viernes, 17 de septiembre de 2010

Intralipoterapia combinada con ultracavitación.

Las zonas como el michelín o las cartucheras, se convierten en un verdadero problema para muchos hombres y mujeres, al ser partes en las que la grasa se concentra y donde es muy difícil eliminarla, sólo con ejercicio o dieta. El equipo médico de antiaging group barcelona ha dado un paso adelante, mejorando la efectividad de su tratamiento de ultracavitación con una nueva técnica combinada con la que conseguir eliminar por completo la grasa localizada: la intralipoterapia combinada con ultracavitación.

¿Pero? ¿En qué consiste la intralipoterapia combinada con ultracavitación?

Este nuevo tratamiento de se caracteriza por una primera infiltración de un nuevo producto, Aqualix®, mediante la novedosa técnica de intralipoterapia, tras la cual se realiza una sesión de ultracavitación.

Aqualix® es una solución acuosa con una base gelatinosa, biocompatible y totalmente reabsorbible, indicada para el tratamiento localizado de adipocitos. Con este producto se consigue la reducción no quirúrgica de grasa localizada y la celulitis en zonas como el abdomen, los flancos y las caderas.

El producto se infiltra con una técnica especial, la intralipoterapia, que, como explican las Dras. Marisa Manzano y Laura Salvador, del Área de Medicina Estética de antiaging group barcelona, “consiste en un único pinchazo por zona, con una aguja fina y larga que permite repartir el Aqualix® de forma homogénea”.

Al inyectar el Aqualix® mediante la intralipoterapia se produce una hinchazón del tejido, que permite que los ultrasonidos que se aplicarán externamente sobre la piel produzcan una microcavitación en el área que intensificará el drenaje de los fluidos presentes en la zona tratada.

Así, después de la aplicación de esta técnica, y una vez el paciente ha reposado unos minutos, se aplican entre siete y diez minutos de ultracavitación, con la que eliminar de forma no invasiva y sin anestesia la grasa localizada, consiguiendo que las células destruidas liberen la grasa y que el propio cuerpo la acabe de eliminar por sí mismo.

Esta terapia combinada de intralipoterapia y ultracavitación precisa una media de tres sesiones por zona para que los resultados sean completos, con una separación de tres semanas entre sesión y sesión.

“Después de la sesión de terapia combinada el paciente puede tener una ligera molestia en la zona, que puede durar unos días”, aclara la Dra. Marisa Manzano “pero una de las ventajas de esta técnica combinada es que el paciente puede continuar con las actividades cotidianas sin necesidad de interrumpirlas”.

Así, con la unión de estas dos técnicas, antiaging group barcelona, ofrece a sus clientes unos resultados mucho más efectivos que los que se obtienen sólo con la ultracavitación y en muchos casos evitan tener que realizar una liposucción.

(Precio: a partir de 300 € por zona.)

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Violencia familiar en la Ciudad

Las estadísticas corresponden a la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema. Según las cifras, la mayoría de las víctimas tiene menos de 18 años y acusó presiones psicológicas.

La mayoría de las 12.584 denuncias recibidas en dos años por la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema corresponde a casos de violencia
psicológica y tiene como víctimas a menores de 18 años, concentradas principalmente en los barrios de Flores, Lugano y Barracas.

Los datos se desprenden de un informe elaborado a dos años de la apertura de esa oficina, el 15 de septiembre de 2008, y se basan en los expedientes abiertos en Capital Federal , según el documento.

"La mayor cantidad de casos se corresponde con violencia psicológica (90%) luego siguen en orden la violencia física (67%), económica (30%) y sexual (12%)" , puntualizó el informe. Los porcentajes exceden el 100% porque en una misma denuncia puede haber diferentes clases de violencia.

Desde su apertura y hasta el 31 de agosto pasado, la Oficina recibió 12.584 denuncias, del total de las cuales el 86% correspondió a hombres acusados de maltrato.

En total hubo 12.762 personas denunciadas : 1.825 mujeres y 10.937 varones mientras que se registraron 16.603 personas afectadas, en su mayoría (el 80%) del sexo femenino. Cada expediente que se abre se considera una denuncia y muchas veces un solo caso involucra a más de una víctima y más de un denunciado.

Los datos más significativos corresponden a los menores de edad: del total de mujeres afectadas, un 19% fueron niñas hasta 18 años, en gran parte víctimas de violencia psicológica o física por parte de un familiar directo.

En tanto, de los varones, el 68% fueron niños, en hechos que en la mayoría de los casos son denunciados por el padre o la madre pero que muchas veces también son llevados a la Oficina por vecinos, docentes o médicos y que dieron lugar a la apertura de causas judiciales.

"En cuanto a la relación que une a las personas afectadas y denunciadas se observa que la relación de pareja (parejas, ex parejas, concubinos, cónyuges y novios) es la predominante con un 85% . El resto de las relaciones es filial, fraternal, otro familiar hasta 4º grado de parentesco", destacó el informe.

La Oficina de Violencia Familiar se abrió por iniciativa de la vicepresidente de la Corte, Elena Highton de Nolasco, y cuenta con delegaciones en varias provincias del país.

Fuente: Télam

jueves, 2 de septiembre de 2010

Doble faz

Entre el 4% y el 6% de la población del mundo padece Trastorno Bipolar. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya la considera la sexta causa de discapacidad en el Planeta. Ante la evidencia, los especialistas reclaman un debate serio alrededor de este mal: ¿Se cura? ¿Es hereditario? ¿Quiénes lo sufren? ¿Por qué la familia es fundamental en el tratamiento? Mientras se optimizan los métodos para detectarla, reve- lamos los entretelones de una enfermedad que oscila entre la depresión y la euforia.

Adivina, adivinador… ¿Qué tenían en común Kurt Cobain, Ernest Hemingway, Mark Twain, Charles Dickens, Virginia Woolf, Ludwig van Beethoven, Edward Fitzgerald, Edgar Allan Poe, Paul Gauguin y Vincent van Gogh? Según las infaltables malas lenguas, cada uno de estos geniales artistas padecía, aparentemente, de Trastorno Bipolar (TB).
El manto de duda no es al azar. El que tenga en su mano la historia clínica de estas celebridades, que tire la primera piedra. Pero lo que sí podemos afirmar es que, según diversos estudios internacionales, aproximadamente entre el 4% y el 6% de la población mundial pelea, a diestra y siniestra, contra alguna de las formas en las que se manifiesta esta enfermedad que genera una importante merma en las capacidades sociales y laborales de personas que suelen tener un nivel alto de instrucción. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la consideró la sexta causa de discapacidad en el Planeta.
Si bien el TB carga con una historia de larga data sobre sus hombros, surgen cada vez más, novedosas investigaciones acerca del tema. Sus resultados son, como mínimo, alarmantes: que afecta con mayor asiduidad a niños y adolescentes; que quienes lo soportan pueden pasar añares sin dar con el diagnóstico acertado; que se les dificulta conservar un empleo estable; y que, con respecto al resto de la gente, tienen veinte veces más riesgo de suicidarse y se separan de sus parejas el doble de veces.
“El TB es una condición muy frecuente en la cual el estado de ánimo oscila entre dos ‘polos’. En uno, de exaltación o euforia, el individuo está más enérgico, conversador, tiene menos deseos de dormir y se compromete en incontables actividades, incluso aquellas que son potencialmente peligrosas para su integridad. El otro polo es el de la depresión, en el cual el sujeto se siente decaído, desanimado, desinteresado y desmotivado, además de que le cuesta pensar y concentrarse. Los cambios anímicos exceden el hecho de estar contento porque ocurrió algo positivo o triste por alguna situación de pérdida”, aporta Marcelo Cetkovich, jefe del departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y jefe del departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Su colega, Hugo Urquina, investigador del laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias de INECO, prosigue: “Los episodios depresivos se ven interferidos por la aparición de otros caracterizados por un estado de ánimo elevado (euforia excesiva), expansivo (hiperactividad anómala) o irritable. Las fases de exaltación alternan con depresiones intensas, con incapacidad para disfrutar y con ideas negativas”.
Las causas del TB son complejas, por eso, cabe señalar que se producen por variaciones en el funcionamiento cerebral normal. “Son sutiles alteraciones en la dinámica de los neurotransmisores y de los denominados ‘circuitos reguladores del humor’”, especifica Cetkovich. Agustín Ibáñez, miembro del CONICET, director del laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias de INECO e investigador afiliado del Center for Cognitive and Social Neuroscience de la Universidad de Chicago (Estados Unidos), se suma al debate: “A ciencia cierta, no se conocen todos los componentes biológicos del trastorno, pero parece claro que uno de los mayores inconvenientes es el mal aprovechamiento de los neurotransmisores cerebrales –serotonina y dopamina–”.
Según explica la doctora Ana María De Lodovici, integrante del Consejo Asesor de la carrera de Psicología de la Fundación Barceló, el término “enfermedad maníaco-depresiva” apareció, por primera vez, en la década de los cincuenta. Su actual denominación (TB) se volvió popular sólo recientemente, y hay quienes prefieren la terminología antigua debido a que provee de una descripción más acabada, de una enfermedad multidimensional que cambia continuamente. “Las modificaciones en el ánimo son cíclicas: la manía pude desembocar en una depresión profunda. En ocasiones, predominan los episodios maníacos o los depresivos. Otras veces, se presenta el ‘estado mixto’, en el que los pensamientos depresivos aparecen en un episodio de manía o viceversa. Cuando el TB se presenta en niños, generalmente lo hace en su forma mixta”, aclara la especialista.

Lo primero es la familia
En el sentir colectivo, el TB está un tanto banalizado. En el trabajo o en el seno familiar, ante una reacción desmedida, uno no vacila en endosarle al otro la frase: “¡¿Qué te pasa?! ¡¿Estás bipolar?!”. Y el asunto es bastante más serio. “Hace muchos años, estaba de moda endilgarle a cualquiera el mote de ‘histérico/a’, y no necesariamente el decir popular era un diagnóstico efectivo de patología –desliza De Lodovici–. Hoy, después de cien años de psicoanálisis, la histeria no nos asusta. Por ahora, no nos sucede lo mismo con el espectro bipolar. Aun erróneamente, acusar de bipolar es tildar de desmedido, de desbordado, de inadecuado”.
¿Pero cómo se trata el TB entre las cuatro paredes del hogar? ¿Cómo se acompaña a quien lo atraviesa? ¿Cómo se lo ayuda? “La familia cumple un rol fundamental, tanto en el diagnóstico como en el tratamiento. Son los familiares los que recuerdan incidentes de euforia que pasaron inadvertidos para el paciente”, comenta Cetkovich. “Por supuesto, el impacto que el TB produce en la familia es muy grande. Por un lado, escoltar a una persona deprimida es muy difícil; y por el otro, las euforias pueden ser muy desestabilizadoras para la armonía familiar, ya que el individuo no sólo está hiperactivo, sino que, además, puede tornarse irritable y no es raro que hagan o digan cosas francamente molestas”.
En palabras de De Lodovici, es básica, en el tratamiento del TB, la toma de conciencia del problema por parte del involucrado y sus allegados. “Las familias de los pacientes bipolares están prevenidas y acostumbradas a tratar con estas personas, aunque no hayan sido diagnosticadas adecuadamente –asevera la experta–. En el interrogatorio familiar, siempre hay una madre, un tío o un abuelo que se deprimían mucho o guardaban conductas extravagantes y dispendiosas. Cuando uno habla con la familia y se le comunica el diagnóstico, siempre aparece la asociación con alguien que, recién en ese momento, se entiende, retrospectivamente, como bipolar. Los íntimos deben estar implicados en el tratamiento. Los jóvenes, por ejemplo, dependen de la familia para medicarse en tiempo y forma, y así, evitar nuevas crisis. Cuanto más joven es el paciente, más difícil es contenerlo, debido a que la ingesta de medicación implica restricciones, como no tomar alcohol, algo muy usual en ese grupo etáreo”.
En la última década, crecieron notablemente las consultas y tratamientos para niños y adolescentes con algún grado de TB. Por caso, The American Journal of Psychiatry publicó, en su portal online, un informe en el que sentenciaba que los hijos de padres con TB tendrían ocho veces más posibilidades, en relación con niños de padres mentalmente sanos, de desarrollar un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Asimismo, tendrían seis veces más probabilidades de tener dos o más trastornos mentales.
“El TB empieza, típicamente, en la adolescencia o en la adultez temprana, incrementando su incidencia en las edades medias de la vida. Estamos haciendo mención a una de las enfermedades mentales más comunes, severas y persistentes, por altas tazas de recaída, ansiedad comórbida, trastorno por abuso de sustancias, disfunción y mortalidad prematura –especialmente, por las altas tasas de suicidios–”, acota De Lodovici.

En los genes
Si bien aún son un misterio los mecanismos de esta disfunción, se conjetura que están determinados, en buena medida, por una predisposición genética. Se calcula que más del 70% del origen del mal está condicionado por cuestiones hereditarias ligadas a los genes, combinados con elementos ambientales.
De Lodovici profundiza el concepto: “Debido a que el TB prevalece en algunas familias, se trató de hallar un gen específico hereditario que incremente la chance de potenciar la enfermedad. Pero los investigadores sugieren que el TB ocurre a causa de una multiplicidad genética. Los factores psicológicos desempeñan un papel protagónico en la psicopatología del trastorno. Otro ejemplo por el que puede desencadenarse una depresión mayor es el fracaso al encarar acontecimientos vitales negativos. Y hasta algunos logros pueden desatar el primer trance maníaco o hipomaníaco. También sucesos como enamorarse, perder a un ser querido, la pubertad, la menopausia, la pérdida del trabajo, un ascenso, una mudanza, el nacimiento de un hijo, etcétera”.
Lo cierto es que no resulta para nada sencillo dar en el clavo. De acuerdo con las estadísticas, el retraso en el diagnóstico puede llegar a extenderse hasta diez años. ¿Por qué? Acaso porque es muy fácil confundirlo con la depresión, ya que, dentro de las oscilaciones del TB, los episodios depresivos son mucho más comunes y duraderos que los de euforia o la hipomanía. Urquina añade: “Por otra parte, en cuanto al abordaje investigativo, hace falta optimizar la caracterización de los procesos cerebrales para poder elaborar diferencias sutiles entre el TB y el TDAH”. Ibañez remata: “Ambos, con una independiente caracterización clínica, comparten perfiles sintomáticos, como la alteración de la cognición, del estado del ánimo, de la motivación y de la interacción social. Reportes internacionales encontraron que doce de los dieciocho criterios diagnósticos para TDAH se superponen con los utilizados para episodio maníaco. Por lo tanto, hay que diferenciar si la coexistencia de TB y TDAH es una verdadera comorbilidad o una amplia manifestación de síntomas emocionales y cognitivos que podrían corresponder a un subtipo de TB o a un subtipo de TDAH”.
La realidad es tajante: no existe cura para el TB. Pero sí puede ser controlado. “El objetivo es dominar, eficazmente, el curso de la enfermedad a largo plazo, lo cual supone el abocarse a los síntomas emergentes. Pero hay un ítem que no se tiene muy en cuenta: el aspecto social”, adelanta De Lodovici, y continúa: “Se debe buscar la plena integración con el entorno. Para ello, es prioritario ‘normalizar’ los trastornos mentales. La erradicación de los estigmas, de los estereotipos, los prejuicios y los rechazos con los que arrastran quienes padecen este tipo de problemas es el mejor instrumento para que el propio afectado reduzca sus niveles de estrés social, que, a veces, son los que le provocan los cambios de humor extremos”.
Por último, desde INECO, asumen que es valiosísimo entablar un diálogo permanente con el paciente y su familia y reconstruir su historia. “El tratamiento tiene tres pilares. El primero es el farmacológico, en el cual se estabilizan las fases por medio de un grupo de fármacos, como el litio, la carbamazepina, el ácido valproico y la lamotrigina. El segundo es la psicoterapia individual, que apunta a que el paciente alcance estrategias de regulación del humor. Y la tercera es la psicoeducación: aquellas personas y familias que conocen al dedillo el trastorno, sus causas y síntomas, tienen una evolución globalmente más favorable”, concluye Cetkovich.

Cómo estar atentos
¿Cómo detectar un caso de TB en la familia? En cuanto a los más niños, hay que percatarse si sufren síntomas de ansiedad frecuente, alteraciones en el estado de ánimo o psicofisiológicas (insomnio, miedos nocturnos, caprichos con la comida) o si padecen de hiperactividad, pasotismo y desafío a la autoridad. En la adolescencia, el TB se hace más evidente, aunque no se clarifica tanto como en la adultez. ¿A qué prestar atención? A trastornos de personalidad límite (pasa de un estado de euforia máxima a uno de depresión alarmante) o a trastornos de estrés postraumático (debido a un trauma infantil o a un trauma reciente). En casos extremos, los afectados pueden caer en psicosis agudas o esquizofrenias. “Lo más difícil es conseguir que el paciente sea conciente de que debe tomar medicación de por vida. Cuando están deprimidos, no tienen dudas sobre el malestar, pero en las fases libres o maníacas, les cuesta más aceptarlo”, sugiere De Lodovici. ¿Algunos consejos para tratar a estos pacientes? Comprender sus estados de ánimo, tenerles paciencia, darles cariño, apoyarlos, ponerse en su lugar, animarlos a que charlen o escuchen atentamente, hacerlos participar de actividades divertidas y recordarles que, seguramente, mejorarán con un tratamiento adecuado.

Hombres y mujeres, Entendernos mejor

Tanto en la vida real como en el cine, las diferencias de género se sienten más fuerte en la relación de pareja. En un debate sobre el tema, tres especialistas en vínculos nos ayudan a comprendernos mas.

Imagine que los hombres sean de Marte y las mujeres de Venus. Un día, hace mucho tiempo, los marcianos descubrieron a las venusinas, se enamoraron e inventaron los viajes espaciales para volar cerca de Venus. Los corazones de ambos se abrieron de par en par y, aunque eran de mundos diferentes, durante años vivieron enamorados y en armonía. Luego decidieron volar hacia la Tierra, en donde se impusieron los efectos de la atmósfera terrestre, y una mañana todos se despertaron con un tipo peculiar de amnesia. Tanto los marcianos como las venusinas olvidaron que eran de planetas diferentes. Desde ese día, hombres y mujeres han estado en conflicto”.

Esta historia sencilla que el terapeuta estadounidense John Gray narra en su libro Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus es una forma certera de introducirnos en el intrincado y ya conocido universo de los hombres y las mujeres. Que si bien, como acaba de decirse, es un universo ya conocido, no lo es tanto cuando se trata de construir la vida de la mano. Ellas hablan, ellos se retraen. Ellas esperan, ellos piden. Ellas lloran, ellos se enojan… Para todos los especialistas consultados, la solución es una sola: comprender que no somos iguales.
“Suponemos erróneamente que si nuestros compañeros nos aman se comportarán de la forma en que nosotros nos comportamos cuando amamos a alguien. Eso nos decepciona una y otra vez, y nos impide comunicar cuáles son nuestras diferencias”, explica John Gray en su libro. Pero ¿cuáles son esas diferencias? Abramos el debate.

Primer round
“Hay una diferencia bastante común que es que los hombres tienen una conexión menos directa con sus sentimientos y no saben manifestarlos de una manera clara. Mientras que las mujeres sí”, comienza Jorge Moreno, médico psiquiatra y autor del libro 13 consejos para fracasar en pareja.
Beatriz Goldberg, psicóloga especialista en temas de pareja, lo explica de esta manera: “La mujer, para expresarse, utiliza mensajes y metamensajes, se contradice y luego se arrepiente; por el contrario, el hombres es lineal y directo. En pocas palabras, somos más complicadas, porque para decir A o B decimos todo el abecedario y finalmente nos sentimos incomprendidas”.
“Quizás las mujeres deban comprender que la relación del hombre con la palabra es diferente a la de las mujeres. La palabra, en el hombre, es más asertiva, específica y resolutiva. En la mujer es más abstracta, más emocional, menos unívoca. Los hombres se expresan más a través de las acciones, y es importante que las mujeres lo vean”, agrega el especialista en vínculos Sergio Sinay.

Segundo round
Aunque parezca que la principal diferencia radica en la forma en que nos comunicamos, los especialistas ven que el mayor motivo de queja en sus consultorios se debe a otro factor determinante: esperamos, en vez de pedir.
“Los problemas más típicos tienen que ver con la creencia de que el amor nos convierte en telépatas. ‘Si me quisieras, deberías saber que...’ o ‘Deberías darte cuenta de que...’. Eso es trágico, porque crea enormes vacíos de comunicación y, aunque amemos mucho, no somos adivinos”, expone Sinay.
Moreno, por su parte, explica que el problema se origina durante la formulación de las pautas de convivencia: “Durante los primeros tiempos, la pareja define la manera en que van a vivir el uno con el otro, pero la mayor parte de ese ‘contrato’ es implícito, y eso genera problemas. La solución es intentar hacerlo explícito, para tejer una red de acuerdos en la que uno conozca lo que quiere el otro, en vez de tener que suponerlo”.
Sinay también hace hincapié en el diálogo: “Siempre es bueno pedir lo que necesito, ofrecer lo que tengo, preguntar (en lugar de adivinar), decir lo que me molesta. Los grandes problemas de pareja pasan más por lo que no se dice que por lo que se dice”.

Tercer round
Ante la imposibilidad de comprender nuestras diferencias, generamos un problema mayor: querer cambiar al otro. Y si alguien pensó en lograrlo, ni lo intente: es imposible.
“Muchas veces uno cae en el supuesto de ‘porque me quiere, va a cambiar’, y no. Creer que uno puede cambiar al otro es un mito. Lo único que se puede hacer es, cuando se detecta una actitud negativa nueva, trabajarla a tiempo, para que no pase de ser una manifestación de la personalidad a un rasgo permanente”, comienza Moreno.
Sinay se suma, también en desacuerdo con la filosofía de moldear la pareja a gusto y piacere: “Muchos problemas se presentan por ignorar las diferencias irreconciliables. Y ante eso, hay personas que, erróneamente, se empeñan en cambiar al otro o en cambiar para el otro. Lo único que genera eso son problemas serios”.
En su libro Soy mujer, ¿y qué?, Beatriz Goldberg también aborda el tema: “¿Por qué deberíamos pedirle a un hombre que sea ordenado, que no mire fútbol o que no se junte con sus amigos, si eso lo hace feliz? Las mujeres experimentamos un deseo constante de formar al príncipe azul. Nuestras parejas deben rendir exámenes de todo tipo, ser comparados y exigidos al máximo. No intentemos cambiarlos. Dejémoslos ser libres y caminemos a la par”.

Knock-out o ave fénix
“Enamorarse es siempre algo mágico. Pero cuando la vida diaria comienza a imponerse, los hombres siguen esperando que las mujeres reaccionen como hombres, y las mujeres esperan que los hombres se comporten como mujeres. Aún con las más afectuosas intenciones, los problemas se hacen camino, la comunicación se interrumpe y muere el amor”.
Así explica John Gray la llegada de una crisis. Pero el debate continúa, porque así como hay motivos para fracasar en pareja, también hay formas de resurgir desde las cenizas.
“Para evitar los malos tragos, hay que comprender que una pareja está compuesta por dos personas, algo que parece una obviedad, pero que es un absoluto importante, porque mientras siga habiendo dos personas autónomas abiertas al intercambio, habrá pareja. Cuando no las haya, habrá crisis”, expone Moreno.
“Frente a los peores momentos, lo mejor es que las mujeres, con nuestra capacidad de multiplicarnos y nuestra sensibilidad para ver, no nos dejemos abrumar por lo que sucede”, propone Goldberg, mientras Sergio Sinay hace lo propio con los hombres: “Nosotros debemos aprender a escuchar siempre que ellas lo necesiten. Por lo demás, hay muchos aspectos del otro que nunca entenderemos. Lo grave ocurre cuando no los respetamos”.
Un consejo certero llega de la mano de Jorge Moreno: “Cuando la pareja está llegando a una crisis intensa, lo mejor es alejarse un momento de las emociones y poner primero la cabeza. Es como subir un escalón y mirar el problema desde arriba, para hacer que él, y no nosotros, sea el objeto de debate”.
¿Un secreto más? Entender que la relación de pareja es un devenir, un caminar juntos, un crecimiento dinámico y que, por eso, no hay que atarse a fórmulas preestablecidas, porque, tal vez, lo que antes funcionaba ya no funcione.
“Es necesario construir amor, confianza y comunicación desde el principio. Cuando una pareja cuenta con esto, tiene depósitos en su caja de ahorro afectiva que le permitirán afrontar las crisis, que son parte natural de un vínculo”, concluye Sergio Sinay.

“Los marcianos y las venusinas vivieron en paz porque fueron capaces de respetar sus diferencias”.

Ganarle al tiempo

Veinticuatro horas parecen suficientes para cumplir con nuestras obligaciones laborales, académicas y personales. Sin embargo, la sensación es que nunca alcanzan para cubrir todas las expectativas. ¿Cómo organizarse? Los especialistas responden.

Hay un refrán irrefutable que dice que el tiempo es tan universal como democrático. Que todos disponemos de 24 horas, 1440 minutos y 86400 segundos para realizar los quehaceres cotidianos. Esto es claro. Sin embargo, la sensación de los hombres, las mujeres y los adolescentes del siglo XXI, tan problemático y febril como su antecesor, es la de que esa cantidad de horas, minutos y segundos… no alcanzan.
“Mis mañanas son una especie de cuenta regresiva: tengo que apurarme para desayunar, bañarme, peinarme, maquillarme y llegar a horario a la estación de tren”, cuenta Dolores, 28 años, contadora. ¿El caso le resulta familiar? ¿Se siente identificado con ella?
El tiempo, que vuela, es tirano y vale oro, corre detrás de uno, persiguiéndolo. “Hoy por hoy, las personas están arrojadas a una carrera desenfrenada, cuya meta es ganarle al tiempo. Carrera que, inevitablemente, perdemos”, aporta la psicóloga Gloria Husmann. “La concepción del tiempo, no cíclica, sino lineal, constituyó la fuente de la vivencia actual al introducir la conciencia de las dimensiones de pasado, presente y futuro. La invención y difusión del reloj permitió que desarrolláramos la idea del ‘tiempo que pasa’ y del ‘tiempo que se pierde’. Como al ser humano no le gusta perder, pretendemos aprovechar al máximo ese bien preciado y precioso. Entonces, llenamos el día con actividades y no dejamos espacio para el ocio y, en muchos casos, para el descanso necesario”.
Las diferentes personalidades juegan un rol especial en la cuestión. No se exige lo mismo una persona competitiva y buscadora de logros, que aquella que no lo es tanto. Es que el universo del ser humano puede ser bien complicado: mientras algunos piensan que el tiempo les resulta escaso, otros creen que podrían aprovecharlo aún más (con el riesgo de emprender más cosas de las que se pueden hacer). Ni hablar si alguien del entorno se atreve a mencionar que le sobra tiempo. Seguro que no trabaja mucho, que no tiene preocupaciones y que vive panza arriba. “Efectivamente, existe esa idea de que no estoy ‘sacándole el jugo’ al día y que deberíamos esforzarnos un poco más. Pero la paradoja, irónica, es que si no hacemos esto… nos aburrimos”, grafica la socióloga Graciela Chiale.
“Como Chaplin lo marcó en Tiempos modernos, la noción de ‘Time is money’, frase de Benjamin Franklin, y el sometimiento del hombre y la mujer a las exigencias de rendimiento son propias de la Revolución Industrial y la sociedad occidental”, explica Roberto Sivak, médico psiquiatra, psicoanalista y director del Instituto Estrés Trauma Buenos Aires (IETBA). “Esas exigencias aumentaron en los últimos cuarenta años a partir de la mayor competencia por los lugares de trabajo, de las diversas y numerosas formas de esparcimiento, y de las grandes migraciones a las ciudades. Se requiere trabajar más horas, se emplea mayor tiempo en los traslados y se ‘estira’ el tiempo para lograr algo de esparcimiento, cuidar la vida familiar y afectiva, y atender la propia salud”.
Desde el punto de vista sociológico, Chiale coincide con Sivak y suma al debate otro ingrediente: la llegada del capitalismo. Para la especialista, a mayor cantidad de trabajo, mayor acceso a los bienes de consumo. “Pero esto es solo una ilusión”, sentencia la socióloga. “Cuando se accede a un bien ‘deseado’, inmediatamente aparece otro que provoca un nuevo deseo enmascarado como necesidad. Como la necesidad se hace urgente e inmediata, invertimos más tiempo en el trabajo para cumplir con el objetivo”.

El reloj de Cortázar
El tiempo, o la falta de él, es una preocupación mundial que lleva a muchos a buscarle “soluciones”, por disparatadas que parezcan. En España, dos madrileñas fundaron, en 2003, una empresa a la que bautizaron –no muy originalmente– No tengo tiempo. Por un puñado de euros, se encargan de alivianarles la agenda a aquellos que la tienen colapsada. De este modo, realizan trámites al estilo de pagar la matrícula del colegio o las multas, hacer la cola en organismos públicos, buscar casa o renovar el carné de conducir.
En definitiva, se trata de dominar al tiempo antes de que el tiempo domine al hombre. A propósito, Husmann cita a Cortázar: “En el preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj, él escribe: ‘No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj’”. Sivak ahonda: “El dominio del tiempo es evidencia de un logro madurativo emocional y psicológico. Se requiere equilibrio, claridad de objetivos, tolerancia a la frustración y actitud realista para dominar bienes que, si se agotan, no tienen reposición sencilla. La percepción de ser dominado por el tiempo se relaciona con personas con rasgos obsesivos, compulsivos, inmaduros, con ideales distorsionados, con tendencia al perfeccionismo o a la postergación y exigentes al punto de que todo lo que hacen les parece poco”.
Los avances tecnológicos también cargan con cierta responsabilidad. O, mejor dicho, los efectos que ellos producen en los seres humanos. “La tecnología puede generar conductas adictivas, de dependencia”, desliza Sivak. “En ciertas personas, por ejemplo, no leer o responder diariamente todos los e-mails puede provocar severos trastornos de ansiedad. ¿Qué pasa? Se confunde lo urgente con lo importante. La ansiedad lleva a la distorsión del uso del tiempo y la energía. Se descuidan proyectos que requieren planificación y serenidad”.
A la exclamación: “¡No tengo tiempo!” se le puede asociar otra: “¡No tengo vida!”. No obstante, los expertos aconsejan no detenerse en evaluar si uno tiene o no vida, sino en analizar las elecciones que se hacen, en implementar recursos para afrontar las responsabilidades con inteligencia y en establecer prioridades. No es sencillo, pero tampoco imposible.

Sincronicidad
Lo que uno hace, lo que uno debería hacer y lo que a uno le gustaría hacer. El secreto está en lograr un equilibrio óptimo entre estas tres variables. ¿Se puede? “Los hábitos pueden modificarse hasta encontrar la sincronicidad con la propia subjetividad. Esto promueve una determinada actitud frente al tiempo y frente a la vida”, define Chiale.
Para Husmann, utilizar óptimamente el tiempo es responder al recorte que cada uno haga de sus prioridades. “Cada persona tiene una relación propia con el tiempo –sostiene la psicóloga–. Pero existen plazos y fechas que hay que respetar. Es ahí donde la organización en el manejo del tiempo es fundamental. ¿Cómo? Hay varias maneras. A saber: medir el tiempo real que insume cada tarea y no distorsionarlo (pensábamos que lo resolvíamos en diez minutos y nos termina consumiendo media hora); prever tiempo para los imprevistos (un corte en la ruta, la caída del sistema en el banco, la computadora que se cuelga o el celular sin señal o sin carga son situaciones frecuentes que pueden tornarse insoportables); no vivir como un fracaso personal no poder cumplir con todo (no todo depende de nosotros); evaluar qué objetivos o tareas pueden ser pospuestos o modificados (no todo requiere de una inmediata ejecución); programar momentos de relax (después de una pausa, el rendimiento laboral se incrementa); no pretender hacer todo a la perfección (un alto nivel de autoexigencia no sólo perjudica la salud, sino que también afecta la flexibilidad para encontrar soluciones alternativas a las dificultades), y aprender a decir ‘no’ (no entrar en una vorágine de compromisos imposibles de cumplir, ya sea en el trabajo, en la casa o en nuestro círculo de amistades; esto provoca un grado de estrés innecesario. Decir ‘no’ asertivamente ahorra energía que podrá ser mejor utilizada”.
Alguna vez, la actriz norteamericana Shirley MacLaine argumentó que la conciencia del tiempo es igual a estrés, agotamiento corporal y emocional. Por ello, comenta Chiale, es tan importante organizarse, ya que eso le permite a uno realizar la mayor cantidad de tareas acordes con sus posibilidades y deseos. No hacerlo puede acarrear consecuencias indeseadas.
“El primer inconveniente es la sensación de insatisfacción provocada, la mayoría de las veces, por el estrés. Sentir permanentemente el sonido de una alarma interior que nos advierte que algo puede suceder o que nos estamos perdiendo de algo genera una constante tensión que afecta la calidad de vida”, afirma Husmann. “Aquellos que acuden a una consulta por no estructurar sus labores presentan síntomas como ansiedad psíquica y física (palpitaciones, hipertensión, gastritis, colon irritable), viven reprochándose a sí mismos, se deprimen, tienen conflictos familiares y padecen un decaimiento en su rendimiento laboral y académico”, diagnostica Sivak y concluye: “Cambiaría la frase ‘El tiempo es dinero’ por ‘El tiempo es una oportunidad… de vivir mejor’”.
nueva

sábado, 21 de agosto de 2010

Consejos para superar la experiencia del desamor

Si bien el amor hace felices a tantas parejas que pasean por su ciudad cogidas de la mano y haciendo planes en común de viajes, un compromiso e incluso hijos, es cierto que el amor no suele durar para siempre.

En muchos casos, este sentimiento tiene fecha de caducidad y por alguna razón u otra suele ser una de las dos personas la que pretende poner fin a una relación que durante tanto tiempo había hecho felices a ambos. ¿Por qué ocurre el desamor? Puede que sea la rutina la responsable de atribuir un aburrimiento excesivo a la relación, y que un compañero pierda el deseo sexual o las ganas de compartir momentos con su pareja, momentos que hasta ahora habían sido inolvidables.

Lo último que podemos hacer es culparnos. Cuando una relación llega a su fin, es porque perpetuar el tiempo juntos como novios no iba a dar una solución y no lograría revivir el amor. Nunca debe faltar la comunicación, la confianza y el deseo sexual en una pareja, y si los problemas entre ambos se han hablado y parece que nada va a revivir el sentimiento que les había unido con tanta intensidad en el pasado, lo mejor es aceptar que ningún intento logrará que vayamos atrás en el tiempo.


Cómo superar el desamor

Le querías muchísimo, y nunca te imaginaste un futuro sin él. Probablemente consideres que no volverás a sentir un amor como aquél, e incluso puede que llegues a pensar que ya no tienes nada más por lo que vivir. No podrías estar más equivocada. A pesar de que te cueste creerlo en estos momentos, no existe ningún problema –salvo la muerte– que no cure el tiempo. Y aunque te cueste superar esta etapa de tu vida, llegará el día en el que puedas pasar por los restaurantes donde solíais cenar, o las tiendas de bebés donde planeábais vuestro futuro en común, sin sentirte mal por dentro.

Para superar poco a poco el dolor de perder a tu pareja, empieza por alejarte. No le busques, ni mucho menos le pidas volver junto a ti. Cuanto más pronto asimiles que la relación no tenía futuro, antes podrás pasar página. Puede que te ayude escribir una lista de todo lo que no te convencía de él, o de la relación. Así te demostrarás a ti misma que vuestros caminos debían estar separados.

Probablemente te dolerá tener a la vista los libros que te regaló por tu cumpleaños o el peluche que te compró cuando cumplísteis el primer mes juntos. Esconde todo aquello que te recuerde a él, al menos por ahora. Ya podrás sacarlo cuando la herida haya sanado.

La forma más efectiva es mantenerte ocupada. Acepta la ayuda de tus amigos y familiares, y disfruta realizando todas las actividades que te hacen feliz. Apúntate a un curso de cocina, sal de compras si eso te ayuda y, sobre todo, no te quedes en casa. En la calle podrás distraerte y mantener tu mente ocupada. Y no olvides que este dolor es temporal. Ya lo aseguraba Laura Pausini... Otro amor vendrá.
21 de agosto de 2010 (diario femenino-derf)

Proyecto de Ley de Educación Inclusiva

En un emotivo encuentro, la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA) presentó el viernes 6 de agosto su Proyecto de Ley de Educación Inclusiva en la Legislatura porteña. La ley tiene un claro objetivo: cambiar la realidad actual donde cerca del 90 % de los niños con capacidades especiales, según datos de la Primera Encuesta de Personas con Discapacidad de 2003, no asiste a aulas comunes. El evento, que fue coordinado por los diputados Jorge Garayalde y Victoria Morales Gorleri, se realizó en el Salón Auditorio San Martín.

La iniciativa de ASDRA, que busca ser aprobada primero en la Ciudad de Buenos Aires y luego en el resto del país, contiene, entre otros, los siguientes derechos fundamentales para los chicos con discapacidad: que puedan cursar en todos los niveles del sistema educativo; que estén matriculados como alumnos con Necesidades Educativas Especiales (NEE) sólo en las escuelas comunes a las que concurran; que se respete la toma de decisiones de sus padres –con el previo consentimiento de los profesionales que los acompañan- respecto a qué escuela asistir, hasta tanto las personas con NEE logren su plena autonomía para elegir; que reciban los apoyos extraescolares necesarios; y que cuenten con las adaptaciones curriculares adecuadas que les posibiliten el proceso de enseñanza y aprendizaje en una escuela inclusiva.

Resulta importante señalar que el proyecto se apoya, fundamentalmente, en el artículo 24 de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que indica que “los Estados Partes asegurarán un sistema de educación inclusiva en todos los niveles”.

“La escuela inclusiva, como bien lo afirma la Declaración de Salamanca de 1994, es la que desarrolla una pedagogía centrada en el niño, capaz de educar a todos, inclusive a los que tienen necesidades especiales”, manifestó el Presidente de ASDRA, Raúl Quereilhac.

Luego de la presentación del proyecto, los diputados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declararon de “interés social” a la campaña “Insultos” impulsada por ASDRA. A través de esta acción se busca concientizar a la población acerca del uso de la palabra “mogólico” y se pone de manifiesto cómo el modo en que se utiliza el lenguaje puede generar barreras culturales en las relaciones con los semejantes.

Por otro lado, se entregaron medallas a ocho personas con diferentes tipos de discapacidad, quienes finalizaron recientemente en la U.C.A. la primera Tecnicatura de Formación Laboral.

Todas las acciones se realizaron en vísperas del 22º aniversario de ASDRA, que es el 8 de agosto.
PARATI
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Por Félix Vallejos.