martes 3 de enero de 2012

Después del amor…

Cuando el amor se acaba y se pone fin a una relación comienza el momento más difícil: aprender a estar sola.
"El tiempo que dura el duelo y la recuperación depende del tipo de vínculo y de si se cuenta con una red de apoyo como la familia y amigos que puedan acompañar esta etapa”, señala la médica psiquiátra Gil Lemus. Parece difícil volver a sonreír. Se siente la soledad y la falta del otro. Pero no es imposible superar una ruptura de pareja. Por eso, la médica psiquiatra de Fundación Foro, Laura Marcela Gil Lemus, habló con Para Ti Online y explicó las sensaciones que invaden cuando el amor se termina y cómo salir adelante.
Que “lo extraño”, que “no puedo seguir sin él”, que “no hice lo suficiente” son algunas de las típicas frases cuando una relación se termina. Cuando esto se produce, muchos sentimientos atraviesan nuestra mente y, sobre todo, el corazón pero, ¿de qué se tratan? Según la psicóloga, estos varían a lo largo del proceso de separación:

*La tristeza. Es una emoción frecuente cuando la persona siente que las cosas no tomaron el rumbo que deseaba, este es el caso de quienes tienen expectativas de formalizar, de casarse o de mantener un vínculo por largo tiempo. La sensación de ser rechazado o no valorado también conlleva a la tristeza.

*El enojo. Es común cuando se siente que un objetivo importante fue bloqueado y no se obtuvo el resultado esperado o porque la pareja se terminó por criticas constantes o engaño.

*El miedo. Se produce cuando la ruptura amenaza el bienestar y aparece el temor a no poder seguir adelante o a no encontrar una compañía amorosa en el futuro.

*La culpa. Se siente que no se hizo las cosas de acuerdo a los valores personales, que se lastimó al otro o se recuerdan errores pasados. Es común preguntarse si haber hecho algo distinto hubiera cambiado el rumbo o hubiera hecho que las cosas fueran distintas. Este último sentimiento puede entorpecer la recuperación si se mantiene a través del tiempo. Por este motivo es importante aceptar lo sucedido y perdonarse los errores que se hayan podido cometer.

CUANDO NO SOMOS SÓLO DOS… Si se enfrenta una ruptura y se tiene hijos, la situación parece desbordar. Para la profesional, lo que debe prevalecer es la honestidad: “Lo principal es poder hablar con los hijos respecto a las dificultades de la pareja y dejarles claro que la separación no se relaciona con nada que ellos hayan hecho o dejado de hacer y transmitirles la tranquilidad de que, pase lo que pase, contarán con sus padres siempre”.

SEGUIR… “El tiempo que dura el duelo y la recuperación depende del tipo de vínculo y de si se cuenta con una red de apoyo como la familia y amigos que puedan acompañar esta etapa”, señala Gil Lemus. Para salir adelante, añade: “Hay que ser conciente de que después de romper un vínculo vienen cambios emocionales que requieren un tiempo para solucionarse. No es adecuado apresurarse a tomar decisiones o hacer cambios drásticos en esta etapa y es recomendable tomarse un tiempo mientras se atraviesa el proceso”.

Por otro lado, como la soledad es una sensación siempre presente, la profesional explica: “Una estrategia que puede resultar útil es realizar actividades placenteras sola o con amigos y familia. Tener mucho tiempo libre puede aumentar el malestar, por eso es importante vincularse con actividades deportivas o culturales que, progresivamente, aumenten la percepción de bienestar”.


Para Ti
Por Celeste Lattanzio.

miércoles 28 de diciembre de 2011

La falta de deseo, en el podio de las disfunciones femeninas

Especialistas del Hospital Durand estudiaron el comportamiento de 453 mujeres y comprobaron que el 44% presentaba alteraciones del deseo y también durante el orgasmo. Recetas para solucionarlo.

La disminución del deseo sexual suele ir acomodándose en la cama en silencio. Hay quienes leen esa falta de ganas como el síntoma de una catástrofe inminente: una pareja que no va más, una infidelidad mal disimulada o el precio de la rutina. Otros comprenden que el deseo sexual no es una perilla que se enciende por generación espontánea. Lo cierto es que esta falta de apetito sexual –de ahí que informalmente se la haya empezado a llamar ‘anorexia sexual’– ya afecta casi a la mitad de las mujeres que llegan a la consulta.

La División Ginecología del Hospital Durand midió la prevalencia de disfunciones sexuales entre 453 mujeres atendidas en los últimos dos años (tanto quienes consultaron por alguna alteración en la respuesta sexual como quienes fueron a los controles ginecológicos de rutina). El resultado –presentado en el Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Medicina Sexual, en septiembre– mostró que un 44% de ellas tenía una alteración del deseo, justamente la chispa que suele condicionar todo lo que sigue. Cuatro de cada 10 presentaron alteraciones en el orgasmo, un 14% en la excitación y otro 14%, dolor en el coito.

“El hecho de que se esté perdiendo el deseo entre los más jóvenes nos lleva a pensar que no tiene que ver con razones fisiológicas (como la disminución de hormonas durante el climaterio) sino con hábitos sexuales o parámetros culturales”, razona Beatriz Literat, médica sexóloga y ginecóloga de Halitus. “Por lo general, la sensación es que la iniciación sexual temprana, la libertad de no tener que comprometerse y de poder tener relaciones sexuales sin demasiada trascendencia o que haya mujeres que cuentan en los medios las cirugías que se hicieron, derivaron en una pérdida de la curiosidad, del misterio, de lo espontáneo. Hoy muchas chicas incluso se preguntan: ¿Será así o habrá tomado Viagra? Todo esto desestimula mucho el deseo”.

Sin embargo, son pocas las que llegan al consultorio habiendo despejado la X: “Muchas de ellas, recién en la confianza de la consulta ginecológica, cuentan que sienten dolor, ardor o molestias después de una relación sexual. Eso, por lo general, se debe a la falta de lubricación, porque muchas parejas van directo a la penetración antes de que se inicie la excitación”, describe Alicia Figueroa, tocoginecóloga del Hospital Durand. La falta de deseo parece entonces un escudo contra el dolor que vendrá.

Si bien las causas del deseo sexual inhibido pueden buscarse en el climaterio, en historias de abuso, en personas atrapadas por el estrés o la depresión y hasta en prejuicios religiosos y morales, la mayoría de las veces son psicológicas, culturales o relacionadas con la dinámica vincular. “Hay un malentendido con respecto a las características propias del deseo: se lo espera siempre ligado a lo natural, a lo espontáneo, a lo instintivo. Y en la sexualidad pareciera que es un mal síntoma tener que ir en busca del deseo. Así muchas parejas se apoltronan, convencidas de que el deseo sólo llega como maripositas en la panza, lo que sucede por lo general sólo al principio de cada relación”, explica la psicóloga y sexóloga Adriana Arias. “Por eso un tratamiento efectivo consiste en reeducar los hábitos de la pareja: enseñarles a eliminar la cabeza, enemiga de la erótica, y motivarlos a que usen la imaginación y construyan fantasías, el verdadero lenguaje de la erótica”.

Lo cierto es que cuando llegan a la consulta –las pocas veces que llegan de a dos– los especialistas se encuentran con que cargan con una lista de sobreentendidos o malentendidos (incluso quienes llevan décadas en pareja): “Ella cuenta ‘él va directo a la penetración y no hace nada para que me excite antes’ y él se queda helado porque creía que estaba chocha por su rendimiento”, describe Arias. “Otros no se atreven a construir fantasías porque suelen pensar que son las hermanas bobas de la realidad. Por ejemplo, la mayoría de las mujeres fantasean con incluir a otras mujeres en la cama y eso no las convierte en homosexuales reprimidas”, explica.

Existe una receta para no resignarse a ir a la cama sólo para dormir cola con cola. La tiene Arias: “Ganas de tener ganas”.

Por Gisele Sousa Dias
Clarin

domingo 11 de diciembre de 2011

DESPUÉS DEL AMOR…

Parece difícil volver a sonreír. Se siente la soledad y la falta del otro. Pero no es imposible superar una ruptura de pareja. Por eso, la médica psiquiatra de Fundación Foro, Laura Marcela Gil Lemus, habló con Para Ti Online y explicó las sensaciones que invaden cuando el amor se termina y cómo salir adelante.
Que “lo extraño”, que “no puedo seguir sin él”, que “no hice lo suficiente” son algunas de las típicas frases cuando una relación se termina. Cuando esto se produce, muchos sentimientos atraviesan nuestra mente y, sobre todo, el corazón pero, ¿de qué se tratan? Según la psicóloga, estos varían a lo largo del proceso de separación:

*La tristeza. Es una emoción frecuente cuando la persona siente que las cosas no tomaron el rumbo que deseaba, este es el caso de quienes tienen expectativas de formalizar, de casarse o de mantener un vínculo por largo tiempo. La sensación de ser rechazado o no valorado también conlleva a la tristeza.

*El enojo. Es común cuando se siente que un objetivo importante fue bloqueado y no se obtuvo el resultado esperado o porque la pareja se terminó por criticas constantes o engaño.

*El miedo. Se produce cuando la ruptura amenaza el bienestar y aparece el temor a no poder seguir adelante o a no encontrar una compañía amorosa en el futuro.

*La culpa. Se siente que no se hizo las cosas de acuerdo a los valores personales, que se lastimó al otro o se recuerdan errores pasados. Es común preguntarse si haber hecho algo distinto hubiera cambiado el rumbo o hubiera hecho que las cosas fueran distintas. Este último sentimiento puede entorpecer la recuperación si se mantiene a través del tiempo. Por este motivo es importante aceptar lo sucedido y perdonarse los errores que se hayan podido cometer.

CUANDO NO SOMOS SÓLO DOS… Si se enfrenta una ruptura y se tiene hijos, la situación parece desbordar. Para la profesional, lo que debe prevalecer es la honestidad: “Lo principal es poder hablar con los hijos respecto a las dificultades de la pareja y dejarles claro que la separación no se relaciona con nada que ellos hayan hecho o dejado de hacer y transmitirles la tranquilidad de que, pase lo que pase, contarán con sus padres siempre”.

SEGUIR… “El tiempo que dura el duelo y la recuperación depende del tipo de vínculo y de si se cuenta con una red de apoyo como la familia y amigos que puedan acompañar esta etapa”, señala Gil Lemus. Para salir adelante, añade: “Hay que ser conciente de que después de romper un vínculo vienen cambios emocionales que requieren un tiempo para solucionarse. No es adecuado apresurarse a tomar decisiones o hacer cambios drásticos en esta etapa y es recomendable tomarse un tiempo mientras se atraviesa el proceso”.

Por otro lado, como la soledad es una sensación siempre presente, la profesional explica: “Una estrategia que puede resultar útil es realizar actividades placenteras sola o con amigos y familia. Tener mucho tiempo libre puede aumentar el malestar, por eso es importante vincularse con actividades deportivas o culturales que, progresivamente, aumenten la percepción de bienestar”.

para ti

Por Celeste Lattanzio.

Asesoró Laura Marcela Gil Lemus, médica psiquiatra de Fundación Foro.

Foto: Archivo Atlántida.

¿FELICES PARA SIEMPRE?

En los finales de los cuentos que nos narraban de chicas siempre era todo más fácil. Cuando los obstáculos terminaban, finalmente la princesa conseguía a su príncipe azul y eran felices ¡y hasta comían perdices! Pero en la vida real, y más para las nuevas generaciones, todo es más complicado.
Marcelo Passini, psicólogo y admisor de Fundación Foro, explica: “En la sociedad actual el individualismo tiene un gran peso y muchas veces priva sobre la pareja. El individuo tiene más libertad y entonces las parejas jóvenes no ven tan dramático el hecho de discutir y romper un vínculo”.

Pero, ¿qué factores de la modernidad ampliaron esa libertad? “Los cambios que se produjeron en cuanto al rol de la mujer −ya que en el pasado no tenían independencia económica ni muchas posibilidades en el mundo laboral−, los cambios en las leyes, ya que cuando no existía la ley de divorcio se elegía permanecer en pareja antes de perder algunos derechos. Y hasta los avances científicos porque no hace falta estar en pareja para engendrar un hijo”, cuenta el especialista.

LOS PROBLEMAS MÁS COMUNES.Hay causas de peleas que son muy habituales en las parejas que llevan muchos años juntos. Entre ellas, el profesional destaca: “El deterioro que se produce al caer en el aburrimiento, el tedio, la falta de interés y la rutina son los problemas principales”. Además, cuenta que “algunas características de los miembros de la pareja que antes se toleraban o se pasaban por alto, comienzan a tener más peso y a generar descontento”.

¿TODO TIENE SOLUCIÓN? Actualmente, una alternativa muy común es recurrir a terapia de pareja. “Se elige este método cuando la convivencia o los encuentros con la pareja en lugar de ser placenteros terminan siendo frustrantes y generadores de discusiones, o cuando hay enfrentamientos que resultan muy hirientes. O, simplemente, cuando se quiera mejorar el vínculo”, explica el licenciado.

“Muchas veces el terapeuta actúa como un mediador para lograr acuerdos y, como un observador externo, transmite las modalidades vinculares que puede ver entre los miembros de la pareja, y a través de un trabajo conjunto se ve la forma de modificar aquello que es nocivo para la pareja”, dice Passini.

Con respecto a este tipo de terapia el especialista aclara: “Puede ser muy frustrante si se inician las sesiones con la expectativa de que el otro cambie. La terapia también puede ser útil si hay que tomar la decisión de finalizar el vínculo, para que esto se haga de la mejor forma”.

CODO A CODO. Para poder lograr que la pareja sea duradera y estable, Passini aconseja:

*Es necesario evitar todo aquello que puede hacer caer en la rutina, en el aburrimiento y en el desinterés de estar y compartir con el otro.

*Es importante que cada integrante de la pareja tenga su espacio propio, es decir, que no sienta la necesidad ni obligación de compartir todo. ¿Cómo hacerlo? Que cada uno siga manteniendo actividades en las que no estén involucrados los dos.

*¿Algo esencial? Que el hecho de estar juntos y compartir sea una elección y no algo impuesto, que nunca se viva como una obligación.


para ti
Por Celeste Lattanzio

Asesoró Marcelo Passini, psicólogo cognitivo conductual, psicoterapeuta y admisor de la Fundación Foro.

miércoles 2 de noviembre de 2011

El miedo al compromiso

¿Los hombres se comprometen menos que las mujeres? ¿Se prefieren las relaciones free? ¿Se teme al amor? Para Ti Online charló con una especialista que responde a todos tus interrogantes.
“El temor al compromiso afecta tanto a hombres y a mujeres por igual y vemos que detrás de éste se encuentran el miedo al fracaso, a ser herido emocionalmente, a no ser correspondido y al engaño”, explica la psicóloga Mónica Gramajo.Touch & go, relaciones free o amigos con derecho son algunas de las denominaciones que definen a los tipos de pareja actuales. Cada vez son más frecuentes y todas esconden detrás el mismo temor: el miedo al compromiso. Por eso, la psicóloga de Fundación Foro, Mónica Gramajo, explica a Para Ti Online a qué se debe.
“La vida actual se caracteriza por una multiplicidad de estímulos que hace difícil, tanto a los hombres y mujeres, pensar en una pareja estable y en el proyecto de familia tal cual era concebido en otras épocas. Las relaciones de hoy parecieran ser tan efímeras y fugaces como los tiempos que corren”, dice la profesional.

Entre los factores de esta situación se destacan el individualismo y la prioridad a los proyectos e intereses propios. “La sociedad posmoderna resalta estos valores por encima de los demás, lo cual influye en la dinámica de las parejas ya que lo principal no es casarse sino completar el proyecto personal. Hoy vemos la tendencia a contraer matrimonio a edades más avanzadas mientras se disfruta de relaciones free donde ninguno de los dos exige compromiso en cuanto a la exclusividad del vínculo. Pareciera que el amor se ha racionalizado y divorciado de los sentimientos”, explica la especialista.


¿QUIÉN TEME MÁS? Si bien suele señalarse a los hombres como los más proclives a no comprometerse, la psicóloga rompe el mito. “Nosotras trabajamos, somos profesionales, no dependemos económicamente de ellos, y además seguimos ocupando nuestros roles tradicionales. Tenemos más libertad, sabemos lo que queremos y nuestra incorporación al mundo laboral marca un cambio de valores respecto al de nuestras madres y abuelas”. Entonces, el miedo “afecta tanto a hombres y a mujeres por igual y vemos que detrás de éste se encuentran el temor al fracaso, a ser herido emocionalmente, a no ser correspondido y al engaño”, agrega.

Además, la psicóloga explica: “También se esconden creencias rígidas acerca de lo que debe ser un hombre o una mujer, y la idea de que es mejor quedarse donde estamos y no enfrentar nuevas relaciones. Por eso, una persona que teme a comprometerse evita hablar de lo que siente, es celosa, controladora y proyecta en la pareja sus propias inseguridades y conflictos”.


LOS ORÍGENES. ¿De dónde vienen estos miedos? ¿Influye la crianza en los vínculos amorosos? La psicóloga asegura que sí. “Los padres somos el modelo de relación de nuestros hijos y siempre va influir −aunque no sean determinantes− en la elección de la futura pareja”. Es decir que si los padres son una pareja madura, con una buena comunicación a la hora de resolver sus conflictos, el niño va a desarrollar el compromiso y la tolerancia como valores positivos. Como indica Gramajo, “el apego seguro de un hijo con su madre, de quien recibió cariño y contención, va a hacer que éste desarrolle vínculos seguros en su adultez”.


ANIMARSE A QUERER. “El amor no puede quedar por fuera de las profundas modificaciones que plantea el posmodernismo y por eso la pareja estable y tradicional exige una nueva organización para sobrevivir en estos tiempos. Frente a esto, lo importante es aprender a ceder el espacio individual para incluir al nosotros, enfrentando los miedos e inseguridades que nos ayuden a recuperar la confianza”. Ya que, como concluye la profesional, “nunca el ser humano podrá dejar de lado la pasión y la necesidad de amar, somos seres sociales y el amor seguirá siendo el más humano y universal de todos los sentimientos”.


Para Ti
Por Celeste Lattanzio.

martes 25 de octubre de 2011

Celos (Mi amor, mi enfermedad)

Ser o no ser... “No existe no ser celoso”, asegura Luis Buero, psicólogo social y autor de Los celos en los vínculos cotidianos, un libro que escribió tras cinco años de experiencia en la coordinación de talleres para celosos y celados. ¿Cuál es el límite entre los celos naturales, la debilidad y la patología? El especialista en “celos tóxicos” analiza el problema y propone claves para enfrentarlos y evitar daños en la pareja. Además, con sentido común y en clave de humor, un autotest y un detector de celosos implacables.

El se va a jugar al fútbol, después sale con los amigos, y me deja sola”, “Ella da clases de baile y eso me pone loco”, “Ella empezó a estudiar y tengo miedo de que se enamore de algún compañero”, “Me revienta que mi cuñada lo salude tan efusivamente”, “Es demasiado sociable y ellas se pueden confundir”, “Me molesta que no confíe en mí”.
Estas frases que quizás a muchas nos suenen bastante familiares son sólo algunas de las tantas que resuenan en un taller de reflexión unisex para hombres y mujeres, para celosos y celados. Más precisamente, en las reuniones de “Cuando los celos te carcomen”, convocadas y coordinadas –desde 2005– por Luis Buero, periodista, psicólogo social y counselor que además acaba de publicar Los celos en los vínculos cotidianos (Del Nuevo Extremo), un libro dedicado a describir el origen de los llamados “celos tóxicos” y que intenta aportar algunas herramientas para ayudar a disminuir el nivel de angustia de quienes más los sufren. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de celos y, más precisamente, de celos patológicos? Porque ese sentimiento que “revuelve las tripas” cada vez que él habla muy simpáticamente con otra mujer, o cuando ella sale a tomar un café con un amigo de la adolescencia –con quien se reencontró vía Facebook– es algo que toca vivir en una u otra oportunidad, pero no por eso sentimos que tenemos que resolverlo en terapia.

“No existe no ser celoso, lo que sí puede existir es no ser celoso patológico. Los celos de ese tipo se presentan en la pareja como un miedo a ser engañado, a ser abandonado. Y, además, no son justificados, sino imaginarios”, explica Buero, que los describe como celos que van acompañados de intensos sentimientos de inseguridad, autocompasión, hostilidad y depresión. “Y son destructivos para cualquier relación humana”, advierte.


LA OTRA EDAD DE LOS POR QUE… Hay ciertas actitudes que tienen los celosos patológicos que nos permiten distinguirlos fácilmente. “Su angustia se manifiesta en la queja constante, en la demanda excesiva de amor, en la dependencia emocional extrema. Esa queja puede ser ante la dedicación del tiempo del celado a otras actividades que no signifiquen estar con él o ella: algún deporte, estar con los hijos de otro matrimonio, con su madre... El celoso reclama más tiempo, más exclusividad”, detalla y remarca algunas preguntas recurrentes de la vida cotidiana del celoso patológico: “¿Por qué llegaste tan tarde?”, “¿Por qué te perfumaste tanto?”, “¿Por qué mirás con esa cara a las mujeres?”. El coordinador del taller de reflexión “Cuando los celos te carcomen” se ríe al observar que muchas mujeres eligen a su novio porque es muy simpático, pero después se quejan de su carácter y quieren que no sea más simpático… con nadie. En materia de celos, uno de los cócteles explosivos para una relación es el encuentro entre una persona obsesiva y una histérica. “Los sujetos con una estructura subjetiva histérica son personas que con su comportamiento tienden a producir celos en la pareja, porque siempre están tratando de seducir, de llamar la atención, de buscar el deseo de los demás. Cuando se trata de una histérica, ella se pregunta: ¿Qué es ser una mujer? Y, como no existe una respuesta establecida, trata de responder a esa pregunta a través de la mirada masculina. No va a buscar al otro, sólo su deseo, el deseo de ese Gran Otro. Y, si su compañero es un obsesivo, eso a él le resulta muy incómodo, sufre muchísimo”.

Si nos metemos en cuestiones de género, ¿nosotras sufrimos más los celos que los hombres o es al revés? El psicólogo social relativiza las diferencias y afirma que la única distinción puede residir en las reacciones. “Lo que se está viendo mucho últimamente son los casos de violencia de género. El hombre tiende más a la agresividad física, no sólo a la verbal. ‘Si no sos mía, no sos de nadie’, piensan. La mujer, en cambio, si usa la violencia, lo hace como reacción a su exceso de angustia, que se transforma en agresión. Esto tiene que ver, en lo social, con el fuerte machismo que hay en Latinoamérica”.


LA GUERRA DE LOS CELOS. Si nos remontamos cuarenta años atrás, hubo muchos cambios en el rol de la mujer dentro de la sociedad, lo que, indudablemente, influyó en materia de celos. “El cinturón de castidad era de la época medieval. Si lo vemos así, los cambios sociales de las últimas décadas no deberían ser disparadores especiales de las sospechas masculinas. Pero también es cierto que la inserción laboral femenina, los métodos anticonceptivos y la llamada liberación de la mujer (incluyendo su autoabastecimiento económico) contribuyen al pánico de algunos hombres a ser engañados o abandonados”, explica Buero.

Las nuevas tecnologías también dieron pasos de gigante en materia de transformaciones, y se inmiscuyeron en cada resquicio de nuestras vidas, incluso en nuestras relaciones afectivas. Así, teléfonos móviles, casillas de correo electrónico y redes sociales reemplazaron a la técnica de antaño de las “parejas detectives” que revisaban bolsillos y miraban agendas. “Ahora se investigan celulares, la casilla de e-mail y la cuenta de la pareja en Facebook. Sin embargo, hay que pensar que incluso con las nuevas tecnologías se puede burlar al celado, ya que se puede tener otro teléfono celular o una casilla de e-mail desconocida”, afirma el especialista. Lo cierto es que la persona celosa –sea ella o él– se vuelve perseguidora implacable, porque ve a quien está consigo siempre como sospechoso y siente el mundo externo lleno de rivales y, por eso, llega a invadir el mundo privado del otro. Esa es la cuestión... Meternos en la privacidad de la pareja en exceso, convertirnos en policías afectivos full time, es una de las actividades que deberíamos abandonar. “Si el celoso dejara de gastar toda esa energía mental en revisar el mundo privado de su pareja y la usara para realizar cosas por sí mismo –una asignatura pendiente, por ejemplo–, se sentiría mucho mejor, aumentaría su autoestima, y empezaría a recibir una serie de suministros narcisísticos de otras personas y otros ámbitos”, afirma el autor de Los celos en los vínculos cotidianos.

Pero, ¿es la autoestima lo esencial para la recuperación del celoso patológico? A pesar de considerarla importante, Buero cree que lo más importante es que la persona haga una autocrítica definitiva cuando no un tratamiento psicológico, “sobre todo si ve que va pasando por distintas parejas y siempre le pasa lo mismo: pierde por celos”.

En el taller que coordina –al que asisten mujeres y hombres de entre 18 y 80 años– se transmite la idea que no existen garantías de nada y se trabaja sobre conceptos como el desapego y la propia seguridad (“si me engañan o me dejan, no me voy a morir...” es una de las ideas fuerza en este aspecto). De hecho, en su libro, Buero escribe sobre la autorrealización de los celosos como “un paso anterior a la valoración de sí mismos”. Y otra de las claves a tener en cuenta a la hora de combatir los celos excesivos en la pareja son los roles y su necesidad de intercambiarlos. “Existen dos roles en la pareja: el amante y el amado. El amante es el obsesivo que labura por sostener la relación; se acuerda de los aniversarios, se produce más y está atento a todo. El amado, en cambio, es el que recibe y sólo recibe. Si los roles son fijos, resulta muy perjudicial para ambos. Lo ideal sería que las personas fueran conscientes del rol que están desempeñando y que esos roles fuesen intercambiables”. Cuestión de estar atentos sin vigilar demasiado.

Para Ti

Textos: Laura Spiner. Ilustración: Francisco Raúl Alt. Fotos: Claudia Martínez.

Muy cerca de ganar la batalla

Cada año, a más de un millón de mujeres de todo el mundo, de entre 45 y 56 años, se les diagnostica cáncer de mama. Se trata del tipo de cáncer más común entre las mujeres: una de cada diez lo padece, a lo largo de su vida. Sin embargo, la ciencia está cada vez más cerca de torcer el destino de esta verdadera epidemia. Con la revolución de las terapias dirigidas –fármacos que atacan de manera específica–, hasta los cánceres de mama más agresivos están cediendo. Sobrevida. Esa es la palabra clave para todos los enfermos de cáncer y, por supuesto, para las mujeres que sufren cáncer de mama. Porque en este ámbito de la medicina, el térmimo es sinónimo de curación. Y ese fue el mensaje central del último encuentro de la American Society of Clinical Oncology (ASCO), que se llevó a cabo en Atlanta, Estados Unidos. Ahí, con la presencia de 30 mil oncólogos de todo el mundo, se dieron a conocer los últimos avances, desde la genética y la farmacología, que están revolucionando la manera de encarar el cáncer de mama. “Hemos descubierto que hay probablemente entre seis y ocho categorías de cáncer de mama, y cada uno se comporta de forma diferente. Tenemos que acercarnos a cada subcategoría con la mejor terapia”, dijo en Atlanta Dennis J. Slamon, médico de la Universidad de California y uno de los investigadores más renombrados en el área. “Antes, se aceptaba cierto monto de toxicidad a cambio de más beneficios. Eso está cambiando. Hoy, debido al creciente número de sobrevivientes de cáncer de mama (ver recuadro), es cada vez más crítico el desarrollo de terapias efectivas que minimicen los efectos de los tratamientos. El futuro del cáncer de mama está en las terapias dirigidas”, agregó Slamon. Este dato no es menor. El cáncer de mama afecta entre el 8 y el 9 % de las mujeres a lo largo de su vida. Cada año, se diagnostican más de un millón de nuevos casos de este cáncer a nivel global, cifra que lo ubicaría como una verdadera epidemia. Según los cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este año, a más de un millón de mujeres en todo el mundo se le diagnosticará cáncer de mama, una enfermedad que mata a 400.000 mujeres, entre los 45 y 56 años, una franja en la que aún están muy activas. En nuestro país, de los 104 mil nuevos casos de cáncer, 12 mil son de mama. Pero, a pesar de que es el tipo de cáncer más común entre las mujeres, los avances en cuanto a detección temprana y tratamiento lo han convertido en el tipo de cáncer que más sobrevida tiene. Además del hecho de que según el National Center Institute Office of Cancer Suvivorship el de mama tiene un 22 % de sobrevida comparado con otros tipos de cáncer, hay otro dato más: una mujer con diagnóstico de cáncer de mama tiene –independientemente del estadío en que esté- un 50 % más de posibilidades de curación (es decir, una de cada dos mujerse se curan). “Es un tiempo excitante. Probablemente, estamos muy cerca de una victoria en la lucha contra el cáncer de mama”, reveló el médico alemán Michael Untch, en la Media Fair que el laboratorio Roche organizó también en Atlanta. Los resultados presentados indican que hasta el cáncer más agresivo, el HER2 possitive, un tipo de cáncer de mama de pronóstico negativo y muy difícil de tratar, está hoy siendo jaqueado por las nuevas terapias dirigidas (targeted therapies). Aunque con cautela, Untch, de la Universidad Ludwig-Maximilians, de Munich, se animó a decir que “ver que haya casi un 50 % de reducción en el riesgo de que el cáncer vuelva y, por lo tanto, mayor sobrevida es más que una promesa: es una revolución”. Las terapias combinadas A pesar de que es considerado uno de los cucos más grandes de los últimos tiempos, las investigaciones en este campo de la medicina parecen indicar lo contrario. Es sabido que, el cáncer, es un grupo de enfermedades que causan que las células del cuerpo cambien y crezcan sin control. Para decirlo bien claro: “A diferencia de un virus, que es algo externo, el cáncer es un organismo. Luchar contra él, es como una guerra civil. Es más difícil luchar en una guerra civil, que contra enemigos externos. Porque son parecidos a vos: en el cáncer, la lucha es contra tus mismos genes, que se han vuelto locos”, dice el español José Baselga, jefe del servicio de oncología delHospital Universitario Vall d’Hebron, de Barcelona. Sin embargo, Baselga agrega algo más interesante sobre el cáncer: “A pesar de que crecen agresivamente, las células cancerígenas son más frágiles de lo que se piensa. Se cree que son súper monstruos, pero tienen menos recursos de los que se piensa”, aseguró. “Es posible que sean uno o dos los eventos moleculares que hacen que el cáncer crezca. Tenemos evidencia que indica que, si se ataca a una célula cancerígena en los pasos críticos, se le puede inducir un daño significante. Estamos más cerca de lo que pensamos de tener efectos profundos en cáncer”. Aunque empieza en el tejido mamario, que está hecho de glándulas para la producción de leche, el cáncer de mama no es una sola enfermedad: es, más bien una enfermedad sistémica (esto significa que es posible que las mujeres no mueran finalmente del cáncer de mama original, sino debido a tumores celulares, que surgen a partir del tumor primario). Se lo clasifica como temprano o metastásico y, a su vez, en cuatro estadíos, dependiendo del tamaño y si ha migrado o no a otras partes del cuerpo. Hay, además, varios tipos de cáncer de mama. Un tejido maligno, por ejemplo, suele derivar en un ER, que es un tumor con receptores de estrógeno; o en un HER2 (human epidermal growth factor receptor 2). El HER2 es una proteína, producida por un gen específico, que está relacionado con un tipo particularmente agresivo de cáncer de mama, conocido como HER2 possitive. Este afecta entre un 20 y un 30 % de las mujeres con cáncer de mama, y requiere una especial atención, ya que el tumor del HER2 possitive crece de forma increíblemente rápida. Para algunas mujeres que tienen tumores con expresión HER2 possitive, la esperanza de sobrevida viene de la mano de una droga llamada trastuzumab. Elaborado por Roche, bajo el nombre comercial de Herceptin, este nuevo agente biológico –aprobado en 1998– representa el mayor avance a la hora de extender la vida de las pacientes y prevenir la recurrencia de la enfermedad en aquellas que ya han recibido quimioterapia. “Este agente biológico actúa atacando la superficie de las células. No sólo evita que la proteína se active, sino que provoca un serio daño que lleva a un achicamiento del tumor y, luego, a la destrucción de las células tumorales”, explica Untch. Las extensivas investigaciones que envuelven ensayos clínicos, muestran que trastuzumab, que es el primer anticuerpo monoclonal que actúa en la superficie de la célula, aprobado en tiempo récord por las administraciones europeas, prolonga significativamente la vida en promedio de las pacientes con HER2. ¿Cuánto? “Los resultados del HERA, uno de los mayores estudios internacionales de fase III sobre cáncer de mama, llevados a cabo hasta el momento, revelaron que en las pacientes con diagnóstico temprano de cáncer de mama, el trastuzumab redujo el riesgo de muerte en un 34 %”, dijo Untch. Esta droga, combinada con la quimioterapia y tratamientos hormonales estándar, logró reducir un 50 % los índices de recurrencia (diseasse free survival) del cáncer de mama en estadío temprano, una cifra que Untch califica de “excitante y alentadora. Podemos doblar el número de los sobrevivientes y darles mejor calidad de vida”. El tema es que no todas las pacientes responden al trastuzumab. Aunque no ha sido aprobada todavía, algunas investigaciones aseguran que el lapatinib –una droga que actúa en el interior de la célula, deteniendo la migración y que desarrolla el laboratorio GaxoSmithKline– podría reemplazar al Herceptin. Sin embargo, estudios recientes indican que, la combinación de las dos drogas, lograría un incremento de la efectividad, evitaría la migración del tumor y, finalmente, lograría su desaparición. De hecho, en el mega congreso de Atlanta, se presentó un estudio de fase III que demostró que en combinación con el trastuzumab, el lapatinib otorgaba una “importante y estadísticamente significativa prolongación de la vida, y un detenimiento de la progresión de la enfermedad, a las pacientes con EbB2 possitive”, un tipo de cáncer de mama metastásico y resistente. Lo mismo sucedió con bevacizumab: estudios de fase III demostraron que esta droga, en combinación con el tratamiento estándar, también doblaba las chances de sobrevida. Las llamadas terapias dirigidas, o a la carta, son fármacos que atacan de manera específica a la molécula que es responsable de que una célula sea cancerosa. Están inspiradas en las terapias del HIV. Según explica Baselga, “las terapias del sida mostraron que, armando un cóctel de terapias, se retardaba la aparición del virus. Esa idea se aplicó al cáncer. Si el trastuzumab no funciona a la hora de bloquear el HER2, lo que hacemos es combinarlo con otros inhibidores, y la respuesta es muy superior”. ¿Este es el único approach? No, afirma el español: “Si se produce una resistencia a la primera terapia, hay muchísimas posibilidades de combinación. Si somos lo suficientemente inteligentes, si bloqueamos los pathways, las combinaciones actuarán mejor que la quimioterapia sola. Lo que las terapias moleculares dirigidas hacen es provocar una sinergia”, dijo Baselga. Por ejemplo, en este momento, varios estudios están llevándose a cabo con la combinación de capecitabine (Xeloda, una píldora de Roche) o vinorelbine (Navelbine Oral, de Laboratorio Pierre Fabre) con los tratamientos estándar. A estas terapias moleculares dirigidas, Baselga las engloba dentro de lo que él llama la segunda ola de inhibidores. ¿Habrá una tercera generación? Sí, identificar mejor el perfil genético de las pacientes que responden o no a determinada medicación. El derecho a elegir En el pasado, las terapias para atacar al cáncer eran mutilantes. Las terapias dirigidas de hoy, implican mucho más que a apuntar a targets específicos. “Los nuevos agentes y los nuevos estudios que están viniendo nos dan la oportunidad de estudiar hipótesis que en el pasado considerábamos imposibles. Uno de los más grandes desafíos en la oncología médica, es lograr un cambio cultural”, opina José Baselga. La lista de desafíos futuros podría ser encabezada por la quimioterapia. Para Baselga, “los médicos tienen un problema cultural con ella: son quimiodependientes. Creo que, si bien no terminaremos con ella, la utilizaremos mejor. Será un complemento”. Sin embargo, haber llegado a esta decisión supone otros pasos previos, no menos importantes. Según dos de las más grandes sociedades oncológicas del mundo, la American Society of Clincial Oncology (ASCO) y la European Society for Medical Oncology (ESMO), los pacientes de cáncer deben discutir junto con sus oncólogos sobre cuál es la mejor opción de tratamiento, según sus riesgos y beneficios, el estado y las características biológicas del cáncer y la edad de la paciente. Cada uno de los diez puntos del consenso, que dieron a conocer estas dos sociedades, encierra un derecho que los pacientes deberían apropiarse. El derecho a la información, es uno fundamental. “Ni bien una paciente se entere de que tiene cáncer, lo que tiene que hacer, es solicitarle a su médico que le haga un screening, para saber qué tipo de cáncer de mama tiene”, señaló Untch. Todas las mujeres deberían saber, además, que hoy en día el tratamiento del cáncer merece un enfoque multidisciplinario: “Se necesitan buenos radiólogos, para tener buenas mamografías, buenos cirujanos, para hacer buenas cirugías, buenos patólogos, para hacer buenos tests, buenos oncólogos, para que te den buenos tratamientos, y muchas otras especialidades más. Si esta cadena no se rompe, la paciente sobrevivirá”, puntualizó Untch, en el encuentro que Roche organizó con los periodistas de todo el mundo. Es más: con las terapias dirigidas, tendrán mejor calidad de vida, por más tiempo. “Desafortunadamente, las cifras indican que, una de cada 10 mujeres, tendrá cáncer de mama a lo largo de su vida. Entonces, a cierta edad, muchas tendrán que enfrentar al cáncer. Pero, hoy sabemos qué podemos hacer, algo que no sucedía hace 20 años atrás. Y en 10 años más, estaremos un poco más cerca de la cura. Mientras tanto, hay muchísimas pequeñas revoluciones en las terapias del cáncer que ya lo están cambiando todo”. Texto: Para Ti. M. F. Sanguinetti Fotos: A. Atlántida y Photo Courtesy© ASCO/Todd Buchanan