Mostrando entradas con la etiqueta quererse. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta quererse. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de mayo de 2009

Superar los complejos y aceptarse, para una vida mejor

Muchas veces la imagen que una persona tiene de sí difiere negativamente de la que los otros perciben. Los complejos suelen "formarse" en la infancia y son el fruto de lo que creen padres, maestros o amigos. Cómo dejarlos atrás

Un complejo es algo que una persona siente, que lo hace sentir menos o diferente a los otros y que cree que por eso será rechazada por los demás. Así lo definió la psicóloga Celia Antonini en el último número de la revista Psicología Positiva.

Después de la niñez, la adolescencia es un momento crucial en su formación.

Según los profesionales, la necesidad de aprobación de los demás debería ser reemplazada por la estima de aceptarnos tal como somos, pese a que no siempre ocurre así.

Así es que la persona que tiene una buena autoestima reconoce lo que no le gusta de sí y valora lo positivo: las virtudes innatas y aquellas que desarrolló con la educación y el esfuerzo.

Al parecer, muchas veces la sensación que acompleja no es la mirada del otro sino la mirada que cada uno tiene de sí.

El complejo de inferioridad es uno de los más comunes y ocurre cuando alguien siente que no puede asumir determinada responsabilidad, que no es importante lo que hace o lo que tiene para decir.

Estas personas deberán recordar que todos nacen con algún talento y tratar de identificar el suyo. Asimismo, será mejor que sólo busque su propia aprobación.

El de "patito feo" es otro complejo bastante común: si bien los complejos físicos son difíciles de asumir, cada persona deberá asumirse como es y aceptarse.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Elevá tu autoestima

Quererse, valorarse, aceptar el propio cuerpo es un trabajo cotidiano que se puede aprender.
Aquí, algunos consejos para lograrlo; tomá nota.
Todo aquello que configura nuestra personalidad está permanentemente siendo sometido a la mirada de un "evaluador" que luego procesa esa información y la traduce en una emoción, sensación u opinión de nosotros mismos. Eso es lo que conocemos como autoestima: estimar es apreciar, poner precio, evaluar, juzgar, creer. Es la sensación de cuánto valemos para nosotros mismos. ¿Mucho, poco, nada? ¿Cómo se mide ese valor? No hay fórmulas matemáticas, pero podríamos pensar que esta sensación surge de la relación entre las pretensiones que tenemos y los éxitos reales que obtenemos.

La autoestima se aprende y evoluciona a lo largo de las etapas de la vida. Si nosotros cambiamos, entonces es perfectamente lógico que nuestra autoestima cambie con nosotros. Un día te levantás y te sentís Dolores Barreiro, y te animás a ponerte una pollera un poco más corta que de costumbre, y al día siguiente no hay nada que te haga sacarte las pantuflas y esa remera ancha de cuando estabas gorda. Aceptar el hecho de que lo que pensamos de nosotros mismos puede ser tan variable como el clima, nos soluciona gran parte de los problemas. Hoy podés sentir que nunca vas a lograr lo que querés, que no servís para nada y que todo te sale mal.

Ese es el juego que tenemos que aprender a jugar: saber entender las reglas del "sube y baja". Hoy podés estar abajo pero con un empujoncito de tus pies podés estar arriba de nuevo. Sólo hay que decidir cuándo es el momento para darnos el impulso.
Autosuperarnos: Podemos ir cada vez por más. Si hace diez años que venís haciendo lo mismo, esa no-dificultad seguramente no te reporte ninguna satisfacción a nivel personal. Y tus días pueden ser percibidos como algo chato, plano, poco adrenalínico. Y el sube y baja puede inclinarse hacia abajo. Ponerse pequeños desafíos es ir subiendo, peldaño a peldaño, una escalera que no tiene límites. Es expandirnos creativamente y afirmarnos en nuestras capacidades.

Cambiar las posturas corporales: La postura encorvada o de hombros caídos no va más; se impone el estar erguida –y acá no importa si tenés mucho, poco o nada que mostrar–. No es un "me llevo el mundo por delante", sino un "acá estoy yo". Esta postura favorece la confianza en uno mismo y en sus potencialidades.

Cultivar las emociones positivas: Nos genera cierto alivio pensar que eliminando de nuestras vidas las emociones negativas –el temor, la tristeza, la ira– automáticamente crecen las emociones positivas. Pero lamentablemente esto no sucede: tenemos que aprender a cultivar y desarrollar esas emociones que nos hacen sentir bien.

Los seis pilares de la autoestima
Nathaniel Branden, el gurú de la autoestima a nivel mundial, define los seis pilares en donde se apoya una autoestima sana.

1) Vivir conscientemente: si vivimos en piloto automático, no registramos aquellas cosas que hemos logrado y, al no hacerlo, no las incluimos en el concepto que tenemos de nosotros mismos. Tampoco irnos al extremo de la autoobservación continua, porque eso conduce al aumento de cada mínimo defecto y nos vuelve torpes (y obsesivas).

2) Autoaceptación: asimilar las malas noticias sobre nosotros mismos –fracasos y rechazos– como algo de poca importancia en nuestra vida y enfocarnos en aquello que debemos hacer para mejorar (si consideramos que corresponde).

3) Responsabilidad: implica hacer juicios realistas sobre qué puedo o no puedo hacer, qué recursos tengo y cuáles no. Hacernos cargo de aquello que no nos salió bien, pero también felicitarnos por lo que sí.

4) Autoafirmación: el sometimiento es bueno cuando el enemigo es poderoso, pero no puede ser una estrategia a largo plazo, porque hace mal a la salud física y mental. Hay que animarse a molestar y aguantar que la armonía se rompa (aunque sea por un rato).

5) Vivir con propósito: para no sentir que la vida nos pasa por delante y nosotras nos quedamos paradas mirándola, es importante pensar en nuestros objetivos. La zanahoria que nos vuelve conejos, que nos determina el foco y la dirección de nuestras conductas.

6) Integridad personal: implica encuadrar lo que hacemos y lo que somos en un plan más amplio, sostenido con valores. Da un poco de trabajo, pero rinde mucho.

Más info: www.nathanielbranden.com

Por María Eugenia Castagnino