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sábado, 8 de noviembre de 2008

Los 5 pecados de la pareja

Cuando pasa la luna de miel y los individuos se muestran tal cual son –sin dulcificar descuidos, manías y opiniones–llegan los roces, los problemas y el inevitable sufrimiento. Sin embargo, el dolor también puede ser un estímulo para la superación personal, es decir, una oportunidad para aprender a amar con un vínculo más auténtico y de calidad.

Según el psicólogo Antonio Bolinches, “la pareja que permanece es la que madura, y la madurez se alcanza superando todos los pequeños y grandes conflictos que surgen en las distintas fases de la convivencia. En la juventud, el reto es acoplarse y mantenerse unidos; en la madurez, superar los problemas relacionales y familiares; y en la vejez, saber convertir convivencia en apoyo recíproco”. Los celos, las mentiras, la incomunicación, la rutina y la saturación son los enemigos más destructivos de una relación amorosa. Por su culpa llega la frustración y el desamor. Así los vivimos y así podemos superarlos.

¿CÓMO SUPERARLO? LOS PRINCIPIOS BÁSICOS

1. Sé sincera desde la sensatez. Si utilizas la autenticidad, obtendrás una herramienta muy útil para construir relaciones sinceras, constructivas y enriquecedoras. Pero si te decides por la impertinencia, en lugar de mejorar la comunicación, sólo conseguirás crear resentimientos. Las personas maduras no son las que dicen todo lo que piensan, sino las que piensan todo lo que dicen.

2. Reflexiona acerca de que lo que ocurre entre dos nunca es responsabilidad de uno solo. La culpa inmoviliza y la responsabilidad dinamiza. Lo que necesitan las parejas no es sentirse culpables de sus problemas, sino responsables de sus soluciones.

3. No te engañes, el egoísmo del otro sólo se puede detectar desde el propio. Cuando los intereses de las partes discrepan, ambos suelen acusarse de ser egoístas. Esa percepción es la consecuencia de que sus dos egoísmos no coinciden.

4. No te esfuerces para que tu pareja te entienda sino para entender a tu pareja. Es la consigna más difícil de seguir. Cuando la comprensión se incorpora a la conducta, las personas hablan con menos resentimiento.

5. Es un error confundir una pareja para siempre con estar siempre con la pareja. No hace falta ir juntos a todas horas. La mejor forma de mantener vivo el amor es concebir la relación como un espacio común que no debe ser incompatible con otro privado.

6. Estabilidad no es lo mismo que rutina. No hagas siempre las mismas cosas, a la misma hora y en el mismo lugar.

7. Recuerda que las cosas van mejor con refuerzos que con esfuerzos. En el ámbito de los sentimientos, esforzarse siempre resulta contraproducente, porque la afectividad y la sexualidad no dependen de la voluntad, sino del buen clima de la relación.

8. La pareja no puede funcionar sólo con sexo, pero tampoco sin él.
08 de noviembre de 2008 (PUNTO DE VISTA/Hoy mujer)

sábado, 9 de agosto de 2008

La madre que hay en mí


Lo admito: a mí me tocó una auténtica madre-bataraza, una de esas mujeres que se la pasan acomodando y empollando “hijitos” hasta después de la cuarta década. A la mía, a la que le tocaron en suerte tres huevos de los que salieron tres pollitos (yo, la menor del trío), siempre le ha fascinado su rol dentro del gallinero. De chicos, nos despertaba sí o sí con besitos y mimos, o con soquetes previamente calentados en la estufa. Y cada mañana había en toda la casa olor a “algo” que jugábamos a identificar. “Adivinen qué les hice hoy”, nos desafiaba. El que acertaba la respuesta (budín, bizcochitos, bizcochuelo) se llevaba la primera versión de lo que fuera. Y todo así. Con mamá siempre hubo tres cosas aseguradas: abrazobesos, comida riquísima y aplausos, todo en cantidad más que necesaria. Pero, junto con esto, también hubo mucha frase célebre, mucho decir para el bronce, muchos de esos minidiscursos entre proféticos e inquietantes (“Mirá que mamá sabe”) con los que ella defendía ante su infinitesimal auditorio (que veníamos a ser nosotros tres) su puesto de mujer sabia en cuestiones de la vida. Odio admitirlo, pero muy pocas veces se equivocó.

Tenía –y tiene– una intuición infalible para calibrar a la gente en muy poco tiempo. Pero también tenía –y tiene– la manía de enunciar muchos de sus veredictos en tercera persona. Cosas del tipo “Mirá que mamá te avisa, ese chico no te conviene” caían de su boca con maradonesca insistencia. Y yo, que siempre me burlé tanto de ese tratamiento casi mayestático de su propia persona, me encuentro hoy diciendo idioteces igual de rimbombantes a un niñito de poco más de 36 meses. Por ejemplo: el día en que mi audaz guerrero aventuró un dedito por debajo de la lámpara y se lo chamuscó, un “¡Pero qué te dijo mamá!” brotó de mi boca como si tal cosa. “Mamá” se convirtió así en una entelequia de la que ni yo misma quiero hacerme cargo. Mamá va entonces por la vida sabiéndolo todo, advirtiendo sobre eventuales catástrofes por venir (“Ojo que mamá te avisa que el horno está prendido”), dando órdenes (“A ver, dale ese chupetoncito a mamá, que ya te comiste dos”) y emitiendo dictámenes del tipo “Sabé que mamá se pone triste si vos te portás así”.

Por suerte, Dante es un nene amoroso, independiente y mentalmente muy sano, a quien toda esta clase de idioteces lo tiene sin mayor cuidado. Por más que le avise que el horno está encendido, se acerca a investigar. Jamás permite que mis catastróficas profecías detengan su estrepitoso andar, y sigue empeñado en probar qué tal suena el cucharón sobre la tapa del lavarropas. ¡Mi pequeño Stewart Copeland! Por suerte, también, parece que de mi mamá no sólo heredé las frases ridículas, sino también la manía por calentar medias y camisetitas, y hasta la pasión por cocinarle cosas que él agradece con la boca llena y escupiéndome vías lácteas de miguitas. “¡Diquísimo, mamá!”, sentencia. Y en ese momento vuelvo a clonar a mi vieja, y a mí, como a ella, se me pianta un lagrimón…


miércoles, 16 de julio de 2008

ADIOS A LOS COMPLEJOS EN LA CAMA

Es difícil encontrar a una mujer que no tenga algún complejo en la cama. Diez chicas cuentan cuáles son los suyos y una experta nos dice cómo superarlos. ¿Con cuál te identificas vos?

Algunas veces es el cuerpo y otras es la mente la que no te deja disfrutar.

Según la psicóloga Carmen Debesa, quién habló con Terra, todos los complejos físicos están en la cabeza. “Las mujeres solemos ser demasiado exigentes con nosotras mismas; hay mujeres que piensan que si no tienen un cuerpo perfecto y tienen una personalidad arrebatadora no van a gustar a sus parejas en la cama”, asegura.

Según la experta, el primer paso que hay que superar para mejorar las inseguridades en la cama es pensar que ellos tampoco son perfectos. “No hay nada más sexy que una mujer que se comporta con naturalidad en la cama, sin tratar de esconder nada”, afirma. “Otra cosa -agrega- es que estemos hablando de bloqueos, traumas o inseguridades que tengan un origen psicológico”, eso es un poco más complicado de solucionar.

Para saber cuáles son las inseguridades femeninas más comunes frente al sexo diez mujeres, de entre 24 y 35 años fueron consultadas. Los más comunes serán desarrollados a lo largo de la nota. Debesa da las posibles soluciones.

¡Estoy gorda!

De las diez mujeres, ocho dicen que siempre les gustaría estar más delgadas cuando se desnudan para hacer el amor.

“Yo siempre estoy metiendo barriga cuando me quedo en ropa interior, y cuando nos vamos a la cama siempre le digo a él que prefiero estar debajo ¡porque así se me nota menos¡”, confesó una de las mujeres.

Debesa: “A no ser que sea excesivo, tu peso no debería impedirte disfrutar de tus relaciones sexuales, ya que para dar o recibir placer no hace falta tener una talla 36. Además, la mayoría de los hombres prefieren las curvas a los huesos. ¿Quién te parece más sexy, Beyoncé o una modelo de la pasarela Cibeles?

Odio la celulitis

Éste es el otro gran complejo de la población femenina. En el trasero y las piernas, la típica celulitis parece bajar la libido de todas las encuestadas. “Me empezó a aparecer hace un par de años y cada vez está peor. Me horroriza que un hombre me vea en la cama”.

Debesa: “¿Qué mujer no tiene celulitis? ¿Les preocupa tanto a ellos no tener un cuerpo perfecto? Disfrutar menos del sexo porque tienes celulitis es absurdo, además, no se nota tanto como tú crees. Si para ti es un problema real, ponte en manos de expertos que puedan ayudarte: entrenadores personales, esteticistas o un cirujano plástico. Pero no te hagas nunca una liposucción sólo para gustarle más a él”.

“Quiero ser más sexy…”

A todas les gustaría ser más lindas y sexys. Esto es, según ellas, lo que hace una mujer deseable. Pero a casi todas les cuesta seducir y hacer que un hombre se sienta atraído por ellas, no saben bien cómo utilizar su cuerpo o su cabeza para conseguirlo. “Me encantaría saber cómo volverlo loco en la cama, resultarle súper deseable”.

Debesa: “Para ser sexy tenés que sentirte sexy. Y eso lo puedes conseguir de muchas formas, ya que, en mi opinión es una combinación de diferentes cosas: expresión del cuerpo, aspecto físico y una buena personalidad. Tu ropa y tu aspecto te ayudarán mucho. Pero tampoco debes olvidar la faceta intelectual: una mujer inteligente y culta es siempre una mujer sexy”.

Mis lolas me acomplejan

Tener poco pecho es una de las cosas que más molestan a las mujeres en la cama, ya que todas piensan que es la parte de su anatomía que más le gusta a los hombres. “Siempre me acomplejó ser plana, si tuviera dinero me pondría pecho”

Debesa: “El tamaño del pecho no garantiza disfrutar más o menos en la cama. Además, ¿te gustaría tener relaciones sólo por tener mucho busto? Aunque si para vos realmente supone un problema psicológico, podés recurrir a la cirugía plástica”.

No puedo hacer algunas cosas

Siete de las encuestadas confesaron sentirse muy avergonzadas cuando su pareja les pide hacer ciertas cosas en la cama. “Muchas veces fantaseo con hacer cosas más atrevidas en la cama, pero a la hora de la verdad no puedo, me veo como actuando”.

Debesa: “En el sexo todo vale mientras ambos miembros de la pareja estén de acuerdo. La sexualidad debe comenzar con el conocimiento del propio cuerpo, algo que puedes conseguir con la masturbación. Contále a tu pareja tus inseguridades y pedíle que te ayude a superarlas, habrá prácticas que te gusten y otras que no”.

“A la mañana soy fea”

Entre risas, las mujeres de nuestra pequeña encuesta nos dicen que a todas les preocupa estar feas cuando se levantan por la mañana. Tener mala cara, mal aliento, no estar depiladas o tener el pelo hecho un desastre son cosas que las pone mal. “Me horroriza que él empiece a besarme al despertarnos y note que tengo mal aliento”.

Debesa: “Ante todo, hay que ser naturales. Él también se levanta con mal aliento por la mañana, tiene necesidades fisiológicas y es menos perfecto con luz. La solución es tan simple como ir al baño apenas te levantas y lavarte los dientes o darte una ducha si lo necesitas. De lo demás olvidáte, queda realmente mal acostarse maquillada o hacerlo al levantarte”.