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jueves, 23 de julio de 2009

Dime cómo es tu ex y te diré cómo sacártelo de encima


"Cada casa es un mundo", dicen. Cada pareja, también. Y, por ende, cada separación implica el nacimiento de otro tipo de relación con el ex, que no siempre es armónica y puede tomar caminos insospechados.

Beatriz Goldberg, licenciada en Psicología y especialista en crisis de pareja, individuales y familiares, elaboró una lista de "modelos predeterminados de ex", en base a los testimonios de pacientes en consulta. Todos ellos se encuentran en el libro Me separé, ¿y ahora…?, de Editorial Longseller.

Tipos de ex
El que va y viene
Es aquel que, aunque haya sido él quien puso punto final a la relación, se las ingenia para nunca "irse del todo". Con frases como "estoy confundido", "me di cuenta que todavía te quiero" o "volvamos a empezar", arruinan cualquier intento femenino de reorganizar la vida.

Si hay hijos, el discurso apunta a ellos: "Volvamos, no sólo por nosotros, sino por los chicos".

Para Goldberg, en la mayoría de los casos el ex desaparece después de este pedido, o sólo retorna para dejar en la antigua casa familiar el cepillo de dientes y algo de ropa.

Por eso los califica como "inmaduros, narcisistas y egoístas", ya que no quieren que esa mujer que alguna vez fue suya vuelva a formar pareja.

En estos casos, la especialista propone como única opción ponerse firme y hacerles saber que ya se eligió un camino, y que él no está en los planes.

El que juega al padre ejemplar
Es aquel que nunca falta a los actos de colegio y llega siempre a los cumpleaños de los chicos con el regalo más grande de todos. Sin embargo, la ex mujer sabe que no los llama nunca, es impuntual a la hora de las visitas, siempre los saca a pasear a lo de su madre y nunca tiene tiempo para llevarlos de vacaciones. Ante los ojos de los demás él es "perfecto" y ella "la mala de la película".

Para Goldberg, a estos hombres sólo sirve ignorarlos, matarlos con la indiferencia y no competir con ellos. Con respecto a los chicos, si bien se van a ver deslumbrados al principio, con el tiempo se darán cuenta qué valorar de cada uno de los padres.

El que le echa la culpa de todo
Son aquellos hombres que la acusan de haber convertido su vida en un calvario. Delante de familiares, amigos –propios o en común-, conocidos, compañeros de trabajo y hasta el chofer del taxi no dudan en relatar lo "loca" que está su ex, y destacan su malignidad, tozudez, inmadurez y los "sospechosos deseos de quedarse sola", lo cual, obviamente, los hizo abandonar el hogar "a su pesar".

Esta es la manera, según la especialista, que tiene el hombre de no asumir ninguna responsabilidad en la separación, y de poner "paños fríos" a su ego herido porque a ella ya no le interesa volver a su lado.

Frente a este tipo de actitudes, Goldberg aconseja no caer en el "ojo por ojo": desacreditarlo delante de los demás no conduce a nada. Para ella, el mejor método es ignorarlo y nunca desmentirlo. Con el tiempo, asegura, todos se darán cuenta cómo son las cosas en verdad, y él terminará mostrando "la hilacha".

El playboy tardío
Es aquel que, con la separación, se retrotrae a su adolescencia: comienza a ir al gimnasio; se le insinúa a jovencitas, compañeras de trabajo, amigas de su ex y hasta a la camarera que lo atiende en el almuerzo todos los días; utiliza ropa moderna e incorpora vocablos propios de los más chicos.

El hombre está convencido de que sus atractivos siguen intactos y que puede actuar con el mismo desparpajo que hace años.

Su objetivo es que ella vea "lo que se está perdiendo", y que está en la mejor etapa de su vida. Pero no tiene en cuenta de que a su ex ya nada de él le interesa.

La psicóloga pide a las ex parejas que los sufren que no se preocupen y les crean la mitad de las cosas que dicen. "Con el objetivo de dañarla a usted, es él el que se daña a sí mismo", aseguró.

El que quiere que su ex sea su amante
Es aquel hombre que "todo lo recicla". Así, cuando se reúna con su ex para charlar de cuestiones de los hijos, le propondrá ir a un hotel cercano a "recordar viejas épocas". Y esto a pesar de que él ya esté con otra y ella esté comenzando una nueva relación.

No está arrepentido de la separación, sino que le gustan los triángulos amorosos, las confusiones y las intrigas.

Como este tipo de hombre, según Goldberg, es competitivo por naturaleza, intentará conocer todos los detalles sexuales de su nueva pareja, para compararse y así reafirmar que sigue siendo el mejor amante.

Él no quiere volver, pero intentará seguir unido a su ex como amante para compartir así un secreto inconfesable.

Para la especialista se trata de un hombre dominador y autoritario, aunque se muestre afable y comprensivo. Pide no volver a caer en sus redes, porque esto boicoteará todo intento de relación con otro hombre, además de someter a la ex mujer a un presión ilimitada.

martes, 16 de diciembre de 2008

“¡Llegaron las fiestas!”

por QUENA STRAUSS, periodista

Desde la impunidad que da el anonimato, tranquilamente podría decirte que esto de andar a las corridas en busca de regalos y con cuarenta y siete grados a la sombra está buenísimo. Que viva la Navidad, que Año Nuevo es vida nueva, que “ponele un poco de onda, por favor”. Pero –pensándolo con el único sexto de neurona que permanece en funcionamiento en estos días de ciudad microondas- ¿Para qué te voy a engañar? Yo, que el año pasado me he levantado cual gallito bravo a las cinco de la mañana a hornear pan dulce casero, puedo asegurarte de que la corrida de estos días es inhumana. Pero entiendo también que –como tratar de sustraerte de la locura te convierte automáticamente en un ser mala onda– hay que correr para donde corre el resto del mundo. A saber: a) el shopping y b) el súper. Según parece, no reservar a tiempo tu peceto es como perderte el sorteo de las green cards en Estados Unidos y quedarte a vivir bajo la barba de Fidel per secula seculorum.
Lo mismo pasa en las jugueterías, pero por suerte –mirá qué previsora– yo ya tengo pago medio dinosaurio a pilas. Casi me siento una mamá de comercial de jabón en polvo. Por lo demás, mi vida es el caos de cada diciembre: no encuentro el arbolito, y sé que cuando finalmente lo ubique faltará el pie. Como el año pasado, y como el anterior, volveré a decirme en voz baja que no me vuelva loca. Que nada de esto merece la pena. Inútil: no bien mi hijo comience a ver las vidrieras llenas de medias rojas, comenzará la ordalía del “A Papá Nué le vuá a pedí…”.

Esta forma de tortura ambulante consiste en ser trasladada de negocio en negocio por un cosito que habla mal, y mientras te muestra el objeto de sus amores (un camión de bomberos turbo sónico que vale lo que un Rolls, por ejemplo) te tironea de la mano, de la muñeca y del codo, al grito de “A Papá Nué le vuá a pedí”. Apenas matizará tu martirio algún llamadete de tu suegra, deseosa de acoplarse al evento navideño siempre y cuando se haga en tu casa, otro de la amiga ésa que sólo levanta el tubo para estas fecha, y tristezas por el estilo. Seré pues la profetisa del horror que se avecina, y te diré que en torno al 22 de diciembre caerás desmayada sobre un colchón, mientras la casa expele olor a esa clase de cosas que no cocinás nunca, tu presupuesto cruje y tu niño no cesa en la letanía que comienza diciendo “A Papá Nué”. Te deseo pues, y de corazón, que un súbito desmayo de dos te mantenga en ese estado de feliz ausencia. Es, hasta el momento, la única manera que conozco de cruzar el río de las fiestas sin morir en el intento.
Fuente: Para Ti

sábado, 6 de septiembre de 2008

Diálogo: Clave para mejorar el sexo en la pareja

Muchas mujeres que se encuentran en relaciones de largo plazo nunca han experimentado un orgasmo, en gran parte por el miedo que tienen de comunicárselos a sus parejas. Por su parte, muchos hombres no experimentan toda la satisfacción que desearían, por lo que ambos -mujeres y hombres- se encuentran viviendo una vida sexual de ficción en la que uno o ninguno de los dos logra llegar a la plenitud sexual.

Tal vez ya sea tiempo de preguntarle a su pareja si está verdaderamente satisfecha con sus relaciones, y de averiguar qué es lo usted podría hacer para satisfacerla. El verdadero secreto para esto, será comenzar manteniendo una adecuada comunicación, en la que ambos puedan expresar libremente cómo sería una gran vida sexual para cada uno.

Claro que la comunicación es, probablemente, uno los aspectos más sensibles en cualquier relación de pareja, especialmente en aquellas que se mantienen desde hace mucho tiempo.

De hecho, existen personas que pueden hablar respecto a su vida sexual con casi cualquier persona, menos con su pareja, aunque también se cuentan por miles aquellos que directamente no pueden decirle a nadie ni una sola palabra con respecto a esto.

Pero lo cierto es que si no se mantiene con la pareja una comunicación franca sobre la vida sexual y los asuntos referentes a la intimidad, ambos se podrían estar privando de maravillosas experiencias de vida.

Y sin embargo, la única manera de gestar una sana y gozosa relación, tanto sexual como no sexual, será abriendo una vía de comunicación, que no obstante no surgirá sola, sino que se deberá trabajar para lograrla.

¿Cuáles son las barreras que dificultan tal comunicación en la vida de las parejas? Según coinciden los expertos, son estas cuatro:

1. Temor a la pérdida o el rechazo, o a verse como un egoísta

Si se acerca a su amante con una gran ternura y compasión, no tendrían por que existir mayores dificultades. Y para el caso que sí las haya, es posible que, incluso, esto sea mejor para usted, pues se dará cuenta de que no estaba con una persona con la cual podía contar.

También es posible que su amante rechace alguna idea o dilema que le exprese, pero debe saber que esto podría ser sólo una reacción inicial, pues, de hecho, algunas persona son muy cerradas y le temen a algo nuevo, diferente, o desconocido, por lo que interponen una gran resistencia a todo cambio.

Pero, nuevamente, se debe saber que con amor, compasión, ternura, y una clara explicación, siempre se podrá aliviar el temor de alguien que actúe de buena fe.

Otro de los puntos que también podrían tener mucha influencia en la carencia de una vida sexual apropiada, es la falta de comunicación a causa de sentir que los pedidos de tener un mejor sexo pueden verse como algo narcisista o egoísta.

Sin embargo, muy por el contrario, cuando se puede hablar francamente de todo esto, también se podrá incentivar a la pareja para que le diga lo que ella también siente que está perdiendo.

Por eso, la comunicación debe ser como un foro abierto, donde uno se preocupe por su relación, para de esta manera preocuparse por el bienestar de ambos, en pos de llegar a una relación más satisfactoria que incluya también el goce de la pareja. Si su pareja verdaderamente le ama, él o ella estará dispuesta a oírlo y a querer satisfacerlo, sabiendo además que ésta será la mejor forma de satisfacerse.

2. Negar un problema más grave

Es también posible que su amante experimente algunas dificultades físicas o mentales a la hora de mantener el encuentro sexual. De hecho, podrían existir una gran cantidad de asuntos implicados en las razones por las cuales el sexo no es totalmente agradable, pero, quizás, su pareja no desee confesar estos problemas, bien por pudor o bien para que usted no se preocupe.

3. Ego, ese enemigo tan humano

Es totalmente entendible que su pareja no le hable respecto a experimentar cierta falta de satisfacción, para no hacerle a sentir incómodo o inseguro sobre su desempeño amoroso. De hecho, podría lastimar el ego de una persona si esta sabe que su amante está insatisfecho.

Pero comunicando y compartiendo estos sentimientos de una manera amorosa y comprensiva, se podrá llegar a aprender cuáles son las necesidades de su pareja, y poder darle, de esta forma, el mejor sexo que él o ella hayan tenido jamás. Incluso, es probable que se terminen experimentando los más altos sentimientos cuando se expresen todas estas disconformidades a la pareja, y se sea capaz de escuchar las quejas de ella también.

Para averiguar esto último, debería acercase a su amante con la misma ternura que querría que utilice con usted, así como estar dispuesto a oírle con la misma apertura con que le gustaría ser escuchado.

Por eso, si desde un principio no se puede experimentar un buen placer sexual, no debe tener miedo de comunicar la necesidad de un cambio, para hacer un nuevo y triunfal comienzo.

4. Una educación muy rígida, y dificultad para expresar las emociones

Son muchas las personas, aunque más especialmente los hombres, que fueron educados para tratar con sus propios problemas internamente, es decir por sí mismos y sin compartirlos con nadie.

En realidad, todo esto puede traer como resultado sólo enojo y frustración, y de hecho no es posible mantenerlo por mucho tiempo, pues a la larga siempre producirá un daño emocional que obligará a expresar las dificultades, aunque en muchos casos cuando ya sea tarde.

Asimismo, las emociones siempre tendrán una gran incidencia en la forma de comunicarse. La mayoría de la gente siente que si le dice algo "incorrecto" a su amante, podría llegar a lastimar sus sentimientos.

Pero por su parte, la pareja también permanece callada, aunque insatisfecha, y entre ambos miembros se construye una incomunicación que perdura en el tiempo, haciendo que ambos se sientan desdichados.
05 de septiembre de 2008 (corrientesnoticias)

jueves, 7 de agosto de 2008

Mujer y ansiedad, de mal en peor

En los últimos años, no sólo superamos largamente a los hombres en el número de consultas por trastornos o fobias, sino que por no tratar estos problemas como se deben, derivan en depresión o enfermedades. Es esencial escuchar los síntomas y rehabilitarse y la familia tiene un rol protagónico.

En abril de 1997, Alicia (45) se encontraba caminando por la calle cuando, inesperadamente, comenzó a sentir que se mareaba. Al instante, una sudoración muy fría recorrió su cuerpo y su corazón comenzó a galopar aceleradamente. A los dos meses, le volvió a pasar algo similar, tuvo mucho miedo y como el susto fue mayor, decidió que era tiempo de consultar al médico. Sus síntomas eran taquicardia, mareos, transpiración, flojedad en las piernas, nudo en la garganta y la plena seguridad de estar a instantes de morirse. Sin embargo, tardó dos años en encontrar un especialista que acertó en su diagnóstico: tenía ataques de pánico, una de las tantas enfermedades de la familia de los trastornos de ansiedad que padecen más las mujeres que los hombres. “En ese momento llegué a la conclusión de que evitando ir a los lugares donde aquellos síntomas habían aparecido, éstos no se presentarían, ya que por el sólo hecho de saber que tenía que afrontar algo, como una reunión de padres en el colegio de mis hijos, el temor a que esos síntomas aparecieran comenzaban a acechar”, recuerda Alicia. Y agrega: “Así fue que dejé de ir al supermercado, hacer un trámite bancario o viajar en un colectivo y se me presentó otro problema: ¿cómo explicar a mi familia que no podía ir a pagar un impuesto, que no podía ir a un cine, que no llevaba a mis hijos al parque?”.En estos 11 años, el ataque de pánico ha logrado ser descifrado e interpretado más rápidamente, incluso, tal vez gracias a testimonios público como el del cantante León Gieco, la gente aprendió a reconocer el síntoma y llegar al consultorio con más información.
La edad ansiosaEntre 2000 y 2007, el 63% de las consultas sobre este tipo de enfermedades fue hecha por mujeres y sólo el 37% por hombres, según un estudio realizado por el Fobia Club (una organización no gubernamental dedicada a la orientación, investigación y ayuda solidaria de personas que sufren trastornos de ansiedad). Estas estadísticas coinciden con trabajos de campo que se realizaron en países europeos y en los Estados Unidos en el que se pudo determinar que por cada hombre, hay dos o tres mujeres con estas dolencias.Sin embargo, los especialistas coinciden en que las mujeres son las que más consultan y no las que más sufren estos cuadros nerviosos y emocionales, tal vez porque los hombres aun tienen que lidiar con cierto prejuicio machista que les impide confesar ciertos temores.Este síndrome aparece más conmunmente entre los 20 y los 40 años, edad en la cual la persona sale del amparo y de la situación de seguridad que significa vivir con sus padres para salir a buscar un trabajo, establecerse en una pareja y una familia, decidirse a ser madre o padre y criar un hijo, todas situaciones que hacen que muchas se sientan incapaces para afrontar desafíos y resolver situaciones.En las mujeres, el proceso del embarazo también puede remitir a algunos de los síntomas y el crecimiento de los hijos, los problemas en el colegio y las preocupaciones de la adolescencia también alimentar la ansiedad generalizada.Dentro de las enfermedades de trastornos de la ansiedad que más padecieron las mujeres en ese lapso –sobre un total de 3.750 consultas- sobresale el trastorno de pánico con agorafobia (29%), seguido de trastorno de ansiedad social (26%), trastorno por ansiedad generalizada (14%), depresión (11%) y trastorno obsesivo compulsivo (9%). Durante 13 años, Sandra (40) padeció ataques de pánico con agorafobia, pero se enteró de su diagnóstico mucho tiempo después. La primera vez que sintió taquicardia, sudoración, dolor en el cuello y que se le nublaba la vista fue arriba del colectivo, pero comenzó a repetirse en otras circunstancias.Entonces, decidió ir a un cardiólogo, el que la derivó a un psicólogo porque suponía que tenía un estrés lógico ya que hacía poco tiempo que se había casado. “Me daba vergüenza decir qué me pasaba porque yo tampoco sabía que era lo que tenía. Todo eso me afectó en mi vida: no podía ir a hacer compras ya que dependía siempre de mi marido, ni tampoco llevar a mi hija a ningún lado. La calidad de vida que tenía era horrible, espantosa”, recuerda.
Todo giraAun en pleno siglo XXI, el de las comunicaciones masivas, para el común de la gente es más sencillo y habitual atender a un mal físico que a uno emocional. Cuando el cuerpo duele, enseguida se llama al médico. En cambio, cuando duele el alma, se espera que pase y no se hace nada.Con los cuadros depresivos o de ansiedad, el riesgo de desoírlos es que avanzan y pasan de “Guatemala a Guatepeor”. Un ataque de pánico no atendido en su momento, como se vio en los casos citados, deriva en fobias que, a su vez, al desmejorar la calidad de vida y llevar al paciente al encierro, culminan en depresión. Por supuesto, todos estos sindromes pueden abrirles las puertas a enfermedades desde hipertensión a cáncer, en el peor de los casos. En el mejor, dejan secuelas: mucha gente, después de un ataque de pánico, quedó para siempre con claustrofobia, un problema menor pero nada agradable.En el caso particular de las mujeres, la excusa más popular es la falta de tiempo. Tapadas por las agendas laborales, domésticas y de crianza de los hijos, cuando suena el timbre de la ansiedad en el primer espasmo, piden permiso para irse un rato a dormir y se levantan fingiendo sentirse como nuevas. En la inercia de la sobrexigencia, vuelven al ruedo. Por eso, el mandato debe ser que ante cualquier síntoma de ansiedad o depresión paren y se hagan atender como corresponde.
Al consultorioFrente a estos episodios, la familia ocupa un rol esencial. No sólo se debe convertir en contenedora del pacientes, sino en una enorme oreja dispuesta a escuchar el miedo y la desesperación. Como en muchas otras dolencias, en estas, la palabra es un curador.Pero antes, es muy importante acceder a un buen diagnóstico, el primer paso hacia el tratamiento psicológico (donde el especialista debe estar capacitado para quitarle ciertas creencias al paciente) y la evaluación de indicadores médicos y biológicos para el posterior tratamiento farmacológico especifico.La rehabilitación de estos procesos puede durar entre tres y seis meses, aunque es importante no abandonar el seguimiento médico para no tener recaídas.Por la cabeza de Sandra pasaban pensamientos “catastróficos” que iban desde que pronto moriría a que se estaba volviendo loca. Sin embargo, después de varias consultas, conoció a un psiquiatra que le hizo los estudios necesarios que permitieron confirmar que padecía ataques de pánico con agorafobia. Desde ese momento, pudo volver a enfrentarse con ese miedo que significaba subirse a un colectivo. “Al principio lo tomaba por una parada o por dos hasta que el cuerpo se acostumbraba a no tener síntomas. Cuanto más repetía esta secuencia, más empuje me daba para poder ir donde quisiera. Fue un placer muy grande porque me empecé a movilizar sola, pude llevar al cine a mi hija ya que antes lo hacía mi esposo y yo esperaba en un bar”, cuenta.Hace tres años que Sandra está recuperada y no teme a volver a pasar por la misma situación que tan mal la tuvo. “Creo que ahora estoy bien parada, me dieron las herramientas y las supe aprovechar. Sentí el respaldo de mi marido y de mi familia que me acompañaron y compartieron mis logros”, define.Por último, los especialistas recomiendan que los pacientes puedan compartir la enfermedad entre pares y reconocerse, ya que eso los fortalece y alivia mucho, fomentando la capacidad de estimularse mutuamente.

Alejandro Gorenstein

lunes, 28 de julio de 2008

CORAZON ROTO O BOLSILLO ROTO?

A veces las cosas se confunden, y uno se pregunta qué es lo que duele más en algunas historias. A decir verdad, es cada vez más frecuente ver cómo las relaciones amorosas han quedado expuestas al "consumismo" que tiñe todos los aspectos de la vida, y es materia de estudio de los antropólogos, sociólogos y todo aquel dedicado al estudio de lo que tenga que ver con el amor. Zygmunt Bauman introduce el concepto de amor líquido para hacer un análisis de lo que denomina el "amor sin garantías" o fast love.
Vivimos intentando relacionarnos y, al hacerlo, sabemos que hoy no hay garantías de durabilidad de lo que elegimos. Todo es para consumir hoy, como si supiéramos que hay una fecha de vencimiento al otro lado del envase…En esta movida, hay quienes deciden lanzarse a vivir todo por el todo y se casan, o se van a vivir juntos y se prometen a sí mismos entregarse totalmente para tener felicidad y éxito en la intentona, aunque igual hay cierta tranquilidad, total no es para siempre, y siempre se puede sentir arrepentimiento si la dicha no es total. Hoy, no existe el concepto de la "eternidad".
Así se da, y pareciera que cuando gotea el amor y se termina, el detalle que importa es cómo salir del tema sin que el agua llegue al cuello.
Esta no es sólo una era de amor líquido, de consumismo, de fast food o fast love. Es una era material, y si antes las mujeres reclamaban que les habían partido el corazón, es interesante ver cómo con lágrimas relatan que lo que más les duele es que lo que les queda partido es el bolsillo. Seamos sinceros, hoy las relaciones por interés están a la orden del día. Algunas piensan que una relación de pareja debe ser evaluada en su final como un cierre de negocio. (Teniendo en cuenta que algunas "dejan todo" por amor, habrá que ver si no tienen razón).
¿Qué puede esperar una chica material que invierte años de su vida cuando llega el momento del descarte y no está casada? ¿Cuáles son los ítems que puede reclamar?
a) Bienes registrables: A pesar de no revestir carácter ganancial por falta de vínculo legal, si están a nombre de ambos integrantes de la pareja se puede dividir, como cualquier condominio (si alguno de los dos decide quedarse en el departamento, es conveniente firmar un acuerdo de venta, con opciones de oferta a aceptar y plazos para elegir inmobiliarias a designar y, en su defecto, el pago de un alquiler a favor de quien lo desocupa). Si se trata de un auto, se puede hacer firmar el formulario 08 a cambio de la compra de la mitad del vehículo.
b) Bienes no registrables: Y si, pueden ser electrodomésticos que compraron juntos, arte, etc. El que conservó la factura a su nombre cuenta con ventajas en el caso de litigio, pero lo más conveniente es hacer un inventario y negociar objeto por objeto.
c) Cuentas bancarias: Si alguno llegó primero y dijo "piedra libre" a lo que había abajo del colchón (pensá que la gente muestra lo peor en caso de despecho) es muy difícil de recuperar, pero en una relación estable, lo más claro es tener cuentas conjuntas de lo que se desea ahorrar.
Claro está que cuando la mujer da el portazo, el hombre puede llegar a reclamar todo lo que invirtiera en ella, hasta las intervenciones estéticas… Pero eso entra dentro de lo que denominamos tragedia vivida con humor…
Qué puede esperar una chica material que suelta a los cuatro vientos que se sacrificó junto a alguien, que todo lo hicieron de a dos cuando él le responda que vivió como una reina, que gastó todo en ella, que no hay nada ahorrado porque le compró ropa, la llevó de viaje y le dio todo lo que podía consumir y mucho más…
La respuesta es que no demasiado, que si en verdad ella fue la que ganó dinero durante los años que vivieron juntos, lo puede demostrar recurriendo a su declaración jurada de bienes ante la AFIP. Que si él un poquito de razón tiene, la verdad es que nadie la obligó a vivir fuera del matrimonio, sin promesas a futuro en esta era de amor sin garantías. Si mientras duró estuvo bueno, y se la quiere calmar habrá que convencerla de que lo tomó como que fueron unas vacaciones largas ganadas por sus grandes virtudes. Cuando se quiere vivir en Disneylandia, no se puede reclamar cuando se termina la vida con Mickey Mouse.
Es bueno crecer, no echarle la culpa siempre al otro y hacerse cargo de los actos propios. Si vivís en un departamento alquilado, no se tiene por qué echarle la culpa al dueño si decide no renovar el contrato... De la misma manera que no se puede culpar a nadie si uno quiere vivir la vida tal como está de moda en esta era, con exitismo fácil, fugaz, de vacaciones o de fiesta. Algunas cosas hay que medirlas y tomar recaudos por si las cosas salen mal. Es como cuando vas al súper a comprar yogur: siempre hay que mirar que la fecha de vencimiento no esté cerca, y mi secreto es agarrar siempre los que colocan al final en la heladera.

por Merlina Licht