o fortalecer el compromiso. Si bien el amor es "de a dos", el acelere y el exitismo individual puede convertirnos en personas egoístas; en seres que corren como si todo fuera una cinta de gimnasio. De una manera u otro, sin darnos cuenta, alimentamos este estilo de vida "descartable".

Precisamente, esta modernidad de urgencias, hiperexigencias, consumo y "resultados rápidos y exitosos", parece habernos hecho creer que se puede sacar el amor del freezer y mantenerlo, "revivirlo o calentarlo" con un simple golpe de microondas.

Este nuevo "lenguaje", es el que ha sustituido muchos "te quiero" por "yo quiero".

De hecho, el escenario económico-social-cultural de esta época infla el "temor al fracaso" de muchos de los adultos jóvenes de hoy que prefieren "estar solos que mal acompañados".

Hacemos lo que podemos. Cada pareja configura el vínculo como quiere (o crea conveniente y posible) para estar lo más juntos o a la distancia necesaria para tolerarse, comprenderse, acompañarse y continuar.

Tal vez, para comenzar con este tiempo necesario de reflexión, convenga entender que, más allá del formato elegido o posible, la "filiación" es "un motivo que se caracteriza por el interés en establecer, mantener o restaurar una relación afectiva positiva..."

Hay un primer tiempo para la pasión; que dura los mismos meses que se mantengan encendidas las primeras hormonas del deseo frenético. Viene luego un tiempo para la intimidad; esto de confiar y compartir con el otro algunos de nuestros secretos y misterios más íntimos o personales. Pero lo que da garantías de futuro es, pasado los primeros años de relación, el hecho de comprometernos a sostener este interés por estar juntos, sabiendo que la relación vive sufriendo cambios con el correr de los años.

El vínculo se modifica porque cada uno de nosotros no es el mismo de hace un tiempo atrás. Todo avanza (o retrocede). Todos evolucionamos o nos pasan cosas distintas a las que acabamos de vivir juntos, como pareja, o en nuestra vida íntima o personal. No siempre es fácil acomodar las nuevas ideas y sentimientos de cada quien a lo ya conocido o a las costumbres de la pareja (en la próxima oportunidad hablamos de la saludable teoría del "triángulo amoroso").

Sólo quienes se animan a la mejor experiencia que nos da la vida, logran saber cuánto dura (o puede durar) el amor. El deseo, la expectativa razonable (más allá de "lo ideal"), así como el compromiso sensible y responsable son quienes ajustan los tiempos. La cultura del momento propone y cada quien dispone.

Hay quienes aún pueden dar testimonio de que es posible el amor para toda la vida.

El autor es psicólogo y periodista; autor de "30/40, La gran oportunidad" (Paidos)

sábado 25 de febrero de 2012

A veces se puede, otras no

Hace algunas semanas vi un comercial en la televisión en el que un padre se negaba a comprarle un celular a su hijo. Ante esta genial idea, no pude evitar intentar conseguir el nombre y el teléfono de la gente de marketing de la empresa para felicitarla. Lo mismo sucedió cuando vi la campaña "Extralindas, moda a tu medida" de la tienda La Polar, que iba mucho más allá de una mera publicidad, pues colaboraba con un cambio cultural al valorar la belleza clásica de la mujer chilena.

Chile es un país en el que, por lo general, no nos felicitamos por nada. Pareciera ser que nadie hace un esfuerzo por conseguir el teléfono o la dirección de alguien con la sola intención de felicitarlo. Ahora, cuando el motivo tiene que ver con una queja, entonces sí hacemos un esfuerzo por comunicarnos y hacer saber lo que queremos reclamar, pues esto tiene que ver con ejercitar un derecho que nos corresponde.

A veces, aunque se pueda, hay que decir que no. de esa manera se forma el caracter, se desarrolla la tolerancia, se educa la paciencia y se crea la capacidad de agradecer lo que se ha vivido.

Uno de los problemas principales que explican el sobreendeudamiento de los padres en Chile se relaciona con la dificultad de ponerles límites a los hijos y decirles que no frente a muchísimas cosas que realmente no necesitan, pero que de todas maneras quieren, para demostrar algo que no tienen y no son, pero pretenden serlo.

Yo no creo que haya que darles a los hijos todas las posibilidades que podamos, ellos también tienen la obligación de buscarse las suyas por sí solos para poder desarrollar la capacidad de valorar lo que se consigue y se tiene, y ser capaces de agradecer lo que se ha recibido.

Hoy los adultos sienten que dándoles a sus hijos todo lo que desean son mejores padres y ellos, los hijos, los van a querer más, hablar mejor de ellos o evaluarlos de una manera más completa y favorable por su rol. ¡Qué gran error! Ningún hijo se va a acordar cuando ese padre ya no esté que una vez le compró un celular a los nueve años; evidentemente no se acordará porque no lo necesitaba en ese momento de su vida y no era algo trascendental que valía la pena recordar. Pero sí se va a acordar de que ese padre le rascó la cabeza, que hicieron guerra de almohadas o cocinaron juntos; también si le dijo te quiero todos los días y sobre todo, si le exigió lo suficiente para llegar a ser una buena persona.

A veces, aunque se pueda, hay que decir que no. De esa manera se forma el carácter, se desarrolla la tolerancia, se educa la paciencia y se crea la capacidad de agradecer lo que se ha vivido.

Los padres establecemos vínculos de afecto, de confianza y de amistad con nuestros hijos, porque son implicancias que vienen con el simple y gratis hecho de amar. Pero por sobre esta "amistad", nunca debemos olvidar que somos madres y padres, y tenemos la obligación de, a veces, no ser tan permisivos y hasta quizá "jodidos". Y debo aclarar que esto no significa ser malos ni cerrados, sino que sobre todo significa saber poner límites, decir que no cuando sea necesario, establecer horarios y velar porque se cumplan, no preguntarles a nuestros hijos todo y ejercer autoridad para que cumplan los deberes que como hijos e integrantes de la familia deben desarrollar. No todo es color de rosa en la relación entre padres e hijos, no todo está a la misma altura ni depende de las mismas posibilidades. Nuestro trabajo como adultos y padres está justamente en eso, en saber diferenciar que ese enorme amor que un progenitor tiene hacia su hijo es inmenso e incondicional, pero que en esa inmensidad están incluidos también los límites y los justificados "no" dichos a tiempo..
Revista Susana

domingo 12 de febrero de 2012

Aprendé a ser feliz

¿Basta con pensar “en positivo” para tener la felicidad asegurada? Lamentablemente no. Por que la felicidad no es algo que se puede encontrar por ahí, de manera fácil, sino que es algo que se construye día a día… Y se practica, se ejercita. En esta nota, te contamos qué es, qué valores pone en juego al momento y cómo alcanzarla. Además, tests y ejercicios.
¿Alguna vez te sentaste a pensar qué te haría verdaderamente feliz? ¿Qué te haría sentir completa, alegre, plena? ¿Si tuvieras que hacer una lista propia con cinco cosas que contribuirían a tu felicidad, qué incluirías?

A pesar de lo que seguramente creas, en “Cuaderno de ejercicios para aprender a ser feliz”, Yves Thalmann nos ayuda a derribar algunos mitos que nos acompañan desde siempre. En el libro, el psicólogo nos deja algunas conclusiones sorprendentes:

-La felicidad no depende del bienestar material. No, a pesar de lo que muchos creen, el dinero no trae la felicidad.
-La felicidad no depende del estatus social ni de los títulos universitarios. En síntesis, la inteligencia no nos ayuda a sentirnos más felices.
-La felicidad no depende de la belleza. Las personas a las que consideramos más atractivas no son más felices. El secreto es… ¡Quererse más!

Entonces, ¿qué puede hacer que nos sintamos mejor? La felicidad está más ligada a nuestra forma de ser que a las cosas que tenemos. Esto es lo que nos hace bien.
-Las relaciones sociales. Tener una buena relación de pareja, tener amigos, alimentar relaciones satisfactorias con tu entorno.
-La fe. Compartir una creencia con una comunidad genera bienestar.
-Las actividades. Ya sean de carácter profesional o un hobby, nos estimulas y nos hacen súper bien.

El termómetro de la felicidad: medite
Ahora que sabés un poco más sobre el tema, respondé (con honestidad) estas preguntas. Anotá un número entre 1 (poco) y mucho (7) al lado de cada respuesta.

-De modo general, me considero:

Muy feliz Poco feliz

-En comparación con los demás, me siento:

Más feliz Menos feliz

-Algunas personas parecen felices y capaces de saborear las bondades de la vida. ¿En qué medida se te podría aplicar esta afirmación?

Por completo En absoluto

-Algunas personas, en cambio, parecen desgraciadas, deprimidas y sin vitalidad. ¿En qué medida se te podría aplicar esta afirmación?

Por completo En absoluto

Anotá las cifras obtenidas en tus respuestas, y después calculá el promedio. Normalmente, éste suele oscilar entre 4,5 y 5,5. Un consejo: rehacé el test con frecuencia para comprobar cómo progresa tu felicidad.

Una lección de felicidad
No se enseña, no se aprende en el colegio; no nos llega de manera automática, natural, sino que depende –pura y exclusivamente- de nosotras; no podemos ser felices de un momento a otro, tenemos que construirla con tiempo esfuerzo y paciencia. Es momento de empezar, de cambiar hábitos y actitudes, ¿te animás?

En su libro, Thalmann nos propone, para comenzar, que pensemos positivamente. La felicidad está, por supuesto, ligada a la sensación de ser feliz. Sin embargo, no podemos elegir todo lo que sentimos ya que no podemos optar por tener un determinado temperamento, predisposición o tendencias a sentir emociones definidas. A lo sumo, las actitudes se pueden modular.

Pero la felicidad también es una manera de ver las cosas y, por lo tanto, es el resultado de nuestros pensamientos. Y nosotras podemos elegir -de manera consciente- nuetsra forma de pensar y enfrentarnos a los hechos.

También es importante cambiar nuestra manera de hablar, de expresarnos. Para esto, es fundamental eliminar de nuestro vocabulario las palabras pesimistas y sustituirlas por aquellas que tienen un sentido similar y resultan mucho más optimistas. Intentá reemplazar fracaso por lección; obstáculo por desafío; imposible por poco probable; frustración por aprendizaje; y así, con todos aquellos términos y frases que sientas que afectan tus frases.

Entonces, para empezar a ser felices intentemos pensar de otra manera, tratemos de apreciar el lado más positivo de todo lo que nos ocurre, desarrollemos otra mirada. Antes de sacar una conclusión negativa hagamos el ejercicio de pensar qué otro significado podría tener eso que nos sucede, si podemos aprender algo de ese hecho y si podemos conseguir algún resultado positivo de él.

Fuente: "Cuadernos de ejercicios para aprender a ser feliz", Ives-Alexandre Thalmann, Ed. Terapias Verdes.

martes 3 de enero de 2012

Después del amor…

Cuando el amor se acaba y se pone fin a una relación comienza el momento más difícil: aprender a estar sola.
"El tiempo que dura el duelo y la recuperación depende del tipo de vínculo y de si se cuenta con una red de apoyo como la familia y amigos que puedan acompañar esta etapa”, señala la médica psiquiátra Gil Lemus. Parece difícil volver a sonreír. Se siente la soledad y la falta del otro. Pero no es imposible superar una ruptura de pareja. Por eso, la médica psiquiatra de Fundación Foro, Laura Marcela Gil Lemus, habló con Para Ti Online y explicó las sensaciones que invaden cuando el amor se termina y cómo salir adelante.
Que “lo extraño”, que “no puedo seguir sin él”, que “no hice lo suficiente” son algunas de las típicas frases cuando una relación se termina. Cuando esto se produce, muchos sentimientos atraviesan nuestra mente y, sobre todo, el corazón pero, ¿de qué se tratan? Según la psicóloga, estos varían a lo largo del proceso de separación:

*La tristeza. Es una emoción frecuente cuando la persona siente que las cosas no tomaron el rumbo que deseaba, este es el caso de quienes tienen expectativas de formalizar, de casarse o de mantener un vínculo por largo tiempo. La sensación de ser rechazado o no valorado también conlleva a la tristeza.

*El enojo. Es común cuando se siente que un objetivo importante fue bloqueado y no se obtuvo el resultado esperado o porque la pareja se terminó por criticas constantes o engaño.

*El miedo. Se produce cuando la ruptura amenaza el bienestar y aparece el temor a no poder seguir adelante o a no encontrar una compañía amorosa en el futuro.

*La culpa. Se siente que no se hizo las cosas de acuerdo a los valores personales, que se lastimó al otro o se recuerdan errores pasados. Es común preguntarse si haber hecho algo distinto hubiera cambiado el rumbo o hubiera hecho que las cosas fueran distintas. Este último sentimiento puede entorpecer la recuperación si se mantiene a través del tiempo. Por este motivo es importante aceptar lo sucedido y perdonarse los errores que se hayan podido cometer.

CUANDO NO SOMOS SÓLO DOS… Si se enfrenta una ruptura y se tiene hijos, la situación parece desbordar. Para la profesional, lo que debe prevalecer es la honestidad: “Lo principal es poder hablar con los hijos respecto a las dificultades de la pareja y dejarles claro que la separación no se relaciona con nada que ellos hayan hecho o dejado de hacer y transmitirles la tranquilidad de que, pase lo que pase, contarán con sus padres siempre”.

SEGUIR… “El tiempo que dura el duelo y la recuperación depende del tipo de vínculo y de si se cuenta con una red de apoyo como la familia y amigos que puedan acompañar esta etapa”, señala Gil Lemus. Para salir adelante, añade: “Hay que ser conciente de que después de romper un vínculo vienen cambios emocionales que requieren un tiempo para solucionarse. No es adecuado apresurarse a tomar decisiones o hacer cambios drásticos en esta etapa y es recomendable tomarse un tiempo mientras se atraviesa el proceso”.

Por otro lado, como la soledad es una sensación siempre presente, la profesional explica: “Una estrategia que puede resultar útil es realizar actividades placenteras sola o con amigos y familia. Tener mucho tiempo libre puede aumentar el malestar, por eso es importante vincularse con actividades deportivas o culturales que, progresivamente, aumenten la percepción de bienestar”.


Para Ti
Por Celeste Lattanzio.

miércoles 28 de diciembre de 2011

La falta de deseo, en el podio de las disfunciones femeninas

Especialistas del Hospital Durand estudiaron el comportamiento de 453 mujeres y comprobaron que el 44% presentaba alteraciones del deseo y también durante el orgasmo. Recetas para solucionarlo.

La disminución del deseo sexual suele ir acomodándose en la cama en silencio. Hay quienes leen esa falta de ganas como el síntoma de una catástrofe inminente: una pareja que no va más, una infidelidad mal disimulada o el precio de la rutina. Otros comprenden que el deseo sexual no es una perilla que se enciende por generación espontánea. Lo cierto es que esta falta de apetito sexual –de ahí que informalmente se la haya empezado a llamar ‘anorexia sexual’– ya afecta casi a la mitad de las mujeres que llegan a la consulta.

La División Ginecología del Hospital Durand midió la prevalencia de disfunciones sexuales entre 453 mujeres atendidas en los últimos dos años (tanto quienes consultaron por alguna alteración en la respuesta sexual como quienes fueron a los controles ginecológicos de rutina). El resultado –presentado en el Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Medicina Sexual, en septiembre– mostró que un 44% de ellas tenía una alteración del deseo, justamente la chispa que suele condicionar todo lo que sigue. Cuatro de cada 10 presentaron alteraciones en el orgasmo, un 14% en la excitación y otro 14%, dolor en el coito.

“El hecho de que se esté perdiendo el deseo entre los más jóvenes nos lleva a pensar que no tiene que ver con razones fisiológicas (como la disminución de hormonas durante el climaterio) sino con hábitos sexuales o parámetros culturales”, razona Beatriz Literat, médica sexóloga y ginecóloga de Halitus. “Por lo general, la sensación es que la iniciación sexual temprana, la libertad de no tener que comprometerse y de poder tener relaciones sexuales sin demasiada trascendencia o que haya mujeres que cuentan en los medios las cirugías que se hicieron, derivaron en una pérdida de la curiosidad, del misterio, de lo espontáneo. Hoy muchas chicas incluso se preguntan: ¿Será así o habrá tomado Viagra? Todo esto desestimula mucho el deseo”.

Sin embargo, son pocas las que llegan al consultorio habiendo despejado la X: “Muchas de ellas, recién en la confianza de la consulta ginecológica, cuentan que sienten dolor, ardor o molestias después de una relación sexual. Eso, por lo general, se debe a la falta de lubricación, porque muchas parejas van directo a la penetración antes de que se inicie la excitación”, describe Alicia Figueroa, tocoginecóloga del Hospital Durand. La falta de deseo parece entonces un escudo contra el dolor que vendrá.

Si bien las causas del deseo sexual inhibido pueden buscarse en el climaterio, en historias de abuso, en personas atrapadas por el estrés o la depresión y hasta en prejuicios religiosos y morales, la mayoría de las veces son psicológicas, culturales o relacionadas con la dinámica vincular. “Hay un malentendido con respecto a las características propias del deseo: se lo espera siempre ligado a lo natural, a lo espontáneo, a lo instintivo. Y en la sexualidad pareciera que es un mal síntoma tener que ir en busca del deseo. Así muchas parejas se apoltronan, convencidas de que el deseo sólo llega como maripositas en la panza, lo que sucede por lo general sólo al principio de cada relación”, explica la psicóloga y sexóloga Adriana Arias. “Por eso un tratamiento efectivo consiste en reeducar los hábitos de la pareja: enseñarles a eliminar la cabeza, enemiga de la erótica, y motivarlos a que usen la imaginación y construyan fantasías, el verdadero lenguaje de la erótica”.

Lo cierto es que cuando llegan a la consulta –las pocas veces que llegan de a dos– los especialistas se encuentran con que cargan con una lista de sobreentendidos o malentendidos (incluso quienes llevan décadas en pareja): “Ella cuenta ‘él va directo a la penetración y no hace nada para que me excite antes’ y él se queda helado porque creía que estaba chocha por su rendimiento”, describe Arias. “Otros no se atreven a construir fantasías porque suelen pensar que son las hermanas bobas de la realidad. Por ejemplo, la mayoría de las mujeres fantasean con incluir a otras mujeres en la cama y eso no las convierte en homosexuales reprimidas”, explica.

Existe una receta para no resignarse a ir a la cama sólo para dormir cola con cola. La tiene Arias: “Ganas de tener ganas”.

Por Gisele Sousa Dias
Clarin

domingo 11 de diciembre de 2011

DESPUÉS DEL AMOR…

Parece difícil volver a sonreír. Se siente la soledad y la falta del otro. Pero no es imposible superar una ruptura de pareja. Por eso, la médica psiquiatra de Fundación Foro, Laura Marcela Gil Lemus, habló con Para Ti Online y explicó las sensaciones que invaden cuando el amor se termina y cómo salir adelante.
Que “lo extraño”, que “no puedo seguir sin él”, que “no hice lo suficiente” son algunas de las típicas frases cuando una relación se termina. Cuando esto se produce, muchos sentimientos atraviesan nuestra mente y, sobre todo, el corazón pero, ¿de qué se tratan? Según la psicóloga, estos varían a lo largo del proceso de separación:

*La tristeza. Es una emoción frecuente cuando la persona siente que las cosas no tomaron el rumbo que deseaba, este es el caso de quienes tienen expectativas de formalizar, de casarse o de mantener un vínculo por largo tiempo. La sensación de ser rechazado o no valorado también conlleva a la tristeza.

*El enojo. Es común cuando se siente que un objetivo importante fue bloqueado y no se obtuvo el resultado esperado o porque la pareja se terminó por criticas constantes o engaño.

*El miedo. Se produce cuando la ruptura amenaza el bienestar y aparece el temor a no poder seguir adelante o a no encontrar una compañía amorosa en el futuro.

*La culpa. Se siente que no se hizo las cosas de acuerdo a los valores personales, que se lastimó al otro o se recuerdan errores pasados. Es común preguntarse si haber hecho algo distinto hubiera cambiado el rumbo o hubiera hecho que las cosas fueran distintas. Este último sentimiento puede entorpecer la recuperación si se mantiene a través del tiempo. Por este motivo es importante aceptar lo sucedido y perdonarse los errores que se hayan podido cometer.

CUANDO NO SOMOS SÓLO DOS… Si se enfrenta una ruptura y se tiene hijos, la situación parece desbordar. Para la profesional, lo que debe prevalecer es la honestidad: “Lo principal es poder hablar con los hijos respecto a las dificultades de la pareja y dejarles claro que la separación no se relaciona con nada que ellos hayan hecho o dejado de hacer y transmitirles la tranquilidad de que, pase lo que pase, contarán con sus padres siempre”.

SEGUIR… “El tiempo que dura el duelo y la recuperación depende del tipo de vínculo y de si se cuenta con una red de apoyo como la familia y amigos que puedan acompañar esta etapa”, señala Gil Lemus. Para salir adelante, añade: “Hay que ser conciente de que después de romper un vínculo vienen cambios emocionales que requieren un tiempo para solucionarse. No es adecuado apresurarse a tomar decisiones o hacer cambios drásticos en esta etapa y es recomendable tomarse un tiempo mientras se atraviesa el proceso”.

Por otro lado, como la soledad es una sensación siempre presente, la profesional explica: “Una estrategia que puede resultar útil es realizar actividades placenteras sola o con amigos y familia. Tener mucho tiempo libre puede aumentar el malestar, por eso es importante vincularse con actividades deportivas o culturales que, progresivamente, aumenten la percepción de bienestar”.

para ti

Por Celeste Lattanzio.

Asesoró Laura Marcela Gil Lemus, médica psiquiatra de Fundación Foro.

Foto: Archivo Atlántida.