jueves, 20 de agosto de 2009

Cuando Ellas son las jefas

Cada vez hay más mujeres en puestos de mando y, por lo tanto, hombres que les reportan. Las diferencias con el liderazgo masculino y un manual de supervivencia para los que no se adaptan.

Por Leandro Africano.

Si nuestra labor diaria reporta a una mujer, es bueno saber que la situación, que se repite a nivel global, llegó para quedarse. Las estadísticas señalan que en Argentina entre el 1 y 2 por ciento de los puestos de máximo nivel empresario están ocupados por mujeres, mientras que en los mandos medios o gerenciales alcanzan entre el 30 y 40 por ciento. En este contexto, vale preguntarse cómo es el estilo de conducción de ellas cuando están en puestos de alta jerarquía.

"Los hombres eligen un estilo de conducción basado en métodos de control. Las mujeres, en cambio, tienden al liderazgo transformacional, sustentado en la motivación y el apoyo", señala Lidia Heller, licenciada en Administración, consultora y experta en management femenino. "Las mujeres tienen una mayor preocupación por las cuestiones éticas, buscan incansablemente un equilibrio entre los aspectos profesional y humano del ambiente laboral, son rápidas solucionadoras de conflictos y ordenadas hasta el detalle. Asimismo, se puede decir que apelan mucho más a la subjetividad en la resolución de problemas. También son más sensibles e intuitivas, atributos que no siempre les juegan a favor", señala Eugenia Besler, directora de Selección y Productos de Adecco Argentina, consultora internacional de recursos humanos.

Daniel B. era empleado de un hipermercado de la zona norte del Gran Buenos Aires y se planteó, antes de renunciar, cómo encarar la relación con su jefa: "Ella era muy obsesiva con los detalles, con las formas, y no con el trabajo en sí. Por mis estudios y antigüedad, era el empleado más capacitado de la sección Electrodomésticos, donde trabajaba, pero a ella mucho no le interesaba. Lo único que le preocupaba era el orden, la limpieza y la exposición colorida de los productos. Nuestros superiores nos habían explicado que lo más importante era el control de stock, que se exhibieran los precios y evacuar las dudas de los clientes. Pero ella no les hacía caso".

Pronto llegaron las discusiones y las peleas. "La situación se volvió insostenible también con otros compañeros y se me presentó el dilema ético de delatarla frente a nuestros jefes señalando que no estaba haciendo el trabajo correctamente. Preferí callarme e irme a la competencia, donde sabía que habían designado a un jefe al frente del área en la que yo tenía experiencia."

Hombre trabajador argentino, a no desesperar, no correr por los pasillos, ocultarse en los baños ni evitar las reuniones. Ya tenemos un grupo de amigos que nos defiende.

El dilema del rol de las mujeres llegó hasta las orillas de una agrupación local denominada Varones por la Equidad: "Para llevarse bien con una mujer hace falta que la conducción sea amena, humana, transparente, no autoritaria, no repitiendo los vicios que quizá tenga la conducción masculina", agrega Daniel Blinder desde la agrupación.

Según Alejandro Formanchuk, presidente de la Asociación Argentina de Comunicación Interna, "las mujeres que ocupan cargos gerenciales sienten una doble presión: demostrar que tienen autoridad y pueden ejercerla y, a la vez, afirmar con sus actos que tienen una forma de liderar y de comunicarse mucho más emocional, completa y humana".

Quienes más riesgo corren al tener una mujer como jefa son los hombres que no se pueden sacar el traje de cavernícola. La clave es separar la jerarquía del género. De lo contrario, se comete el error que más caro se paga.

Consejos para una buena relación
1 /// Mantener un diálogo frecuente, laboral, no basado en el autoritarismo, las frases hechas ni los mandatos sociales masculinos.
2 /// No descalificar el discurso de las mujeres por sus atributos naturales, como la intuición, la subjetividad o la búsqueda constante de equilibrio.
3 /// Toda discusión tiene que estar debidamente argumentada, porque es en ese punto donde las mujeres son más exigentes.
4 /// Las mujeres que son jefas valoran mucho más la verdad, aunque duela, que cualquier engaño, mentira u ocultamiento de verdad.
Fuente:Brando

martes, 18 de agosto de 2009

Para mejorar la sexualidad conyugal hay que salir de la rutina

Por otra parte, todo se puede solucionar si se tiene madurez y autoestima.

El goce sexual conyugal no acepta rutina y servidumbre y un matrimonio aburrido genera relaciones ásperas y monótonas. La pasión se inventa cada día, si existe madurez y autoestima.

Si hay algo que envuelve todo un misterio y numerosas vivencias, eso es el placer sexual y la erótica conyugal. Es decir, las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer que se unen bajo un compromiso marital.

En las culturas primitivas, sobre todo las musulmanas, su sentido era muy estricto. Conceptos conservadores ortodoxos, vigentes incluso en la Edad Media, llegaron a producir la mayor aberración hacia las mujeres.

Fue Sigmund Freud, el famoso autor del psicoanálisis, quien desarrolló varias teorías al respecto. Según Freud, el “desfloramiento” no tiene sólo una consecuencia natural en el organismo femenino, sino que puede provocar reacciones de hostilidad e inhibición sexual.

Ese sometimiento de la mujer hacia el hombre, esa exigencia de “pureza” en sus órganos, es aberrante y desencadena un profundo rechazo por parte de la mujer. El singular tabú de la virginidad, el temor del esposo a no someter a una esposa virgen, provoca conflictos anímicos y psíquicos.

Por ello, la mayoría de los sexólogos consideran que son más excitantes y placenteras las relaciones de segunda ocasión. Es decir, el primer matrimonio, ese compromiso sellado bajo la fuerte presión de una mujer “pura y virgen”, desaparece en las segundas relaciones, mucho más libres, desinhibidas y sensuales. Sometida ya la mujer una vez, enaltecido el ego machista, el camino es más libre, fácil y placentero.

Una erótica conyugal basada en el desfloramiento necesario de la mujer provoca una reacción hostil y una falta de libido femenina. A pesar de su larga tradición conservadora a través de los siglos, y su continuidad aún en muchas culturas, la erótica conyugal no debe estar marcada por esta exigencia, que supone un latigazo machista y discriminatorio.

Muchas parejas se separan, precisamente, por esa férrea exigencia de fidelidad mal entendida, ignorando que en el sexo, las ataduras alejan el deseo y reprimen la espontaneidad. No existe placer o goce sexual completo con estas premisas y conceptos.

Ligar eternamente el placer de una mujer a un determinado hombre, es un acto de servidumbre. Establece una jerarquía de posesión y dominio insanos, con una reacción de hostilidad bajo dos fenómenos.

Por un lado, un complejo de castración, una ofensa en ese acto de ser “desflorada”. Por otro, una represión que, a la larga, acaba en un rechazo hacia la pareja conyugal. En las alas del placer, el intento de ser cortadas con tabúes y prejuicios, deriva en una actitud servil, pero nunca plena y orgásmica.

Y aunque esto parezca algo completamente común y ya establecido en las sociedades actuales, sigue ocurriendo.

Por esto, muchas tribus primitivas, incluso los sabios egipcios, preferían el desfloramiento de las mujeres en personas ajenas al matrimonio, con el fin de prevenir esa hostilidad negativa hacia el esposo.

Ello también era común entre los romanos y civilizaciones indígenas de América, donde la virginidad no es tan sagrada como la impuesta por estrictas religiones.

Dentro del matrimonio, la erótica entre los cónyuges es toda una asignatura pendiente.

El hombre suele mermar en su deseo sexual y, conforme pasa el tiempo, no ver a la mujer como una amante deseada, apetecida, sino únicamente como la madre de sus hijos.

Ello conlleva el riesgo de unas relaciones rutinarias, monótonas, que pueden abocar en la ruptura conyugal. Las segundas nupcias ya estarán más libres de tales efectos.

La pasión se inventa cada día, si existen madurez y autoestima. Es la única manera de salvaguardar unas relaciones sexuales conyugales que pueden pasar por muchos altibajos.

El mayor peligro del matrimonio y las parejas estables es precisamente la rutina y el aburrimiento, lo que lleva, como bien dice el refrán, a buscar fuera de casa lo que no se tiene dentro de ella. Rutina y servidumbre son los mayores enemigos de una erótica conyugal sana y excitante.



18 de agosto de 2009 (MU)

martes, 11 de agosto de 2009

Cómo convertir a cualquier hombre en un gran amante

¿Tu chico no logra hacerte llegar al cielo? No te desesperes: te contamos todo lo que necesitás saber (y hacer) para perfeccionar su performance sexual. Tomá nota de todo y... ¡preparate para volar!

Todas, alguna vez, hemos caído en brazos de un hombre desastroso como pareja aunque un amante increíble. Pero ¿qué pasa cuando las cosas son al revés y el indicado resulta ser de madera terciada en la cama? Podríamos hacernos las que no somos tan carnales, pero la verdad es que el sexo es crucial en cualquier relación. Al margen del tamaño y del desempeño de su equipo, puede ser que al hombre le falte know how. Claro que esto no es irremediable: solo tenés que saber cómo ayudarlo. Si él es incapaz de lograr que se mueva una brizna de hierba –ni hablar del gran temblor–, es muy probable que nunca haya logrado descubrir qué es lo que queremos las mujeres. Para nuestra suerte, la mayoría de los varones de este planeta estarían felices de mejorar sus técnicas... siempre que los tratemos (a ellos y a sus egos, obvio) con muchísima consideración.

El primer paso, por supuesto, es hablar. Pero ¿cómo encararlo? “Un buen amante tiene que ser un buen interlocutor, porque el sexo es un diálogo”, dice la ginecóloga y sexóloga Beatriz Literat, a cargo del departamento de Disfunciones Sexuales de Halitus. “Si a él le gusta monologar, también lo hará en la cama. Pero si es un hombre receptivo, le va a interesar escucharte. La única precaución es ser lo suficientemente delicadas. A veces, las mujeres nos ponemos demasiado enfáticas, mientras que los varones, de alguna manera, siguen apegados a la idea de que ellos tienen que ‘enseñarnos’ . Entonces, en lugar de asustarlo, dale un espacio: contale que somos diferentes y explicale cómo te gustaría que sintonizara con vos. El sexo es una danza de dos cuerpos tocándose, buscándose, explorándose”.

Puede ser un hecho consumado que tu chico no sea ningún as entre las sábanas, pero si vos no sabés qué es exactamente lo que dispara tu excitación, no sería justo que le endosara a él la responsabilidad de descubrirlo. La terapeuta sexual Paula Hall, autora de The ultimate guide to great sex (La gran guía para un sexo fabuloso), explica: “Es un error creer que tu compañero es el encargado de tu satisfacción. Todos somos responsables de conocer nuestras propias necesidades sexuales y comunicárselas a nuestros partenaires. A la mayoría de los varones les encantaría que sus mujeres fueran claras sobre lo que quieren en la cama, mientras que nosotras pretendemos que ellos lo sepan instintivamente. Acordate: a los varones los excita mucho saber que están haciendo algo que a vos te gusta. Además, ellos son mucho más receptivos a los estímulos que a las críticas”.

Así que, si querés que esa felicidad que llena tu corazón se extienda más allá de la cintura, esta misma noche tomá el toro por las astas (es una forma de decir, mantengamos la calma): guiá a tu hombre en la dirección correcta y lográ que te derrita de deseo y placer. ¿Cómo? Leé con atención estos consejos para superar, disolver y reorientar a tu favor los cuatro grandes obstáculos que conspiran contra vos entre las sábanas.

DIFICULTAD 1
Nunca trata de seducirte

Si su idea de conquista se basa en el ritual de llamarte con cara picarona desde la cama, donde está mirando televisión, y agarrarse la entrepierna con una mano, al tiempo que pregunta: “¿Qué hacemos con esto?”, necesitás tomar medidas urgentes. “Por desgracia, cuando lleva mucho tiempo con la misma pareja, el hombre tiende a creer que ya no tiene que conquistarnos más”, dice la investigadora sexual Susan Crain Bakos, autora de The Sex Bible (La biblia del sexo). “Las primeras veces, ellos se esfuerzan para llevarte hasta la cama y, a partir de cierto momento, dan por sentado que vas a terminar ahí. Pero para nosotras la seducción es importante, porque nos hace sentir deseadas”. Además, existe una razón fisiológica que tu chico debería conocer: “Las mujeres necesitamos que un litro de sangre fluya a nuestra pelvis para congestionar los labios y el clítoris, y preparar las condiciones para que pueda darse el orgasmo. Como nuestro corazón es más pequeño (y nuestras arterias, menos gruesas), ese proceso tarda entre 25 y 45 minutos. El varón, en cambio, tiene un corazón más musculoso y su pene se llena con un cuarto de litro: están listos en segundos, con apenas cuatro o cinco bombeos. Entonces, no es ilógico que la previa nos resulte indispensable”, explica Literat.

Pero ¿podemos volver el tiempo atrás, para que él se comporte como en los primeros encuentros? “La respuesta es: de ninguna manera. Es imposible; una vez que se acabó, eso no vuelve más. Los varones generalmente no suelen ser románticos a la hora del sexo”, dice Bakos. “Si querés una sesión con velas, música y masajes, vas a tener que organizarla vos. A él posiblemente le va a gustar, pero no necesariamente lo generará. Necesitás aceptar que los dos cambiaron y usar tácticas nuevas, como explorar tus fantasías, para revivir tu vida sexual”, explica Bakos.

DIFICULTAD 2
Su previa es muy previsible

Existen muchas razones por las que el juego previo puede dejarte más desinflada que ardiente. Después de entre 18 meses y 3 años de relación (el tiempo que dura la pasión), ya no te encendés apenas te pone un dedo encima. “Una explicación podría ser que los movimientos y caricias que funcionaban para vos en épocas anteriores ya no te van más. Eso quiere decir que los dos van a tener que poner un poco más de energía y de creatividad en el sexo. Prueben llevarse un libro erótico a la cama o ponerse mimosos en otros lugares que no sean el dormitorio, para traer algo de esa excitación de lo novedoso”, explica Bakos.

Pero ¿qué pasa si la previa con él no es tan buena porque... él no es tan bueno en la previa? Lo importante es: “Hay esperanza para cualquier hombre. Si le falta experiencia o habilidad, puede aprender. Si hace poco que salen y todavía no conoce bien tu cuerpo, quizá repite las movidas que hacía con su ex, que no tienen por qué funcionar con vos”, asegura la psicoterapeuta sexual Rachel Morris. El método práctico para entrenarlo, entonces. “Empezá por besarlo, tomando su cara entre tus manos”, aconseja Bakos. “Probá darle mordisquitos, succionar sus labios y recorrerlos juguetonamente con la punta de tu lengua. Después, mostrale cómo te gusta que te toquen, guiándolo. Poné sus dos manos en tu cadera e indicale cómo acariciar tu piel: suavemente, frotándola con sus pulgares. Después, hacelo avanzar hacia la parte interior de tus muslos, con caricias más largas. Llevá sus manos a tus lolas y mostrale la presión que tiene que hacer mientras dibuja círculos alrededor de tus pezones. Enseñale si querés que te los chupe, te los lengüetee o te los apriete”. Practiquen durante dos o tres encuentros este “Dígalo con mímica” erótico.

DIFICULTAD 3
El sexo oral está fuera del menú

Primero, las malas noticias: según las estadísticas, el 29% de los hombres no practica el cunnilingus. “A nadie le agrada escuchar esto, pero si a un varón no le gusta dar sexo oral, no esperes que de un día para otro se convierta en un virtuoso ni que lo disfrute”, dice Bakos. “Pero como menos de un tercio de las mujeres es capaz de llegar al orgasmo solo con la penetración, por lo menos va a tener que intentarlo. Una posibilidad es negociarlo: ‘Si vos hacés esto por mí, yo hago esto otro por vos’. Si le ofrecés una retribución muy excitante, va a estar encantado de repetir la performance”.

Claro que este trueque no prosperará demasiado si él evita el sexo oral porque tiene miedo de estar haciéndolo mal. Si descubrís que es un campeón del cunnilingus, ¡hacéselo saber! Pero si es tan malo como él cree, es hora de darle algunas coordenadas. “Agarrá su cabeza entre las manos para que puedas controlar la presión. Una vez que tengas su lengua bien ubicada (sobre tu clítoris), guiá la acción moviéndote contra su boca. Agregá sonidos que lo estimulen cuando lo está haciendo bien”, explica Bakos. Y si todo falla, siempre quedan otros caminos por andar. “Un dedo bien lubricado puede sentirse como una lengua. Y también existen muchos juguetes sexuales que pueden reemplazarla”, señala Morris.

DIFICULTAD 4
El velocímetro está desincronizado

Tus tiempos para acabar y los de tu hombre pueden diferir en segundos... o en horas. “Si hace mucho que están juntos, quizá la erección ocurra más rápido que en los primeros encuentros, mientras que la eyaculación empieza a demorarse. Casi todas las parejas tienen que ajustarse permanentemente”, dice Bakos. Y olvidate de los orgasmos simultáneos, que siempre fueron el Santo Grial del sexo. “De lo único que tenés que preocuparte es de acabar primero, no trates de hacerlo al mismo tiempo que él. Después del orgasmo, los varones quedan totalmente agotados y lo único que quieren es dormir o comer”, explica Bakos.

Y si él viene a todo galope mientras vos seguís escalando lentamente hacia tu meta, lo primero que tenés que hacer es entender por qué sucede esto. “En términos biológicos, el fin del sexo es la reproducción. Por eso, en la naturaleza el macho más fuerte es el que acaba más pronto. En los tiempos prehistóricos, la situación amatoria era peligrosa (era un momento en el que nuestros antepasados quedaban a merced de los peligros), por lo cual el organismo masculino la resuelve rápido: el pene se llena de sangre, drena y se acabó”, explica el psiquiatra y sexólogo Andrés Flichman, codirector de Hémera. “La mujer, en cambio, psicológicamente contempla y valora muchos aspectos del encuentro que no tienen que ver solo con llegar al orgasmo: algo que a los varones les cuesta mucho entender y creer”. Los especialistas sostienen que el orgasmo femenino no es necesario para la procreación y por eso la naturaleza no se ocupó de que lo consigamos tan rápido como ellos.

Ahora que sabés el motivo de tu “lentitud” –o de su “acelere”–, tal vez sea hora de aplicar algunas tácticas para ajustar el timing. “Podés aumentar tu excitación focalizando la previa más en vos que en él o masturbarte un rato antes, para empezar desde su mismo nivel”, sugiere Bakos. “Para lograr una mejor coordinación, él puede empezar con penetraciones lentas y profundas, mientras estimula tu clítoris. En medio de la acción, puede interrumpir las embestidas y hasta retirar su pene, para focalizar su atención en complacerte”. En cambio, si sos vos la que se desorbita más rápido, ¿cuál es el problema? “¡Siempre podés acabar de nuevo!”, recuerda Bakos.

Una última advertencia si recién empezás a salir con él: aunque sus besos y sus caricias te provoquen una sensación muuuy placentera, esto no es garantía de que tu cuerpo vaya a incendiarse. “Lo que llamamos ‘química sexual’ es algo muy impredecible. Pero no te confundas: tenerla no necesariamente significa que encontraste a tu alma gemela”, afirma la counselor de parejas Val Sampson, autora de How to have a great sex for the rest of your life (Cómo tener sexo fantástico durante el resto de tu vida). Paula Hall agrega: “Hay una gran diferencia entre atracción y técnica. La atracción tiende a tener tres categorías: apagada, neutral y encendida. Obviamente, esta última es genial, pero la neutral puede funcionar: si te gusta un chico pero sentís que no te atrae demasiado físicamente, podés trabajar en la técnica”. Entonces, ¿qué esperás para comprobarlo?


fuente: cosmopolitan TEXTO: SALLY MORRIS Y ROSIE MULLENDER. FOTO: CHRIS CLINTON.

Volver a elegirse

A veces una separación no significa el fin. Hay quienes, luego de años alejados, apuestan nuevamente a una misma relación. Y a pesar de haber seguido caminos distintos, descubren que el amor sigue intacto. Cuatro parejas comparten sus historias y explican qué los llevó a reencontrarse más allá del tiempo y la distancia.

Y un día volvió, cuando nadie la esperaba. La misma pareja que, tiempo antes, había decidido soltarse, andaba otra vez de la mano. Contra todos los pronósticos, dos que se habían jurado primero amor, y luego desamor eternos, volvían a estar juntos. ¿Qué pasó en el medio? Sólo lo sabe Cupido.
“Muchas pueden ser las razones por las cuales una pareja vuelva a elegirse después de una separación. El corte, a veces, significa una solución express precipitada. En la era de lo fast, los integrantes de la pareja tal vez no logran detenerse y entrar en un espacio de reflexión. La angustia que la crisis representa se hace insoportable y la tolerancia a la frustración resulta demasiado baja como para hacer frente a los embates del tiempo y la convivencia. Entonces la separación funciona a modo de fuga del conflicto de una relación que aún no estaba agotada –explica la licenciada Viviana Kahn, psicoanalista y autora del libro Mi libertad por un novio (Sudamericana)–. Es la distancia la que oxigena y pone paños fríos para dar lugar a una segunda vuelta. En el mejor de los casos, y tal vez con la intermediación de un tercero terapéutico, esta nueva apuesta da la oportunidad de verse y ver al otro, abrirse a un diálogo franco, recuperando los puntos en común que amalgamaban la relación; reconociendo las diferencias y los fantasmas que habitan a cada uno y que entorpecían el encuentro y el disfrute”, señala la terapeuta y aconseja: “Es necesario un cambio de posición de cada uno de los integrantes de la pareja y la voluntad de abrirse el uno al otro para así redefinir y recrear la relación”.

Ejemplos abundan: Daniel Scioli y Karina Rabolini , o años atrás, Ricardo Darín y Florencia Bas. ¿Finales felices? Tal vez. Más que nada, relatos de amor después del amor.

Marta Ibañez (63) + Rolando Hanglin (63). “Nos conocemos desde los 23 años, pero como estábamos casados con otras personas, nos hicimos amigos. Después me radiqué en España y cuando volví nos encontramos de casualidad: yo le había vendido un Citroën 2CV que ella chocó y, como no había hecho la transferencia, necesitaba mi firma para el seguro. Llamó a lo de mi mamá y justo atendí yo”, cuenta Lani. Ya separados de sus respectivos ex, empezaron a salir. “Nos fuimos a vivir juntos a los seis meses. Después nos casamos y nos asentamos definitivamente en la casa de Martita, junto a sus tres hijos Paula, Emilio y Javier y a los míos, Camilo y Faustina –cuenta aquel periodista cautivado por aquella rubia oficial de Justicia–. Eran años difíciles. Después fuimos progresando y llegó nuestra hija en común, Salomé. Hasta que aparecieron los problemas matrimoniales. Es que de los 28 a los 50 años pasan muchas cosas: chicos, lucha, desgaste…”.

Se separaron legalmente en 1999 y cada uno siguió con su vida: ella desde un perfil más bajo; él desde la popularidad. En esos ocho años separados, jamás volvieron a hablar. “Fue muy ingrato”, reconoce. Pero un día juntó fuerzas y la llamó. “Los dos estábamos solos y la invité a cenar. Fue intenso: todo empezó de nuevo, pero de una forma distinta. Los motivos que nos habían distanciado ya no estaban, pero manteníamos ese entendimiento instintivo y espiritual de siempre. No hubo pase de facturas: queríamos resolver y estar tranquilos”. Invitado a encontrar un porqué, Hanglin esboza: “A veces nos enamoramos de falsos espejismos y perdemos lo verdadero. Pero cuando hemos vivido un gran amor daríamos cualquier cosa por volver a él. Hay una nueva elección de esa intimidad, de entenderse con una mirada. Quienes no lo logran viven amargados para siempre. A mí, por suerte, Dios me permitió volver a las fuentes. Y nuestra intención es seguir así, hasta que la muerte nos separe”.

Mariela Garcia Wolff (32) + Gonzalo Argento (33). Trabajaban en la misma empresa de celulares, pero no se conocían. Hasta que un viaje promocional a la Patagonia los unió: “Fue en 1997: compartimos casa durante veinte días con otros chicos”, dice él y ella agrega: “Cuando lo empecé a conocer me encantó”. Fueron días de trabajo, amor y paisajes soñados, hasta que tuvieron que volver. “Enseguida nos dimos cuenta de que había algo fuerte. Quedamos en vernos el primer día que lloviera. No habíamos intercambiado teléfonos, pero yo sabía que estaba en la sucursal de Puerto Madero. Así que la llamé desde un teléfono público y le dije que estaba afuera”, cuenta romántico Gonzalo, pero Mariela aporta un dato gélido: “El detalle es que él estaba re de novio, en una relación de años. Entonces sufríamos mucho cada vez que nos veíamos. En un mar de lágrimas, decidimos cortar. Eramos muy chicos”.

De ahí en más, no supieron nada del otro y formaron nuevas parejas. Gonzalo viajó a Brasil y puso un bar. Mariela apostó a la profesión, a vivir sola y a divertirse. Hasta que nueve años después volvieron a cruzarse, de casualidad, en un pub irlandés. “Cuando lo vi casi muero. ¡No sabía qué hacer! Entonces tomé coraje y lo esperé a la salida del baño”, rememora ella y a él le brillan los ojos: “Fue muy emocionante: la abracé y sentí que el tiempo no había pasado. No me quería soltar”. Esa vez intercambiaron números telefónicos y no se separaron. “Fue perfecto, porque estábamos en el momento ideal para empezar algo. El destino nos había juntado antes de lo previsto, pero nos dio otra oportunidad”, reconocen. Enseguida se mudaron juntos y a los cuatro meses se comprometieron. Hasta que ella le propuso matrimonio por carta. El aceptó y dieron el sí en 2007, con casamiento por iglesia y fiesta. La luna de miel fue en San Martín de los Andes, el mismo lugar en donde se conocieron. En julio de ese mismo año, justo en el aniversario número diez del primer flechazo, nació su hija Guadalupe, que hoy tiene un año y medio. “Qué cursi, ¿no?”, pregunta Mariela y enseguida remata: “¡Las historias de amor son siempre cursis!”.

Patricia Sosa (53) + Oscar Mediavilla (53). Se conocieron cuando ella tenía 15 y dos años más tarde empezaron a salir. Era 1974. “El tenía una banda de rock. Me enamoré del que tenía la guitarra colgada –bromea Patricia–. Para estar con él empecé a hacer coros, como hobby. Todavía no tenía claro que me iba a dedicar a la música: el amor me abrió las puertas de un lugar que después iba a ser mío. Nos unía la vocación, el amor por las mismas cosas y la lucha por conseguirlas. Hablábamos el mismo idioma, crecíamos juntos”, confiesa la cantante.

La relación duró hasta 1996 y en el medio tuvieron a su hija Marta (20). “Nos divorciamos muy mal, con reproches y facturas pendientes. Habíamos olvidado hablar: nos habíamos convertido en profesionales maravillosos, pero lejanos, que iban hacia distintos lugares. Me esmeraba tanto por alcanzarlo, que me olvidaba de mí –dice y reconoce que pagó una fortuna para tener un divorcio rápido–. No quería verlo más. Fuimos a firmar sin hablarnos y, con la jueza adelante, me regaló flores. Le expliqué que no había motivos y él dijo que era para agradecerme tantos años de felicidad. Ahí le pregunté a la jueza si uno podía volver a casarse con la misma persona y ella me preguntó si lo tenía previsto, pero le dije que ni loca”.

Según Sosa, el vértigo, la fama y el éxito les habían jugado una mala pasada: “Perdimos las prioridades. No hablábamos de nada que no fuera trabajo. Nos sentíamos muy exigidos”. En 1999 volvieron a hablarse. “Primero por laburo; yo no había grabado desde la separación. El me consiguió algunos trabajos y poco a poco nos dimos cuenta de que el sentimiento estaba intacto. Sólo había sido una gran tormenta y el cielo estaba limpio”, dice y señala que la reconciliación fue paulatina y que la no convivencia fue condición de los dos. “Pero estamos muy juntos, aún más que cuando convivíamos. Todavía me emociona cuando me hace el desayuno como a mí me gusta. Volvimos a elegirnos de a poco, para no asustarnos. El amor no se formaliza, se siente”, sintetiza

Fuente: Para Ti
textos MARIA EUGENIA SIDOTI fotos MAXI DIDARI/A. ATLANTIDA.

viernes, 7 de agosto de 2009

Sexo esporádico sin sentirse usada

La revista Human Nature ha publicado un estudio que afirma que las mujeres disfrutamos menos que los hombres del sexo esporádico.

Normalmente, después de una noche de sexo con alguien que no conocemos mucho tendemos a sentirnos culpables e, incluso, usadas. Sin embargo, para los hombres el sexo rápido y directo de una noche suele ser una hazaña que les parece divertida.

¿Por qué no nos gusta el sexo esporádico?

No es que no nos guste el sexo casual, sino que preferimos otro tipo de relaciones, sobre todo, lo que buscamos es calidad y valoración. En la mayoría de los casos, en una noche no podemos encontrar la complicidad y la atención que necesitamos en una relación sexual y, al no darse estos atributos, nos sentimos frustradas y usadas porque no hemos quedado complacidas.

Otro agravante que hace que disfrutemos menos del sexo esporádico es que la mujer, normalmente, no queda satisfecha en las noches de sexo sin compromiso porque no conoce bien a su contrario.

El estudio, realizado a más de 1.743 hombres y mujeres que habían experimentado sexo esporádico alguna vez, revela que más del 80% de los hombres afirma que después de una noche de sexo casual se sienten muy agusto, disfrutan de esa noche de sexo esporádico sin complejos. Sin embargo, es un 54% de mujeres las que declaran que las relaciones sexuales esporádicas han sido satisfactorias, pero también apuntan que siempre piensan en que puede durar más de una noche e intentan provocar futuros encuentros.

Si controlas tu sexualidad y tu deseo no debes sentirte culpable por una noche loca, ¡ ni por dos!. Lo más importante es disfrutar del sexo porque, hoy en día, puedes llevar las riendas de la situación como te plazca. Sé decidida y si de veras te apetece tener sexo casual, sin compromisos, lo que tienes que intentar es que esa relación sexual esporádica sea satisfactoria. Igualmente, en un encuentro de este tipo tienes que saber que es complicado que quedes plenamente satisfecha. Cuanto más tranquila y segura de ti misma estés mejor te compenetrarás con la otra persona y seguro que disfrutas más del sexo esporádico.



06 de agosto de 2009 (Cosmo)

jueves, 6 de agosto de 2009

Cuándo dejar una relación de pareja

Una de las cosas más complicadas en las relaciones humanas es saber cuándo dejar una relación de pareja.
Las relaciones sentimentales no son como los yogures y no llevan estampada la fecha en que dejan de ser aptas para el consumo. Pero sí hay ciertos signos que indican que del amor queda poco o nada, ahora sólo tienes que saber cuándo dejar la relación con tu chico...

Seguro que muchas veces has ido a ver una película romántica, de esas en las que acabas soltando la lágrima. Pero cuando acaba la peli y se encienden las luces de la sale, coges el bolso y te vas a tu casa, con los ojos llorosos, sí, pero como si nada hubiera pasado. ¿Verdad que sería maravilloso que en el mundo real ocurriera lo mismo?.

Nuestra vida sería mucho más fácil sí, cuando una relación de pareja se ha acabado sin remedio, apareciera la palabra "fin" para que no hubiera dudas y pudiéramos coger nuestras cosas y seguir adelante. Pero, tristemente no es así, tenemos que pensar seriamente cuándo dejar una relación de pareja y, esto, a veces, se convierte en un infierno.

Inevitablemente una ruptura supone el final de una etapa y el principio de otra y eso siempre da miedo. De ahí que, muchas veces, no estamos seguras de si de verdad no hay nada más que hacer o si, por el contrario, la relación de pareja aún es recuperable. Según la psicóloga María Jesús Álava Reyes, en su libro Amar sin sufrir, dice que con frecuencia muchas personas se plantean si aún pueden tener una oportunidad. Sólo merece la pena hablar de esperanza en aquellos casos en los que la relación afectiva nos ha llenado de felicidad, pero también de seguridad y equilibrio.

Cuando la incertidumbre y la insatisfacción han sido las constantes de ese supuesto amor, ¿para qué queremos que continúe?, ¿para seguir sufriendo?. Pues no, evidentemente, y para eso necesitas identificar los síntomas que indican que estás ante el principio del fin. Nadie puede decir con exactitud en qué momento se acaba el amor, eso es algo que sólo pueden saber sus protagonistas. Lo que sí existen son señales objetivas de que el asunto va por mal camino.

Te presentamos nueve señales de que tu relación se ha pasado de fecha y tu chico y tú habéis llegado al punto de no retorno, estas señales te pueden ayudar para saber cuándo dejar una relación:


1. Pensabas que iba a cambiar pero no lo ha hecho
2. Él te ha sido infiel y no quieres ser una esclava conformista.
3. Tú has sido infiel
4. No es la primera ruptura
5. No te gustas a ti misma cuando estás con él
6. A tu familia no le gusta nada tu chico
7. En el fondo tu chico te aburre
8. Te anclas en el pasado y añoras estados anteriores
9. No te valora y te sientes maltratada



05 de agosto de 2009 (Cosmo)

miércoles, 5 de agosto de 2009

Si la pareja se disuelve, la salud lo siente

NUEVA YORK.- Los casados tienden a estar más sanos que los solteros. Pero, ¿qué sucede cuando el matrimonio se acaba?

Un nuevo estudio muestra que cuando las personas que se han casado vuelven a estar solas ?ya sea debido al divorcio o a la muerte de su pareja? experimentan mucho más que una pérdida emocional. Habitualmente sufren un deterioro de la salud física del que nunca se recuperan del todo, aun cuando vuelvan a casarse.

Y en términos de salud, no es mejor haberse casado y luego volver a estar solo que no haberse casado jamás. Las personas de edad media que no han contraído matrimonio tienen menos problemas crónicos de salud que aquellas que se han divorciado o han enviudado. Los hallazgos, que surgen de un estudio nacional en 8652 varones y mujeres de entre 50 y 60 años, sugieren que el estrés físico que supone la pérdida del matrimonio persiste aun cuando las heridas emocionales se han curado.

Si bien esto no quiere decir que las personas deberían seguir casadas a cualquier costo, sí muestra que la historia marital de una persona es un importante indicador de salud, y que la persona que vuelve a estar sola debe estar especialmente atenta al manejo del estrés y a la práctica de actividad física, aun cuando vuelva a contraer matrimonio.

"Cuando nuestra pareja se enferma y está por morir o cuando el matrimonio empeora y está por morir, los niveles de estrés suben", dijo Linda White, profesora de sociología de la Universidad de Chicago, Estados Unidos, y coautora del estudio que será publicado en el número de septiembre de la revista The Journal of Health and Social Behavior . "Uno no duerme bien, su dieta empeora, no puede hacer gimnasia, no puede ver a los amigos. Es todo un paquete de hechos negativos."

Efectos documentados
Los beneficios que reporta el matrimonio a la salud, documentados por numerosas investigaciones, parecen provenir de diversos factores.

Las mujeres, en particular, actúan como guardianas de la salud de sus maridos, agendándoles consultas con sus médicos y avisándoles si notan alguna señal que sugiera un problema de salud.

Los cónyuges pueden además ofrecer apoyo logístico, cuidando de los hijos cuando la madre practica actividad física, o llevándola y trayéndola del médico.

En el último estudio los investigadores trataron de averiguar cuál es el impacto del divorcio, de enviudar y volver a casarse en un amplio número de personas.

De las 8652 personas estudiadas, más de la mitad todavía seguía en su primer matrimonio. Alrededor del 40% se había divorciado o había enviudado, y cerca de la mitad de estas personas se había vuelto a casar en el momento del inicio de la investigación. Sólo un 4% nunca había contraído matrimonio.

En suma, los varones y las mujeres que habían atravesado un divorcio o la muerte de su pareja refirieron un 20% más de problemas crónicos de salud, como enfermedad cardíaca, diabetes o cáncer, en comparación con las personas que seguían casadas.

Las personas que previamente habían estado casadas también tendían a tener mayores problemas de movilidad, como dificultades para subir escaleras o caminar una distancia significativa.

Si bien volver a contraer matrimonio se asoció con una leve mejoría de la salud, el estudio mostró que la mayoría de las personas que se habían vuelto a casar no habían logrado recuperarse completamente del declive físico asociado con el fin del matrimonio. En comparación con aquellas que seguían casadas, las personas que atravesaban un segundo matrimonio tenían un 12% más de problemas crónicos de salud y un 19% más de problemas de movilidad.

Un segundo matrimonio no parece curar tampoco las heridas emocionales. Las personas que habían vuelto a casarse tenían una cantidad levemente mayor de síntomas depresivos que aquellas que seguían casadas.

Una fuerte asociación
El estudio no prueba que la pérdida del matrimonio sea la causa de estos problemas de salud, sino sólo que ambos hechos están asociados. Podría ocurrir que las personas que no hacen ejercicio, comen peor y no pueden manejar el estrés sean más propensas a divorciarse.

Aun así, los investigadores señalan que la asociación se observó tanto en las personas divorciadas como en las que habían enviudado, un dato que sugiere una poderosa relación causal.

Pero nada sugiere que los cónyuges deban mantener un mal matrimonio en nombre de la salud. Los problemas maritales también causan trastornos físicos.

En una serie de experimentos, científicos de la Universidad de Ohio estudiaron la relación entre las peleas maritales y la respuesta inmunológica, medida en el tiempo que demanda una herida en sanar. Los investigadores estudiaron a parejas en las que se aplicó un dispositivo de succión que dejaba ocho pequeñas ampollas en sus brazos. Luego, las parejas debían discutir, a veces sobre temas positivos, a veces, sobre temas conflictivos.

Después de un conflicto marital, las heridas tardaban un día más en sanar. Entre las parejas que exhibieron los niveles más elevados de hostilidad, las heridas demandaban dos días más que aquellas que habían exhibido menos animosidad.

"Diría que si uno no puede arreglar su matrimonio, mejor es salirse de él -dijo Janice Kiecolt-Glaser, autora del estudio-. Con un divorcio, usted está perturbando su vida, pero un mal matrimonio también es negativo en el largo plazo."
fuente:nacion