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lunes, 8 de septiembre de 2008

El "plus" de las madres que dan a luz de forma natural

Según un reciente estudio, las mujeres que paren de manera natural son significativamente más receptivas a los llantos de su bebé que las que se someten a una cesárea

Así lo sugieren las resonancias magnéticas del cerebro hechas a las madres entre dos y cuatro semanas después del parto por los científicos del "Child Study Centre" (centro de estudios infantiles) de Yale.

Los resultados del estudio, publicado hoy en The Journal of Child Psychology and Psychiatry, indican que ante el llanto de su bebé las mujeres que tuvieron un parto vaginal registraron una mayor actividad en las zonas del cerebro que se cree que regulan las emociones, la motivación y la conducta.

La capacidad de desarrollar los comportamientos y actitudes necesarios para que los padres cuiden adecuadamente de sus recién nacidos está relacionada con una serie de circuitos cerebrales y de hormonas, afirma el estudio.

En un parto vaginal, las contracciones del útero y la estimulación vagino-cervical desencadenan la secreción por la glándula pituitaria posterior de la oxitocina, una hormona considerada clave para la conducta maternal de los animales.

"Nuestros resultados apoyan la teoría de que los cambios en las condiciones del parto, como en el caso de una cesárea, que altera las experiencias neurohormonales del alumbramiento, pueden disminuir la receptividad del cerebro humano materno en el postparto temprano", según el doctor James Swain, autor principal del estudio.

Al analizar las zonas del cerebro afectadas por las condiciones del parto, los investigadores también detectaron una relación entre la actividad cerebral y el estado de ánimo de las madres, lo que podría contribuir a regular las depresiones postparto.

Según Swain, el estudio puede ayudar a comprender mejor la neurofisiología y la psicología de la relación entre madres e hijos en momentos en los que las mujeres esperan cada vez más para ser madres, lo que incrementa sus posibilidades de tener que someterse a una cesárea.

La práctica de esta intervención quirúrgica, considerada necesaria en muchos casos para garantizar la salud o la supervivencia del niño o de la madre, y a la que se relaciona con la depresión postparto, ha aumentado de forma espectacular en las últimas décadas en los países occidentales.
Fuente: EFE

miércoles, 6 de agosto de 2008

Padres en el parto


Hace cien años las mujeres paríamos entre mujeres. Fuera en el campo o en la ciudad, el padre de la criatura jamás entraba a la habitación para alentar a su compañera. Su presencia era impensada y hasta fuera de lugar. Porque su lugar estaba al otro lado de la puerta, aguardando nervioso y temeroso el nacimiento del bebé mientras la madre de su hijo se deshacía por las contracciones. Esta situación casi ya no se repite, salvo en algunos hospitales en los que se restringe la presencia masculina. Allí a los hombres se los trata como si fueran unos intrusos, aunque ellos hayan hecho el 50% del trabajo para que sus mujeres estén dando a luz. No sólo que, en muchos casos, no pueden acompañarlas sino que tampoco se les permite quedarse con ellas en la habitación, durante los días de recuperación después del parto. Por fortuna, esto no sucede en todas las instituciones que cada vez están más receptivos a entender la importancia del varón en la sala de parto. “Jamás pensé que la presencia de Pablo, mi pareja, fuera determinante. Creía que solita iba a poder. Claro, Andrés era mi primer hijo y no tenía idea de nada. Cuando empezaron los dolores, Pablo me tomó de la mano y no me la soltó hasta que Andrés estuvo sobre mi pecho. Pablo fue un soporte muy importante durante el parto, sin él me hubiera sentido muy angustiada”, explica Sonia Martinelli.
Parir mejorComo en cualquier otra circunstancia de la vida, el contexto siempre colabora en que los hechos se vivan de una determinada manera. Y el parto no es la excepción. “Una mujer en trabajo de parto, cuidada, protegida y que se siente segura, atraviesa el parto hormonalmente equilibrada, es decir sus hormonas harán el trabajo correcto y el equilibrio necesario para que todo transcurra según la naturaleza del parto. En cambio, ante una situación de stress (en los que está incluida la separación de tu pareja) se produce una segregación de adrenalina que frena el trabajo de parto y produce que todo empiece a perturbarse en el delicado equilibrio hormonal”, explica Mariana Giménez, miembro de Dando a Luz, asociación sin fines de lucro que trabaja por la promoción y la defensa de los derechos de las mujeres en el parto. Si hay riesgo y si se debe practicar una cesárea (en algunos lugares) no se permite la presencia del papá. Las horas previas al nacimiento son determinantes para la mamá y también para el bebé. Si la mujer está nerviosa o angustiada porque su pareja no puede estar a su lado, inexorablemente se verá reflejado en la forma en la que vaya a parir a su bebé. En esta circunstancia el hombre jamás será un intruso, todo lo contrario, oficiará de contenedor. “Es importante el rol activo del papá en el nacimiento del hijo, porque asumir un rol protagónico no solamente beneficia a la mamá sino también a él mismo, dado que se vuelve más sensible ante el dolor, valora más a su mujer y adquiere mayor sentido de pertenencia a la familia. Al ser cooperador, el vínculo de la pareja se fortalece como así también el apego con el bebé”, asegura la Lic. Ester Maria Pagagnot del Servicio de Psiquiatría del Hospital Alemán.
La tarea de contenerIncluso, el hombre puede ayudar en los ejercicios de relajación, de respiración, en el pujo hasta compartir con su mujer la maravillosa experiencia de ver nacer a su hijo. Claro que también puede ocurrir que el papá no se sienta preparado o no esté convencido de querer estar allí, en la sala de partos. Si es así, es muy importante no forzar ni culpabilizar.“Si el papá no desea estar presente o es una mamá que está sola puede haber otra persona que brinde apoyo emocional, ésta debe ser alguien en quien la mamá sienta mucha confianza. Tener información correcta, hacer el curso de psicoprofilaxis antes del parto da confianza, ayuda a superar los miedos y une a la pareja en el nuevo camino de transformarse en familia”, concluye la Lic. Pagagnot.El momento de la verdad*Por la Dra. Claudia Alonso
“Cuando los padres quieren estar en el parto, casi siempre se les responden que no pueden asegurárselo, que dependerá de si no hay otro parto en simultáneo, ya que la sala de partos suelen ser boxes separados con una pared y no habitaciones individuales. Aducen que para pasar al lado de su mujer tienen que pasar por al lado de otra. Otro motivo que esgrimen es la falta de ropa o que hay un parto complicado, son todas excusas. La ley es clara, así como yo no puedo decir que estaba apurada para justificarme por pasar un semáforo en rojo tampoco existe justificación posible para no cumplir la ley nº 25.929. El artículo 2º establece que “toda mujer, en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el postparto, tiene derecho a estar acompañada por una persona de su confianza y elección durante el trabajo de parto, parto y postparto”. La ley es clara y no hay excusas para no cumplirla y no es solamente que el papá pase cuando está saliendo el bebé, es durante todo el trabajo de parto. Si el hospital no tiene la infraestructura bajo pena de no poder cumplir con la ley tiene que pedir presupuesto económico al estado para refaccionar sus instalaciones. De todas maneras, se soluciona con un biombo de tela la intimidad”.
*Especialista en obstetricia, asesora de Dando a Luz.

jueves, 10 de julio de 2008

DEPRESION POS PARTO


Llanto, desgano, irritabilidad, sensibilidad... Son características de un período conocido también como puerperio. Un psicólogo advirtió a Infobae.com que es "imposible" entender el fenómeno
El período que abarca desde el parto hasta la regularización del ciclo menstrual de la madre -aproximadamente 45 días después del nacimiento del bebé- muchas veces se "extiende" al padre, quien también experimenta algunas de las tristezas que se producen en esos días.

Sobre la base de ese conocido dicho que reza eso de que "mal de muchos, consuelo de tontos", el licenciado en Psicología Enrique Manuel Castro (MN N° 10331) aconsejó que, en principio, el hombre deberá aceptar que "por más voluntad que ponga, es imposible entender qué le sucede a la mujer en esos momentos".

¿Cuáles son las causas de la depresión post parto?
La depresión es, esencialmente, aplastamiento del deseo. Falta de motivación, desgano, disminución de la energía vital, sensación de pérdida irreparable. El parto, más allá de lo hermoso del acto de dar vida a un nuevo ser, es también equiparable a un corte en lo real del cuerpo de la mujer.

El bebé se gesta como un órgano más dentro del cuerpo de la madre y como tal se alimenta de sus entrañas. Esta fría -y un tanto desgarrante- descripción es para entender el clima de pérdida real que acompaña cualquier parto, el cual en general y gracias a la función que cumple el amor pasa inadvertido como tal para la mujer que está dando a luz.

La depresión sobreviene cuando la madre no cuenta con recursos psíquicos que le permitan superar esta pérdida producida en su cuerpo. Estos "recursos" son inconscientes y no es posible prevenir que estén o no hasta el desencadenamiento de la depresión.

¿Debe requerir apoyo profesional inmediatamente? ¿O depende de la duración del estado depresivo?
En estas situaciones la mujer no debe temer solicitar ayuda a un profesional de la salud mental. No se trata de que esté volviéndose loca ni tampoco someterse a heroicas soluciones basadas en el "yo puedo salir sola" porque, como vimos, la falta de recursos es inconsciente y esto requiere la consulta con un profesional especializado.

¿Cuál es el rol que debe adoptar el padre en este proceso?
En principio aceptar que por más voluntad que ponga es imposible entender qué le sucede a su mujer en ese momento.

La depresión suele generar en el compañero mucha impotencia, cuando no un monto importante de fastidio. Dado que es muy común confundir un estado depresivo con una `ñaña` o capricho, el hombre muchas veces se ve tentado a decir cosas como "déjate de jorobar que no hay nada grave en lo que te está pasando" o "pensá que tenemos un hijo/a hermoso/a".

A partir de estas pequeñas aclaraciones sólo nos queda aceptar la angustia que produce un cambio de semejante magnitud en la vida de una mujer y compartirla con la pareja en lugar de minimizarla o negarla, precisamente por no poder entenderla.

Esto es fácil de decir pero suele ser muy difícil de hacer, de ser así nunca está de más consultar con un profesional de la psicología, puede ser de pareja o individual según el conflicto.

¿Qué le pasa al hombre?
La aparición de la panza en la pareja produce diferentes efectos, algunos conscientes y otros no tanto.

El hombre se confronta con una mujer que, de pronto, comienza a convertirse en madre, lo cual generalmente había sucedido desde el primer momento, pero bajo el disfraz de esposa o pareja. La aparición de la panza expone y denuncia una situación que ya existía: él ocupaba en gran medida el lugar de hijo y ella el de madre.

Ahora, algo anuncia que ese lugar comienza a tener un dueño, digamos más lógico y real.

El hombre suele manifestarlo con celos, distanciamiento, ciertas conductas que hacen pensar en lo que sucede cuando alguien trata de elaborar alguna pérdida irreparable. Las cuestiones que se juegan son múltiples desde la sensación de quedar afuera del proceso, de inutilidad cuando no de pérdida del amor de su mujer.

Esto último puede derivar en un incremento anormal de los reclamos sexuales sabiendo que no siempre van a ser correspondidos y en muchos casos la inhibición aparece en ellos.

Ellas por su parte, comienzan a interpretar esta situación exactamente en espejo, se sienten menos queridas y suelen pensar cosas como: "solamente les interesa eso", "no comprenden el estado en que estoy", "mi cuerpo deforme ya no le atrae".

¿Cuándo se supone que el hombre deja de sentirse "desplazado"?
Esta es una respuesta absolutamente individual ya que depende del tipo de relación que tenía la pareja al momento del embarazo.

Cuanto más volcada estuvo la relación del lado de lo materno filial, más difícil será para él aceptar la llegada del intruso/a que le quitó su lugar de hijo.

Del mismo modo será la necesidad de pedir ayuda profesional o no. Son muchas las cuestiones internas que remueve la llegada de un hijo, tanto a ellas como a nosotros. Quiero decir que los afectos, angustias y emociones abrevan en múltiples fuentes de la historia de cada sujeto y muchas de ellas ni siquiera sabíamos que existían hasta ese momento.

¿Qué hacer frente a la metamorfosis de la pareja en familia?
Lo más sano es proponer el diálogo, pero no para reclamar ni verificar quién de los dos tiene razón, sino para escuchar lo que le pasa al otro con esa situación.

De ser posible, no deberían ponerse las opiniones propias en el lugar de verdades absolutas.

En síntesis, la idea es aceptar la angustia que produce un cambio de semejante magnitud en la vida de un sujeto y compartirla con la pareja en lugar de ocultarla y/o disfrazarla. O -peor- negarla echándole la culpa al otro.