Mostrando entradas con la etiqueta trastornos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trastornos. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de septiembre de 2008

La maternidad puede ocasionar trastornos de ansiedad

Aunque la llegada de un nuevo integrante a la familia sea buscada y deseada, para la mayoría de las mujeres, más aún las primerizas, el nacimiento de un hijo les genera un alto grado de estrés

Según el Centro de Estudios Especialista en Trastornos de Ansiedad (CEETA), experimentar la maternidad puede causar en algunas mujeres severos trastornos de ansiedad.

Si bien la llegada de un bebé es un hecho muy esperado y feliz en la vida de la mayoría de las mujeres, según el CEETA, experimentar la llegada de un hijo puede producir trastornos de ansiedad en la madre, como el trastorno de pánico, que puede resultar incapacitante para la persona que lo sufre.

"El solo hecho de que nazca un hijo implica un alto grado de estrés porque, sobre todo en el caso de una mamá primeriza, hay un montón de lenguaje a decodificar a través del llanto del bebé para saber qué es lo que le está pasando. Este estrés puede llegar a elevarse demasiado en mujeres que tienen una predisposición a sufrir ataques de ansiedad, lo cual es muy problemático ya que la persona puede quedar incapacitada para realizar distintas actividades de su vida cotidiana", explica la licenciada Gabriela Martínez Castro, directora del CEETA.

Para una madre que sufre un trastorno de ansiedad, el temor más grande es que le suceda algo grave a su hijo, como que enferme, muera o tenga un accidente, y siempre llevado a la máxima expresión dentro de su cabeza.

Según Martínez Castro, el tipo de trastorno de ansiedad más común que sufren las madres primerizas, o las que acaban de tener un hijo, es el trastorno de pánico, en el que se presentan distintos síntomas físicos: "la paciente experimenta la sensación de estar cerca de la muerte, o la locura, sufre taquicardia, falta de respiración, ahogo, entre otros efectos". Esta tipología en particular de trastorno de ansiedad, suele avanzar rápidamente y tiene consecuencias graves.

Madres de futuros ansiosos
Desde el CEETA también explican que muchas madres, que son hipertemerosas con respecto al cuidado de sus hijos, están esculpiendo a futuro personas con trastornos de ansiedad.

Las personas con predisposición a sufrir trastornos de ansiedad generalmente son bastante protectoras, controladoras, temerosas y, por supuesto, en todos sus pensamientos se anticipan a lo peor que puede suceder.

"Una de las consecuencias más importantes que puede tener un trastorno de esta naturaleza es que los hijos repitan un trastorno de ansiedad tal cual lo tienen los padres. Para padecer un trastorno de ansiedad tienen que cumplirse tres condiciones: tener una predisposición genética a sufrirlo; por otra parte está el tema de la crianza, una mamá muy temerosa le está inculcando a su hijo un temor y por último, tiene que haber un episodio desencadenante que genere que ese trastorno de ansiedad se manifieste en la persona".

Recomendaciones
Según su experiencia en casos de esta índole, Martínez Castro recomienda que las madres trabajen sobre sus propios pensamientos catastróficos a futuro, que es el paso inicial para poder curar este tipo de trastorno.

También para poder trabajar sobre estos pensamientos que son de tipo catastrófico y anticipatorio, que dan lugar a trastorno de ansiedad, la licenciada sugiere someterse a un tratamiento de tipo breve, cognitivo-conductual, en el que se trabaja focalizadamente y se ven resultados en cortos períodos de tiempo.

Durante la terapia uno de los ejercicios más típicos a realizar es el afrontamiento, que consiste en poder afrontar de forma gradual y progresiva -habiendo trabajado antes sobre los pensamientos de tipo anticipatorios y catastróficos- aquello que se teme.

"De esa manera, este tipo de aprendizaje que va adquiriendo la persona se va generalizando a otras áreas de su vida hasta que no hace falta hacer todo para probar que nada catastrófico va a suceder. Con hacer algunas cosas puntuales es suficiente", finaliza.


viernes, 19 de septiembre de 2008

El síndrome del quemado, la epidemia del siglo XXI

El burn out es una enfermedad asociada al estrés profesional. ¿Cuándo es necesario consultar a un psiquiatra?

No tiene nada que ver con estar "agotado", aunque el agotamiento es una de sus consecuencias. Igual que las contracturas, problemas digestivos, de hipertensión y coronarios o, un paso más acá, el insomnio, jaquecas, taquicardia y un amplio abanico de trastornos ligados a la depresión y la ansiedad. El burn out es una forma grave de estrés con dos particularidades: es crónico y de origen laboral. Y además, es un mal moderno.

Se viven tiempos paradojales: por un lado, hay condiciones de vida impensables hace 30 años; por el otro, duras presiones por mantener la performance que exige el mundo empresarial, con sus evaluaciones de rendimiento y sus metas imposibles. En el medio, están los quemados. Aquellos que viven sobreesforzados y sumidos en el estrés, no como una respuesta inicial de adaptación, sino como una forma de existencia… o supervivencia.

"El desencadenante no deja de ser subjetivo: la valoración de un estímulo como amenazante. Eso hace que en una reunión el pulso se acelere como si se estuviera frente a un león salvaje", explica el doctor Juan Bulacio, director de la Fundación de Ciencias Cognitivas Aplicadas.

El tratamiento del burn out se basa en tres pilares: reorganizar los factores ambientales (reducir la carga horaria o de funciones, respetar el tiempo para almorzar); modificar factores subjetivos (cuán dependiente se es de la mirada de los otros, cómo se valoran las situaciones estresantes); y mejorar los recursos. Esto puede incluir desde una capacitación hasta técnicas de respiración o yoga.

Claro que en cierto target "estar a mil", no poder apagar el celular y ser multitasking son sinónimos de ser top. "Hay un valor trastocado: muchos están orgullosos de su estrés, y lo ven como una señal de éxito… en lugar de tener una vida mejor", observa Bulacio. Pero lejos de ser un mal de yuppies, la quemadura se da en todas las clases sociales. Sólo el tipo de consulta depende del nivel cultural. Mientras los menos informados van a gastroenterólogos, traumatólogos, etc., según el síntoma que más los atormente, los ilustrados toman el atajo al psiquiatra. Con respecto a los sexos, no hay grandes diferencias. "Tal vez los hombres son mas ‘fríos’, se encierran en sí mismos, mientras que las mujeres lo melancolizan y se quejan más", señala Rosina Duarte, psicóloga y coordinadora de Clinicar. Un detalle más, interesante: "De las escalas de satisfacción laboral surge que los hombres, en general, se muestran mucho más insatisfechos", dice Bulacio. "En esta sociedad machista, el varón todavía siente más presión por el éxito o el sostén del hogar, y el trabajo, para él, ocupa un lugar central".

LA LUZ ROJA
Señales para autodiagnosticar la conveniencia de hacer una consulta:
1. Depresión: sensación de agotamiento físico y mental, negativismo, aislamiento afectivo, irritabilidad, desinterés.
2. Ansiedad: sensación de no poder parar; conductas compulsivas (adicción al tabaco, drogas o alcohol); palpitaciones, sudoración, desórdenes gástricos, tensión, insomnio.
3. Desmotivación laboral: sentimiento de fracaso, frustración y estancamiento que se traslada al resto de la vida: ése es, precisamente, el gran problema del burn out. Todo termina quemado.